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El castillo de la Dama Blanca

Lunes 23 de Febrero, 2015
Tras la caída de Montségur, en la primavera de 1244, sólo quedaban unos cuantos castillos en tierras occitanas vinculados con el Reino de Aragón, entre los cuales se hallaba el de Puilaurens, fortaleza a modo de nido de águilas elevada sobre un acantilado de vértigo entre las poblaciones de Rennes-le-Chateau y Carcasona. En ella, dentro de su macizo torreón fuerte –donjon– se alojó doña Blanca de Borbón (1336-1361), noble francesa y reina consorte de Castilla, la primera y, según la ley canónica, única esposa legítima del monarca castellano Pedro I el Cruel, en su viaje hacia España. En tierras hispanas fue repudiada, encarcelada, ultrajada y, finalmente, asesinada por orden de su esposo. Pero sigamos el orden de los acontecimientos… Jesús Ávila Granados
Montségur, Puilaurens, Pedro I el Cruel, Blanca de Borbón

En nuestro periplo por las fortalezas occitanas relacionadas con el catarismo, llegamos a Puilaurens, donde quedamos sorprendidos al leer un cartel grabado en madera que dice “Torre de la Dama Blanca”. Este robusto torreón está relacionado con Doña Blanca de Borbón, la única esposa legítima del monarca castellano Pedro I el Cruel, que, en viaje hacia España, residió siete días en esta fortaleza.

La más fotogénica de las fortalezas cátaras del Languedoc domina sobre una altiva colina de roca grisácea el profundo valle de Boulzane

El Mont Ardu, antiguo nombre de la montaña donde se erige el castillo de Puilaurens, es mencionado por primera vez en el año 958, en una carta según la cual Lothaire concede a la abadía de Sant Michel de Cuxá el prebostazgo de esta fortaleza. El castillo se alza como un faro de piedra grisácea a 700 metros de altitud. La más fotogénica de las fortalezas cátaras del Languedoc domina sobre una altiva colina de roca grisácea el profundo valle de Boulzane, sobre los tejados del pueblo de Lapradelle, y es todo un ejemplo de la arquitectura militar del medioevo. La torre del homenaje es la construcción más elevada del castillo, pero no la más antigua, aunque se alza sobre un recinto anterior a la cruzada albigense.

La conquista por los cruzados tuvo lugar en el año 1250, y el monarca Luis IV de Francia, un lustro después, mandó al senescal de Carcasona la fortificación de Puilaurens. En el acuerdo de Corbail (1258), este castillo ocupó el primer puesto entre las fortalezas francesas que defendían la frontera frente a Aragón, al norte de los Pirineos. Al año siguiente Puilaurens fue ocupado por una guarnición, al frente de un tal Odon de Montreuil, con 25 sargentos y un capellán castrense. Después, en tiempos de Felipe III el Atrevido (1270-1285), se llevaron a cabo los últimos cambios en esta fortaleza para definir el soberbio aspecto que hoy tanto nos asombra. Hasta el Tratado de los Pirineos (1659), este castillo tuvo que resistir varios asedios de los ejércitos españoles; luego sería rebajado y ocupado por una escasa guarnición de mortes-payes (“veteranos”).

Puilaurens era un recinto inexpugnable; por las entrañas, además, bulle todo un laberinto de galerías subterráneas, de los siglos XII y XIII

Su patio de armas, de planta pentagonal, alcanza los 1.500 metros cuadrados. Se encuentra debidamente protegido por una elevada muralla y dos torres. Puilaurens era un recinto inexpugnable; por las entrañas, además, bulle todo un laberinto de galerías subterráneas, de los siglos XII y XIII, a través de las cuales sus defensores se movían como pez en el agua, y cuevas naturales en las que los perfectos cátaros y los magos del Temple celebrarían sus ritos de iniciación.

La parte más antigua del castillo es la zona de paso que nos conduce hacia la Torre de la Dame Blanche, probablemente anterior al siglo XIII y así llamada en memoria de Doña Blanca de Borbón, que descansó en esta fortaleza durante su viaje a España, para encontrarse con su futuro esposo, el monarca castellano Pedro I el Cruel.

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