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Viriato: una revisión del héroe

Viernes 22 de Mayo, 2015
Las campañas contra Numancia no fueron más que otra pieza enojosa dentro del agitado avispero hispano. Desde el año 154 a. C. el suroeste peninsular presentaba un frente de batalla que había infligido importantes victorias a los pueblos aliados de Roma. Un caudillo lusitano llamado Púnico mató al cuestor Terencio Varrón. Posteriormente, el sucesor de Púnico, venció al gobernador de la provincia Ulterior junto a su potente ejército enviado para castigar a los subversivos. Juan José Sánchez-Oro
Viriato, Numancia, lusitanos, Cepión, Galba

Pero el conflicto en este sector de la Península no es comparable al vivido en Numancia. Las raíces profundas de esta confrontación parecen ser de índole económica. Los lusitanos vivían en un entorno pobre y envidiaban los territorios más desarrollados y productivos del Guadiana y Guadalquivir hacia los que dirigieron reiteradas operaciones de saqueo. La prosperidad de Roma en este rincón peninsular se vio amenazada y la respuesta fue buscar un acuerdo pacífico con los asaltantes. Galba, en 149 a. C., les ofreció suelo fértil para asentarse, aunque cuando los lusitanos acudieron al encuentro con dicho gobernador romano, este aprovechó para esclavizar y aniquilar a la mayor parte.

LA TRAICIÓN

El recuerdo de esta traición quedó en la memoria de los lusitanos, quienes regresaron al cabo de unos pocos años dirigidos por el mítico Viriato, superviviente de aquella matanza. Numerosos fueron los autores de la antigüedad que con mayor o menor extensión dedicaron párrafos a este caudillo victorioso. Viriato es retratado como un hombre hecho a sí mismo, que pasó de ser pastor a dirigir un poderoso ejército imbatible. Quienes llegan a trazar su perfil psicológico, lo caracterizan como muy inteligente, justo en el reparto del botín y comedido en los modales. Tampoco mostraba demasiada ambición hacia lo material. Según Justino, “fueron propias de él la valentía y continencia, de tal manera que, aunque a menudo venció a los ejércitos consulares, a pesar de tantas hazañas, no alteró la condición de sus armas ni de sus ropas, ni en definitiva su manera de vivir, sino que había de conservar aquella vestimenta con la que había empezado a combatir al principio, de tal manera que cualquier soldado parecía más rico que el propio general”.

Quienes llegan a trazar su perfil psicológico, lo caracterizan como muy inteligente, justo en el reparto del botín y comedido en los modales

Pero de nuevo conviene centrar la figura histórica de este caudillo porque durante muchas décadas se ha querido hacer ideología patriótica de él. Ya a comienzos del siglo XX hubo enconados debates académicos entre españoles y portugueses para atribuirse el nacimiento de Viriato a uno u otro lado de la frontera actual. Sin embargo, cuando examinamos los hechos, el comportamiento de este lusitano del siglo II a. C. se antoja propio de su época y no de la nuestra, como es lógico suponer. Por ejemplo, sus enemigos no fueron solo los romanos, sino aquellos otros pueblos autóctonos de los alrededores a los que también sometió sin miramientos. A los carpetanos los extorsionó a través de impuestos bajo amenaza de destruir sus cosechas y robar su ganado. Y su propio ejército resultó de lo más cosmopolita al constituirse por vettones, turdetanos o bastetanos. Así que establecer una raigambre únicamente en Portugal o España y querer darle a esa ascendencia algún valor no tiene ningún sentido.

¿PASTOR Y BANDOLERO?

Hoy día, se duda incluso de que Viriato fuera un pastor y bandolero que ascendió de la nada a las más altas cimas de la milicia. Según la crítica moderna, esta caracterización habría sido forzada por los cronistas romanos para hacer de él un ejemplo moral y social a seguir. Delata una procedencia más “noble” de este caudillo el hecho de que se casara con la hija del aristócrata Astolpas y que, durante sus primeras hazañas bélicas, ya pareciera disfrutar de un cierto rango castrense.

En cuanto a las virtudes personales con las que le adornan los historiadores grecorromanos, la crítica actual considera que, quizás, estos autores se dejaron llevar por la filosofía cínica y estoica que alentaba la idea del hombre natural y sobrio, ajeno al lujo y a las pasiones descontroladas. Y es que el principal cronista en el cual los demás basaron la mayoría de sus descripciones fue Posidonio de Apamea, quien vivió en la Bética a finales del siglo II a. C. y era un convencido estoico.

 

Según la tradición popular, cuando los tres acudieron a cobrar su recompensa, el procónsul Q. Servilio Cepión los asesinó tras pronunciar la famosa frase “Roma no paga traidores”

Finalmente, el subrayar su actividad bárbara y guerrillera sería una forma de justificar por derecho de conquista la anexión romana de los territorios lusitanos. De algún modo, Roma se sentía así legitimada para civilizar a tan agrestes poblaciones. Sin embargo, una vez más, el detalle de las fuentes parece desmentir esta realidad presuntamente bárbara y desordenada. El comportamiento sofisticado y táctico de Viriato en su batalla contra Vetilio en 147 a. C. o las arduas negociaciones con Serviliano en 140 a. C. no responden al estereotipo de un rudo bandolero de las montañas.

LA MUERTE DE VIRIATO

La muerte de Viriato tampoco está libre de sospechas y mitificaciones. Una crónica de su frío asesinato nos ha llegado gracias a Apiano en los siguientes términos: “También en esta ocasión los socios de Audax, aguardándole, penetraron en su tienda en el primer sueño, so pretexto de un asunto urgente, y lo hirieron de muerte en el cuello que era el único lugar no protegido por la armadura”. Audax, junto a sus socios Ditalcón y Minuro habían sido sobornados por las autoridades de Roma para terminar a traición con el caudillo lusitano al que eran incapaces de derrotar en batalla. Según la tradición popular, cuando los tres acudieron a cobrar su recompensa, el procónsul Q. Servilio Cepión los asesinó tras pronunciar la famosa frase “Roma no paga traidores”. Sin embargo, la crónica de Apiano relata que no hubo tal frase ni desprecio del procónsul. Al contrario, “en ese mismo momento les permitió disfrutar sin miedo de lo que poseían, pero en lo tocante a sus restantes demandas los remitió a Roma”. Solo mucho tiempo después, hacia el siglo IV d. C., Eutropio dio nueva forma a este encuentro entre los traidores y el mandatario romano, resaltando que “nunca fue del agrado de los romanos que los generales fueran asesinados por sus propios soldados”. De todas formas, este vil asesinato no fue visto con buenos ojos por muchos romanos. La estratagema urdida por Galba que provocó la matanza del 149 a. C. resultó muy criticada en Roma porque se entendió como un declive de las virtudes republicanas. Y, al respecto de la muerte de Viriato, el historiador Floro señaló que ocurrió “más por el engaño que por la valentía de Servilio Cepión”. Mientras que Valerio Máximo no se quedó atrás al decir que el cónsul Q. Servilio Cepión, “fue él el autor del crimen y no mereció la victoria, sino que la compró”.

Este vil asesinato no fue visto con buenos ojos por muchos romanos. La estratagema urdida por Galba que provocó la matanza del 149 a. C. resultó muy criticada en Roma porque se entendió como un declive de las virtudes republicanas

Con honor o sin honor, Cepión cumplió su objetivo. Desaparecido Viriato, ofreció tierras a los lusitanos, quienes descabezados y desmoralizados acataron la propuesta. Tras lo cual, las guerras llegaron a su fin. Todavía la franja atlántica, cantábrica y las Baleares serían protagonistas de nuevas acciones de conquista romana. Pero ninguno de estos escenarios disfrutó de episodios de resistencia indígena tan épicos como los vividos antes. De hecho, que la actitud del adversario, con independencia de los tintes ideológicos y morales que se le quiso dar, fuera alabada por el conquistador, demuestra que la personalidad bélica e indomable hispana no se podía disimular ni disfrazar. Únicamente, reconocer con admiración para extraer de ella muchas enseñanzas.

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Comentarios

A mi modesto entender y no soy historiador, siempre llegue a la conclusión, que de no haber perdido la vida Víriato, de esta manera tan vil. El debería haber sido el primer rey de Hispania, saludos

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