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Ejercicios de supervivencia

Jorge Semprún
Jorge Semprún hubiera respondido igual a quien lo llamara Federico Sánchez, su nombre en la clandestinidad, pero era un tipo de una sola pieza. Como tantos hijos del maldito siglo XX, llevó consigo la máscara de la supervivencia y, antes de hacerse inmortal, miró atrás por última vez y escribió sobre la experiencia de la tortura. Por: Alberto de Frutos.

El resultado de ese viaje al pasado fue Ejercicios de supervivencia, una confesión escueta y magistral sobre todo lo que el alma puede llegar a aprender de su cuerpo cuando las bestias se empeñan en destruirlo. La Gestapo lo cazó y lo torturó antes de mandarlo al campo de concentración de Buchenwald, donde su instinto escribió otro capítulo más de una biografía que sonaba tan triste como los violines de los presos que salen en la foto de portada. Nosotros no estuvimos ahí. Nosotros no fuimos torturados. Nosotros tuvimos la suerte de nacer en una época en la que la Brigada Política Ejercicios de supervivencia no acechaba nuestros movimientos y la Casa de Correos en la Puerta del Sol ya no daba miedo. Pero Semprún no nos habla siquiera de antes de ayer. Nos habla de un ayer demasiado próximo, casi latente. Nada tenía que ver el nieto de Antonio Maura con el escritor irlandés C. S. Lewis, pero ambos supieron extraer todo el meollo al dolor, y allí donde uno dijo: “Solo la tortura traerá la verdad. Sólo bajo tortura podrá descubrirla por sí mismo”, el otro escribió: “(La experiencia de la tortura) es una experiencia de solidaridad a la par que de soledad. Una experiencia de fraternidad, no hay palabra más apropiada”.

Mario Vargas Llosa destaca en el prólogo el idealismo, la generosidad, la valentía, la convicción moral y las razones sólidas para sobrevivir que se encuentran en estas páginas.

La memoria como vocación

Después de todo lo que aprendimos con el látigo, la hoguera y las porras de goma rebosantes de plomo, no deja de sorprenderme esta proclividad al olvido. Si Semprún hizo el esfuerzo de recordar, nada perdemos nosotros –al contrario– si lo leemos y nos blindamos ahora con sus recuerdos. Los Ejercicios de supervivencia de Semprún son también los nuestros. Mirar atrás suele ser lo más parecido a mirar hacia delante. Mario Vargas Llosa destaca en el prólogo el idealismo, la generosidad, la valentía, la convicción moral y las razones sólidas para sobrevivir que se encuentran en estas páginas. No es el libro póstumo de Semprún un viaje al corazón de las tinieblas, sino un viaje a la luz de las tinieblas. El autor de Autobiografía de Federico Sánchez atesoraba unos recuerdos de mil años, igual que Miguel Hernández en aquel soneto de El hombre acecha, y quiso reunir esos islotes dispersos, esas horas sin cuerda, sin manecilla, sin tiempo. “Me hallaba en la penumbra artesonada...”, comienza, y nosotros le seguimos. 

Ejercicios de supervivencia
Jorge Semprún
Tusquets. Barcelona (2016)
136 págs. 14,50€.

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