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Paris-Austerlitz

Rafael Chirbes
La muerte no le sienta bien a nadie, pero mucho menos a los escritores. Ejemplos hay cientos. Tras los fuegos artificiales de elogios, tras las lágrimas de admiración y los pañuelos mojados de los días siguientes, se cierne el silencio, muchas veces el olvido más absoluto. Parece que de los artistas hay que hablar poquito a poco, porque cuando se acumulan demasiadas palabras sobre ellos, en pocos días el personaje explota y se ignora. 
Y esto es algo que perfectamente podría haber sucedido a alguien ya en vida alérgico a los oropeles de la vida literaria y que solo se dio a conocer al gran público –probablemente sin desearlo– gracias al éxito de su magnífica Crematorio en 2007. Pero cuando en el verano de 2015, y sorpresivamente, Rafael Chirbes falleció, dejaba un testamento que iba a prolongar su figura más allá de los caprichos de la existencia. Tomó el nombre su herencia de Paris-Austerlitz, y es tan excelente esta breve novela, que a quienes amamos su literatura nos ha dado un puñetazo tal que cualquier atisbo de sacar de la memoria a Chirbes se torna cada vez más complicado. 
Por resumirla en una frase –que resumir a Chirbes es un poco lo de menos, porque lo que de verdad importa es la forma en que va rozándote cada una de sus frases–, digamos que se centra en la relación en París entre un joven pintor madrileño y Michel, un hombre maduro de origen normando. Todo ello, con la enfermedad como afanosa compañera de viaje.  Para que tengamos memoria./Javier Martín García
 
Paris-Austerlitz
Rafael Chirbes
Anagrama. Barcelona (2016).
160 págs. 15,90 €.
 
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