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La guerra mundial del XVI

Jueves 07 de Julio, 2016

Perdimos la batalla de la armada invencible, y también perdimos la batalla de la propaganda, porque aunque los galeones españoles salieron derrotados de aquel combate contra los ingleses, la realidad es que en la guerra contra el otro gran imperio de este tiempo, Inglaterra, España salió victoriosa.

Sin embargo, ellos supieron hacer creer –y se sigue creyendo– que ganaron aquella guerra, que no dejaba de ser una guerra mundial.

En este número demostramos –bueno, no hay que demostrarlo, es lo que es– que no fue así, pero las enciclopedias de historia las escribieron ellos, que llevan muchos años practicando aquello de que una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en realidad. Así pues, a la hora de hacernos creer lo que no es, nos han ganado. Eso sí, la verdad no la pueden cambiar. No pueden ignorar que la destrucción de la flota británica fue también muy notable y que las arcas del estado resultaron tan dañadas o más que las españolas, de forma que, poco a poco, a finales del siglo XVI, los recursos financieros de los británicos quedaron inmensamente limitados.

Aunque ya no lo vieron, Felipe II logró desgastar a Isabel I y sus ingleses se vieron obligados a claudicar en un tratado de paz que tenía más de rendición que de otra cosa. Y es que ya por entonces las guerras acababan en tablas… pero en los papeles.

Sobre la Armada Invencible se ha escrito… si fuéramos como ellos diríamos que todo, pero no. Falta mucho por decir y sobre todo, por introducir en la caja de resonancia que hace que las cosas tengan el eco necesario. Hay aspectos sobre los que no se ha hablado en exceso, como por ejemplo la fuerza que tuvo la religión en aquel combate, porque lo cierto es que esta etapa de la guerra fue instrumentada por Felipe II a modo de cruzada contra los infieles. Además, hay aspectos de los cañones y los galeones sobre los que no se ha hablado en exceso, como tampoco de los Spaniards, nombre por el que se conoce a los posibles descendientes de españoles en Irlanda y que tendrían su origen en los náufragos que no se ahogaron en aquellos mares y que lograron sobrevivir y tener descendencia allí. Si es que hasta en eso hemos dejado huella… No quiero presumir de las cosas que hemos tenido aquí y que en este número les mostramos. No voy a recordar que el modernismo, al que dedicamos nuestro dossier, es una de las manifestaciones artísticas más extraordinarias que han existido y las fotografías de los edificios españoles que lo demuestran son un buen ejemplo de ello; tampoco voy a recordar que uno de los grandes marinos que han existido jamás es Blas de Lezo; tampoco que el emperador Julio César tenía claro que en nuestra Península se encontraba el camino para conseguir gobernar el mundo; o que una de las ciudades más hermosas que existe, como es Brujas, está plagada de recuerdos españoles. Si no llega a ser porque hablamos en este número de las redadas y la persecución que sufrieron los gitanos durante la Ilustración quedaría un número muy “español”… pero ya nos acusarán de lo contrario. Da igual lo que uno diga, sobre todo si no se tiene intención de decantarse.

 

Bruno Cardeñosa
Director
@HistoriaIberia

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