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Tras el perdido poder de la prensa

Martes 27 de Septiembre, 2016

EL PERIODISMO DE ANTES NO ES TAN “DE ANTES”. HA SIDO LLEVADO A LAS GALERAS DE LA HISTORIA DEMASIADO PRONTO. El problema está en casi todos los elementos en juego. Como podemos ver en uno de nuestros reportajes, desde los tiempos de la Guerra de la Independencia, la prensa dio un enorme salto de calidad. Quedaban atrás los tiempos en los que los periódicos –y algunas cosas similares- se dedicaban a ofrecer crónicas mundanas cuyo principal objetivo era formentar las supersticiones y las creencias mágicas. A partir de entonces, la búsqueda de poder a través de los periódicos ha sido una constante.

En la actualidad, la prensa está muy vinculada al poder, pero ese no era el objetivo inicial de este medio de comunicación, sino que ese poder se centrara en el hecho de tener infl uencia sobre la opinión pública. En el camino se perdieron los carros y la misión de ser el cuarto poder, porque en realidad parece que ahora son los hermanos del primer poder. La prensa se ha pasado de frenada y ahora hace silencio con letras. Esa es la mayor causa de la crisis del papel. Quienes escriben ya no saben qué es el cuarto poder.

En las últimas semanas he tenido la suerte de conocer auténticas historias de las que hacen grande el periodismo. Estuve con Juan Rada, uno de los directores de EL CASO, periódico semanal sobre el que no hay nada que decir. Lo conocemos todos. En la época en la que empezaron se vivían tiempos de falta de libertad y sobre muchas cosas no podían informar, pero sus crónicas de sucesos son un testimonio vivo del periodismo de verdad, en el cual los reporteros pisaban calle, escuchaban a la gente y querían averiguar lo que había detrás de las apariencias. Vivían en la redacción, aunque sólo para escribir y cerrar cada edición. El resto del tiempo gastaban la suela de sus zapatos en la calle y al mostrar una España negra estaban “jugando” a enseñar la realidad con su poder. También tuve la ocasión de conocer de cerca el reporterismo que se vivió antes, durante y después de la muerte de Franco. Por entonces, los periodistas llegaban a la redacción y – siempre en pareja, reportero y fotógrafo juntos- salían a la calle, tuvieran algo o no. Se armaban de café y cigarros. Pasaban sueño, frío y hambre, pero se divertían haciendo lo que más les gustaba. Llevaban el maletero lleno de disfraces porque a los sitios había que entrar sí o sí. Ahora, los periodistas asisten, como mucho, a ruedas de prensa en donde copian lo que les dice el poder, sin añadir y anulando el pensamiento crítico que tanto pregonan pero del que carecen.

Por desgracia, el poder de la prensa se está convirtiendo en la prensa del poder. Los periódicos se parecen cada vez más a esos pasquines del Siglo de Oro a los que dedicamos uno de nuestros reportajes de portada. Y es que entonces no se conocía la explicación de muchos de los casos que narraban. Ahora no interesa la explicación… ni siquiera al periodista, que ha vaciado de contenido su profesión y está más contento con cumplir su cometido como escriba que cumplir su deber como buscador de la verdad e investigador de la actualidad. Quieren pasar su Siglo de Oro frente al ordenador… porque así lo desean. No sueñan, no quieren cambiar las cosas, no quieren descubrir nada. Lo único que quieren en ser unos buenos hombres de teclas, pero no quieren que esas teclas sean el camino hacia la verdad.

Bruno Cardeñosa
Director
@HistoriaIberia

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