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Isabel Alfonsa de Borbón: Una infanta española en los Cárpatos

Lunes 31 de Octubre, 2016
En la primera mitad del siglo XX, la infanta Isabel Alfonsa de Borbón –sobrina de Alfonso XIII– se convirtió en condesa de una pequeña región eslovaca tras su matrimonio con un noble polaco. Hoy, más de 70 años después de abandonar el país centroeuropeo, su figura sigue motivando la admiración y el respeto entre los eslovacos, quienes siguen recordándola con un cariño que roza la devoción.

Nuestro colaborador Javier García Blanco ha viajado hasta la región eslovaca de Prešov, en el nordeste del país, atraído por los atractivos del castillo de Spiš, una imponente fortaleza declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto a la ciudad de Levoca, el monasterio de Spiš y la localidad de Spišské Podhradie.

Pero, la visita a este enclave próximo a los Altos Tatras resultó apasionante, desde el punto de vista de la Historia de España. En las localidades de Stará Lubovna y Vyšné Ružbachy, muy cerca de la frontera con Polonia les aguardaban sendos testimonios de una estrecha e insospechada vinculación entre España y Eslovaquia. Una relación que incluía una fascinante historia que tenía como protagonista a una infanta española y a su familia, además de persecuciones de la temible Gestapo, vínculos con la resistencia eslovaca y una huida por buena parte de una Europa que se desangraba a causa de la Segunda Guerra Mundial… Puedes conocerlo todo en la edición nº137 de Historia de Iberia Vieja.

DE MADRID A ESLOVAQUIA
El castillo de Stará Lubovna, un bastión pétreo cuya construcción original data de fi nales del siglo XIII, se encuentra en la ladera de una frondosa montaña tapizada de pinos y castaños, a orillas del río Poprad, en un pequeño valle que se abre camino desde las faldas de los poderosos Tatras. Durante sus más de 700 años de historia ha estado vinculado de una manera u otra con reyes húngaros y polacos –allí se escondieron en el siglo XVII las joyas de la Corona polaca–, pero en épocas más recientes tuvo un singular vínculo con la dinastía de Borbón, tanto con la rama española como con la italiana de las Dos Sicilias.

En 1882, el conde polaco Andrzej Przemyslav Zamoyski adquirió el castillo de Lubovna y los terrenos aledaños, así como el balneario de la cercana localidad de Vyšné Ružbachy, con la intención de devolver a ambos enclaves el esplendor que habían tenido en épocas pasadas. Tres años más tarde, el conde contrajo matrimonio en París con la princesa María Carolina Borbón-Dos Sicilias, y la pareja decidió establecerse en el palacete existente a los pies del castillo de Lubovna. Allí criaron a sus siete hijos: Marie Josepha, Franz Joseph, Stanislau, Marie Isabelle, Marie Therese, Marie Karoline y Jan Kanty Zamoyski, hasta que tras el fi n de la Primera Guerra Mundial y con la independencia de Polonia, el conde decidió regresar a su patria para reconstruir sus propiedades devastadas por la contienda.

Fue así como, en 1926, el más joven de los hijos de la pareja, Jan Kanty, se convirtió en heredero de las propiedades de Stará Lubovna y Vyšné Ružbachy y recibiendo al mismo tiempo el título de conde de esta pequeña comarca al norte de la región de Spiš.

Apenas dos años más tarde, durante la celebración en Cannes de las bodas de diamante del “patriarca” de la familia Caserta, don Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, Jan Kanty conoció a la que habría de ser su futura esposa, su prima la infanta Isabel Alfonsa de Borbón, sobrina del rey Alfonso XIII y nieta de la reina Madre María Cristina, y por tanto tía carnal del futuro Juan Carlos I. Hasta la fecha, los mentideros de la Corte habían rumoreado que la infantita Isabel –como se la conocía en los círculos más íntimos– no mostraba ningún interés por los asuntos del corazón, e incluso se afi rmaba que no tardaría en ingresar en algún convento, pues era famosa por su devoción y piedad. Sin embargo, el encuentro con su primo eslovaco desató los ardores del amor, y poco después comenzó a ser habitual ver al joven Zamoyski visitando a su amada en Sevilla y Madrid donde, además, aprovechó para solicitar audiencia con Alfonso XIII y notifi carle formalmente su interés por Isabela. La boda se fi jó fi nalmente para marzo de 1929, aunque la muerte un mes antes de la reina madre María Cristina alteró notablemente el curso de la celebración. 

Lee el artículo completo en Historia de Iberia Vieja, nº 317 de noviembre de 2016

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