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124. La crisis migratoria

Lunes 21 de Septiembre, 2015
Hay derecho a haber nacido en otro lugar, pero no hay derecho a que los más ricos y poderosos nos interesen ellos sólo para lo que queramos. Y por eso tienen derecho a pedir asilo, a lo que quieran, porque somos responsables de lo que ellos no tienen y quieren: una vida más o menos tranquila. Es fácil: quien critica el hecho de que vengan, que se haga una pregunta: “¿Me cambiaría por ellos, viviría sin saber si mañana vivo, cuál es la próxima bomba, perdería a gran parte de mis familiares y amigos?”. Hay cosas que no merecen discusión. Debemos practicar más la empatía, pero una empatía sin interés. A veces es terrible pensar que eso debe justificarse, igual de terrible que las cuotas de inmigrantes que han puesto los responsables políticos de Europa y medio mundo. ¿Se pusieron cuotas a las bombas, a las muertes que generaban y que plasmaban una situación geoestratégica que interesaba al primer mundo, a los minerales que les extraemos, a las horas de jornada laboral, a veces 24, que les imponemos desde nuestras empresas deslocalizadas (también deshumanizadas)? 
Hace unos meses la UNESCO advirtió de que no existían tantos refugiados desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué pensábamos, que eso no nos iba a estallar y que íbamos a contener la crisis sólo diciendo “pobrecillos”? ¿Pensábamos que cuando armábamos a sus enemigos, que son nuestros amigos, no íbamos a recibir ninguna responsabilidad? ¿Ponemos cuotas a la ayuda a grupos como el Estado Islámico?  Y la historia lo dirá. Al igual que la historia dirá que el presidente de Hungría ha puesto una valla –vamos, un muro– de 150 kilómetros de longitud que separa su país de Serbia. Podemos criticar eso desde esa entelequia que se llama Europa. Podemos también, porque se ha hecho, dar la mano al primer ministro húngaro, Victor Orban, ese que ha asegurado que aunque se levante el muro no disparará a los inmigrantes que la intenten cruzar –válganos Dios… ¿dispararles ha sido un planteamiento alguna vez? Y es que cuando se escuchan sus declaraciones parece que tenemos que estarle agradecido por no dispararles y demostrar con ello lo bueno que es– para salvar sus vidas. Tampoco hace falta, porque él mejor que nadie sabe la verdad: esas vallas y esos muros están en toda Europa (son malos siempre lo que tienen otros), y siempre existirán periodistas como Petra Lazslo, que zancadilleen y peguen a quienes quieren salvar su pellejo, porque sí, esa mujer, cuyas imágenes han cruzado el planeta mientras cometía su afrenta, hace precisamente lo que propugna el medio de comunicación al que pertenece y su propio gobierno. No podemos echarnos la mano a la cabeza porque lo creado es responsabilidad de los que estamos aquí.
Mientras, el nuestro está en calma chicha. Nuestro gobierno prefiere hablar poquito a las puertas de unas elecciones, para no molestar a unos y otros. Que se moleste a la verdad no importa, pero esa verdad también dice que en el pasado fueron expulsados de España tanto judíos como moros, generando crisis migratorias como las actuales. Eso está en la historia, como lo estará algún día lo que ocurre en la actualidad. 
Bruno Cardeñosa
Director
@HistoriaIberia
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