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El legado de la convivencia

Martes 25 de Agosto, 2015
Era majestuosa e inmensa, casi tanto que hoy incluso parece verse, pero sólo queda un dibujo estrellado de lo que fueron sus cimientos. Por: Bruno Cardeñosa

Sin embargo, en cierto modo está presente en gran parte de los edificios que hoy conforman el casco antiguo de Zaragoza y que cuentan entre sus ladrillos con algunos de los que quedaron en las escombreras tras su derribo a finales del siglo XIX. Los vecinos, mayoritariamente contrarios a demoler la Torre de Pisa española, decidieron quedarse con un recuerdo de lo que fue el símbolo de su ciudad.

La historia es eso: legado; y, aunque la herencia sea casi imperceptible, no quiere decir que las huellas no existan. Lo mismo puede decirse de los cientos de años en que hubo convivencia entre árabes y españoles, aunque parte de ese tiempo estuviera salpicado de guerras y combates. Pero la mayor parte del tiempo, no hay que olvidarlo, esa convivencia fue rica y fructífera para ambas partes. A ese tema dedicamos nuestra portada este mes.

No es cierto eso que se dice respecto a que si Mahoma vivió seiscientos años después de Jesús ellos lleven ese retraso. Esa cuenta no fue válida hace más de mil años, cuando se produjo la “invasión”

Es difícil hablar de un tema cuando ocurren cosas tan terribles como la matanza de decenas de personas en países occidentales, víctimas de la locura terrorista abrigada bajo el paraguas ideológico de la religión. Todos hemos visto las terribles imágenes que han escenificado esa locura. Y nada de todo eso se puede justificar. Absolutamente nada. Dicho esto, sí se puede mirar hacia atrás, incluso hacia los lados, que son infinitos, y poner todo en su contexto. Aunque decir que la invasión árabe de la Península fue violenta sea tan erróneo como sostener lo contrario, hay que recordar que aquello tiene muchos matices que deben ser puestos sobre la mesa. La perspectiva histórica ha hecho que veamos las cosas con cierto provincianismo temporal, pero no tenemos que olvidar que por aquellas fechas el mundo más desarrollado y culto se encontraba “abajo”.

No es cierto eso que se dice respecto a que si Mahoma vivió seiscientos años después de Jesús ellos lleven ese retraso. Esa cuenta no fue válida hace más de mil años, cuando se produjo la “invasión”. Y aunque hoy por hoy resulte complejo decirlo, la brutalidad que dominaba Occidente entonces hizo que hasta fuera bueno que estuvieran aquí, ya que trajo mayor cultura, arte y ciencia. Todos o casi todos, y quien no quiere verlo tiene un problema, tenemos en nuestras venas algo de esa época. Y esa es la parte que debe prevalecer cuando vemos la brutalidad con la que se están comportando algunos presuntos defensores de ciertos sistemas enfermos. Tampoco debemos olvidar que la mayor parte de víctimas asociadas al terrorismo islámico está en los países árabes. Todos somos objetivo, y ellos también. Insisto: ellos también. Así pues, no es ellos contra nosotros, salvo que digamos que entre nosotros estamos todos. La convivencia y la fuerza en común son las mejores armas que se pueden utilizar contra esa barbarie. En ese camino debemos profundizar, aunque haya fisuras de intolerancia por ambas partes. Pero son eso: fisuras de intolerancia. Si se quiebran aquí y se logran solidificar en su justa medida, o aislar sin medida alguna, se habrá conseguido lo que más temen los violentos: la unidad.

Bruno Cardeñosa

Director

@HistoriaIberia

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