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Cinco enclaves templarios en España

Lunes, 13 Junio, 2016 - 07:46
Ocho caballeros franceses y flamencos, interesados por el bienestar de los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa, se unieron en 1118 para crear una Orden Caballeresca. Recibió el nombre de Pobres Caballeros de Cristo aunque, en poco tiempo, empezaron a ser conocidos como militia templi (soldados del templo), Caballeros del Temple o, simplemente, templarios. En menos de dos siglos se convirtieron en una fuerza hegemónica que dominó Europa, militar, económica y espiritualmente volcándose de forma especial en la Península Ibérica. La historia medieval española estuvo profundamente marcada por esta legión de paladines que fue viendo como con cada hazaña crecían su reconocimiento y dominios en forma de enclaves a lo largo y ancho de España.
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Castillo de Ponferrada

Los templarios ayudaron a la reconquista de terrenos del reino de León, lo que hizo que se les legase la custodia de numerosas fortalezas y terrenos del Camino de Santiago, para la protección de los peregrinos. En el Bierzo leonés encontraron en la fortaleza medio derruida de Ponferrada un lugar idóneo como centro de operaciones.  

Los templarios se instalaron en el Reino de León en 1178, con Guido de Garda como Maestre provincial del Temple en Castilla y León. En 1185 ya eran señores de buena parte de Ponferrada, empezándose la fortificación en 1187. A esta primera muralla templaria pertenecen algunos trozos de los lienzos que aún hoy se conservan, hechos con cantos rodados, en la mitad septentrional del castillo y en su fachada del Sil.

En 1226 los templarios ya habían fortificado la villa de Ponferrada.

Durante el reinado de Fernando IV se produjo el juicio contra los templarios y, para evitar la confiscación de Ponferrada, el maestre del Temple, a la sazón Rodrigo Yánez, entregó la villa al infante don Felipe.

El edificio tiene planta cuadrada irregular y en él destaca, sobre todo, la entrada, que se realiza cruzando el foso sobre un puente levadizo y, más adelante, dos grandes torreones con almenas unidos por un arco. Sus doce torres originales reproducían las formas de las constelaciones.

El Castillo que hoy conocemos es el resultado de una larga serie de ampliaciones y reformas llevadas a cabo desde principios del siglo XX. Los escudos y blasones de quienes lo ocuparon y contribuyeron en su construcción son prueba de sus diferentes etapas.

En 1924 fue declarado Monumento Nacional Histórico Artístico.