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Constitución: ¿La hora de un cambio?

Viernes 20 de Noviembre, 2015
Estaría bien que la Constitución se lea antes de decir sí o no. La iniciativa a favor de la independencia en Cataluña ha provocado que, más que nunca, se despierten los gritos en contra de la carta magna española.
Cierto es que el texto presenta una serie de déficits que es necesario corregir, pero me temo que el gran problema del texto no es cómo establecer la organización territorial sino que, en lo referente a las personas, no se cumple y se opina sobre la base de una ideología.
Tiene mucho de teatro lo que está sucediendo. Unos y otros juegan su papel más de cara a la galería –y al electorado, especialmente el que más ruido hace– que otra cosa. No deja de ser llamativo que la soberanía que argumenta cómo la base del funcionamiento del país –o el Estado, o la nación, o como demonios queramos llamarle– se quebró cuando se modificó el artículo 135 por presiones exteriores y se situó la deuda exterior y pagar a los acreedores por delante del bien de los ciudadanos.  Y precisamente, eso es lo que hay que pedir: el bien de los ciudadanos y cualquier cambio en la Constitución debe ir por ahí. Para otras cosas –memeces que ocupan mucho tiempo en los medios de comunicación y poco en la mente de las personas normales– existen leyes y normas. Ahí radica otro de los grandes problemas de la Constitución: su extensión. Y es que si el texto no se hubiera redactado para contentar a unos y otros y establecer la regulación de la monarquía de partidos los problemas habrían sido menores. 
La Constitución establece la igualdad de los ciudadanos ante la ley, su derecho a no ser pobres, a tener vivienda, dignidad y a ser tratados de forma ecuánime al margen de sus posibilidades. En definitiva, la Constitución establece un principio básico: todos nacemos iguales. Y sin embargo, en vez de querer cambiar eso –convirtiendo los derechos de los ciudadanos en obligaciones del poder– la pelea por el cambio del texto se está centrando en asuntos territoriales en los que los ciudadanos se sienten poco representados por quienes defienden una cosa u otra . 
La Constitución, sobre la cual hablamos en profundidad en este número y contamos la historia de ésta y las anteriores, nació hace 40 años y recibió un refrendo abrumador. Y esto es tan innegable como el hecho de que casi nadie leyó el texto en aquel entonces (tampoco ahora) porque en realidad se estaba votando el final de una época y el comienzo de otra al margen de su contenido. No hay que olvidar que cuando se redactó hubo numerosos enfrentamientos entre sus redactores y un sinfín de concesiones de unos y otros. Los votantes cumplieron con una dignidad que ahora falta ni cuando se defiende de la forma que se hace (no se hizo en anteriores cambios que perjudicaban a los ciudadanos) ni cuando las normas se rompen por intereses. El día en que nos demos cuenta de la verdadera causa de la aprobación mayoritaria podrá pedirse con más fundamento cualquier cambio. Y de esto son culpables todos. Ponerse de un lado u otro es lo que quieren, y tanto estar a favor de la independencia de Cataluña y del cambio constitucional, como en contra, es un derecho, pero a lo que no hay derecho es al espectáculo ridículo que se está dando. Estar en medio también es una trampa. Estar contra todos es el camino de una mayoría silenciosa… Ahí me sitúo. 
 
Bruno Cardeñosa
Director
@HistoriaIberia
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