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A la verdad hay que asesinarla

Lunes 21 de Marzo, 2016
Es uno de esos héroes anónimos. Le conozco hace años. Gracias a él nuestra seguridad es mucho mayor. Ha trabajado en silencio y con una verdadera vocación. Su hoja de servicios es tan extensa como su discreción. No pocas veces ha mantenido en secreto las cosas que ha hecho a sabiendas de que ese silencio era bueno… Un periodista y amigo –tanto mío como de él– como Fernando Rueda le ha calificado como uno de los más importantes James Bond de los servicios de inteligencia en España. El futuro reconocerá su trabajo y la verdad. Nosotros, con este texto, queremos contribuir a ello y a un periodismo que ya no se estila, en donde se ha convertido el reporterismo en un ejercicio de comunicación que suele estar muy lejos del trabajo del investigador. Con este texto se demuestra que aún existe hueco para el verdadero periodismo. Dicen que está en crisis. Y en parte tienen razón, pero a la crisis del papel se ha unido la ausencia de valentía. Y eso hace que la sociedad se aleje de nosotros. ¡Señores! ¡Esto es periodismo! ¡Tenemos que descubrir la verdad de las cosas! ¡Tenemos que levantar las faldas al poder! ¡Pasar de ruedas de prensa estúpidas organizadas para contar versiones oficiales! En unos tiempos en los que tanto se habla de la despolitización de la Justicia habría que hablar también de la “descapitalización” del periodismo y ser conscientes de que lo que hagamos será historia.
Me siento un privilegiado por haber permitido que Rando se exprese. En este número confiesa lo que vivió el 23-F, de que ya se han cumplido 35 años. Los más vendidos siguen haciéndonos creer que aquello fue cosa de un chalado que entró en el Congreso de los Diputados pistola en mano y que la falta de apoyos a su asonada, y la acción del Rey y de los militares más relevantes dejó aquello en un intento. Esa versión edulcurada sólo puede mantenerse por dos razones: ignorancia o interés. Quien maneje un poco de información sabe que todavía quedan muchas cosas por conocer o, más que eso, tienen que entrar a formar de lo aceptado. Dudo que lo haga, porque lo que de verdad pasó haría tambalear al país, o mejor dicho, haría tambalear un sistema que se ha construido echando cal sobre la verdad. Juan Rando, el espía al que me refiero, me lo dijo con toda honestidad y dolor: “Esas versiones me dan vergüenza”.
 “Piensa en lo más alto… y acertarás”, me decía gracias al autor del reportaje que encontrarás en este número. Cualquier otra visión es interesada y falsa
Aquel día se encontraba en la sede del espionaje español, en la unidad reservada a los mejores y más valientes agentes de nuestro país. Fue testigo de cómo algunos de sus jefes celebraban por todo lo alto los tiros de Tejero y el miedo que se instaló en el corazón de los españoles. Aquello lo habían organizado ellos siguiendo un plan creado en las más altas esferas del poder. “Piensa en lo más alto… y acertarás”, me decía gracias al autor del reportaje que encontrarás en este número. Cualquier otra visión es interesada y falsa. Rando intentó ser secuestrado, asesinado, silenciado… La suya es una historia tremenda. Para evitar disidencias internas, el “conspirador” acabó con la carrera de 28 personas –entre ellos estaba el protagonista de este reportaje de un periodista libre y atrevido, como es Fernando Rueda– y se encargó de cortarles su futuro. Así se escribe la “verdad”: matándola. 
 
Bruno Cardeñosa
Director
@HistoriaIberia
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