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La verdad incómoda

Miércoles 26 de Octubre, 2016

LA VERDAD ES UN CONJUNTO DE CREENCIAS, MITOS, APRIORISMOS, OPINIONES SESGADAS Y TONTERÍAS. Y DE MUCHAS OTRAS COSAS, PERO LA RAZÓN OBJETIVA NO SUELE ESTAR ENTRE LAS VIRTUDES DE LA REALIDAD. Sobre todas las cosas nos hacemos una imagen a semejanza de lo que queremos pensar de determinados asuntos para que no vayan en contradicción con lo que forma parte de nuestro “confort”.

Sería terrible para nosotros y nos sacaría del mundo que hemos construido en nuestras vidas para que sus paredes, las que sean, se mantengan rectas y podamos sobrevivir (perdón, adaptarnos). Pero esa rectitud se basa en coger las curvas y enderezarlas para disimular. El tema de portada de este número –el anarquismo– es un ejemplo de ello.

La imagen que tenemos de ese movimiento tiene que ver con la ausencia de gobierno, de normas y de directrices, y especialmente con el terrorismo.

Es una construcción que nos hemos hecho en función de más de cien años de martillear esa “verdad” que hace que se asocie con normas sin normas y con violencia y terrorismo. Evidentemente, fue un movimiento ligado a muchas historias negras pero al margen de las conductas de una parte –lo que ahora se llama ruido, que existía incluso sin redes sociales– no debe ignorarse que fue un fenómeno muy extenso, que reunió a la élite intelectual y tuvo de su lado a personas sabias y dignas, pero el poder –arengándose aquello que debe dar “confort”–decidió dar una vuelta a la verdad y coger la parte que le interesaba para dar de comer a sus voraces intereses.

Hay muchas cosas de la historia que están dominadas por lo que se cree que pasó. Y las hay delicadas, porque cuando se dice que las creencias no son acertadas, los sapos y las culebras muerden por todos los lados.

Es dicícil explicar que la Reconquista no fue como creemos, que el Descubrimiento de América tampoco, o que Felipe II tenía más sombras que luces, pero si se dice lo contrario a lo comúnmente aceptado se sufren odios, burlas, crecen los enemigos y se somete a una presión que hace que la persona se retraiga y entonces comulgue –y es que hay que comer– con el molino que sea necesario con tal de entrar en una rueda que da tranquilidad. Por fortuna o por desgracia el tiempo no cura las heridas, sino que se elige la parte que, aunque duela, es la que más interesa. Si duele, ya se encargarán los constructores de la “verdad” de evitar que miremos a la otra parte. Se ha hecho siempre: hacer que la gente mire a otras cosas como cuando en Roma ofrecían pan y circo a la plebe y ahora fútbol y reality shows

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