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Risco Caído: el yacimiento más asombroso de Canarias

Viernes 16 de Diciembre, 2016
Quienes visitan Risco Caído y son testigos de la maquinaria arqueoastronómica que se despliega en el lugar, se convencen de estar ante algo que sobrecoge por su excepcionalidad.
Por José Gregorio González

Todas las referencias que habíamos acumulado en el último año sobre el yacimiento arqueológico de Risco Caído y su cueva en cúpula apuntaban a su excepcionalidad desde el punto de vista arquitectónico y arqueoastronómico. Tanto en Gran Canaria como en el resto de las islas no parecía existir nada similar, y de ello daban cuenta tanto las descripciones de los investigadores implicados en su estudio, como las abundantes fotografías y material gráfico del que disponíamos sobre este enclave.

En pocos lugares del mundo se ha descrito algo equiparable. Tal vez el más conocido y excepcional sea el túmulo irlandés de Newgrange, en cuyo interior desde hace 5.000 años penetra la luz del sol al amanecer del solsticio de invierno, avanzando por los 18 metros de su corredor hasta iluminar una loza tallada. Pues bien, salvando las distancias temporales y la magnitud arquitectónica, en la caverna que nos disponemos a visitar ocurre algo incluso más impactante y preciso que eso.

La clave del fenómeno que singulariza el lugar tiene que ver con la luz solar, con el efecto luminoso provocado por los primeros rayos del astro rey en su salida al amanecer, por lo tanto, había que atrapar el “misterio” situándonos en el lugar antes de que se manifestara. Era necesario madrugar.

Tras salvar en 15 minutos el tramo entre Tejeda y el casco de Artenara, nos reunimos con el arqueólogo Julio Cuenca, descubridor del mecanismo de Risco Caído y guía de excepción en nuestra visita. Aún nos quedaba por transitar un buen tramo de vía, carretera que a pesar de sus óptimas condiciones logró, al amparo de la oscuridad, intimidarnos, tanto por su estrechez como por el desconocimiento de su serpenteante trazado. Mientras la penumbra se disipaba iniciamos a pie el descenso hacia el barranco en el que se ubican las cuevas excavadas en la toba que conforman el yacimiento. Están en su margen izquierdo, el que va iluminando el sol a medida que asciende tras las lejanas lomas localizadas en el flanco contrario.

Un modesto vallado y algo de señalítica las separa del sendero y explica al visitante lo que tiene ante sus ojos. Inmediatamente se entiende el porqué del nombre que recibe el lugar: hace algunos siglos una parte del bloque rocoso en el que se abrieron las cavidades cedió, desprendiéndose un buen fragmento del risco delante los accesos a las grutas. De la decena de cuevas que se conservan apenas unas pocas, y en especial dos, revisten interés arqueológico, y ello a pesar de haber sido reutilizadas hasta hace escasas décadas como vivienda y graneros.

UN ESPACIO SAGRADO
Algunas nubes en el cielo mantenían intranquilo a Julio Cuenca. De no disiparse, la luz no llegaría con la direccionalidad y la fuerza que se requiere para penetrar en la cueva y dibujar el prodigio sobre la pared. Sin embargo, los elementos terminaron por aliarse con nosotros, permitiendo que contemplásemos parcialmente el efecto lumínico que contribuye a sacralizar aquella cápsula del tiempo. Poco antes de las ocho de la mañana la luz solar penetró a través del orificio artificial tallado en la parte alta del frontal de la cueva, dibujándose con claridad sobre una de las paredes interiores una forma alargada, podría decirse que fálica, que, como pincel de luz, fue deslizándose por aquel lienzo de piedra en el que de manera obsesiva se grabaron infi nidad de triángulos.

Aquel intenso trazo de luz va tomando contacto con algunas de las formas triangulares, variando el discurso con el transcurrir de los días, de las semanas y de los meses, de tal manera que entre el equinoccio de primavera y el de otoño los grabados que son iluminados y el camino trazado se va modifi cando. También la Luna y su luz juegan un papel en el recinto.

A partir de septiembre, cuando el ángulo de salida del Sol se desplaza y deja de coincidir con el orificio de la cúpula, el relevo de la proyección lo toma la Luna, cuya luz penetra en la cavidad iluminando otra zona de triángulos que durante meses ha permanecido en la penumbra sin ser fecundados por la luz del astro rey. Sobrecoge y fascina.

Es comprensible que nuestro guía se refi era a este lugar como “el templo perdido de los antiguos canarios”.

Al parecer, los triángulos parecen evocar el pubis femenino, según la interpretación que los prehistoriadores manejan tanto en Canarias como en otros muchos lugares del mundo en los que esta forma geométrica aparece representada desde hace decenas de miles de años. Sin embargo, lo inesperado es que tal y como Cuenca nos comenta, este motivo rupestre no es accidental en Gran Canaria. “La isla –nos explica– concentra el mayor repertorio en cuevas de grabados rupestres.de triángulos púbicos de todo el mundo..Risco Caído, junto con otros  yacimientos arqueológicos de Gran Canaria localizados en el Risco Chapín y Roque Bentayga, en La Caldera de Tejeda; Cueva de Lezcano en el Teror; y Cuevas de Cuatro Puertas y Cueva de Silva, en Telde, son los

sitios arqueológicos de la cultura canaria donde se encuentran estas manifestaciones rupestres triangulares..Para muestra, un botón muy significativo: el yacimiento arqueológico de Cueva Candiles, en la Caldera de Tejeda, concentra el mayor número de estas representaciones, contabilizando en esta cueva excavada más de 350 grabados de formas púbicas”.

Lee el artículo completo y la entrevista a Julio Cuenca, en el nº 138 de Historia de Iberia Vieja

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