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Atentados anarquistas que marcaron la historia de España

Domingo 13 de Noviembre, 2016
Fueron muchos los atentados inspirados por el anarquismo en los últimos años del siglo XIX y sobre todo a lo largo de las primeras décadas del XX. Os contamos los primeros ataques que llevan su firma en España y que moldearon una imagen del movimiento directamente relacionada con la violencia

Del 6 al 8 de septiembre de 1877 se celebró en Verviers (Bélgica) un congreso anarquista en el que se adivinaba una radicalización del movimiento y un acercamiento sobre posiciones favorables al uso de la violencia. Con tan categórico argumento, los atentados pasaron a ser avalados por los más radicales como un método válido contra el poder de los estados y una forma de tratar de acabar con el dominio del capitalismo.

Siguiendo estos postulados, en octubre de 1878 se produjo el que es el primer atentado con firma anarquista en España.

La rama más radical del anarquismo europeo había considerado el magnicidio como una forma de provocar la revolución que creían necesaria.

Y después de la repercusión propagandística que tuvieron los dos ataques –fallidos–contra el rey de Prusia y emperador de Alemania, Guillermo I, entre ciertas figuras anarquistas españolas, se empezó a pensar en la oportunidad de imitarlo en España.

ALFONSO XII, PRIMERA VÍCTIMA
Joan Oliva Moncasí, un joven catalán, hijo de unos agricultores adinerados, que, tras haber vivido una adolescencia repleta de vaivenes, se acercó al mundo obrero, mostró su fascinación por aquellos atentados.

La fama conseguida por Max Hölder y Karl Nobiling, los aspirantes germanos a regicidas, deslumbró una mente ya zaherida por la fragancia del anarquismo e impulsó que Oliva tratase de imitarlo. Cierto que no se trató de un atentado organizado por un grupo, cierto que Joan Oliva Moncasí era simplemente un solitario, sin conocimiento sobre armas, pero también lo es que lo inspiraba el convencimiento de que era necesario cambiar la sociedad mediante el anarquismo y que solo acabando con los grandes próceres del país se podría llevar su ideal a cabo.

Era el 25 de septiembre de 1878 y regresaba el joven monarca español Alfonso XII, de apenas 20 años, al Palacio Real de Madrid después de haber estado revisando la situación en el norte de la Península, dos años después de concluida la Tercera Guerra Carlista. Cabalgaba junto a su séquito, ya muy próximo a su destino, por la calle Mayor, ante una multitud enfervorecida que lanzaba vítores a la comitiva del rey. Y escondido entre esa multitud, a la altura del número 93 de la citada vía, se encontraba Oliva Moncasí.

Cuando la comitiva pasó a la altura de dónde él se hallaba, disparó dos veces con su pistola contra Alfonso XII.

Pero su nulo entrenamiento le hizo errar los dos tiros. Ninguno de ellos impactó contra el monarca ni acompañante alguno. El joven militante fue detenido. Había cometido el que es considerado primer atentado anarquista de la historia de España. Desde luego no fue un ataque con una mínima dosis de estructuración, sin embargo desató la caja de los truenos. Después de este primer intento, los atentados anarquistas se convertirían en uno de los grandes quebraderos de cabeza para las autoridades españoles durante el siguiente medio siglo.

Se iniciaba un tipo de terrorismo en el que las bombas indiscriminadas para acabar con reyes, primeros ministros y personajes de la alta sociedad, dejaron centenares de muertos colaterales en calles, teatros y espacios y ocasiones con mucha afluencia de público. El primer atentado anarquista concluyó con la ejecución por garrote vil de Joan Oliva Moncasí.

¿ANARQUISTA O SIMPLE SUICIDA?
Un año después el mismo Alfonso XII iba a ser el protagonista involuntario de otro atentado. La llama libertaria prendía cada vez con mayor fulgor en la sociedad española y se fue extendiendo en ciertos círculos, y paulatinamente, que la única forma de conseguir sus objetivos políticos iba a ser la acción directa. Eso pudo creer el joven panadero de 19 años y oriundo de una aldea de Lugo, Francisco Otero, quien al regreso de un paseo del monarca por el Retiro y cuando ya entraba éste con su faetón real al Palacio de Oriente, disparó casi a quemarropa, a menos de dos metros, contra el rey, fallando estrepitosamente el tiro. No tardó en ser atrapado el terrorista ni en ser culpado el anarquismo de inspirar el intento de regicidio. Sin embargo, la motivación del ataque no quedaba clara.

Entre otras cosas porque el mismo Otero declaró durante el juicio que su intención no era acabar con la vida del monarca –lo cual, a decir verdad, tiene visos de realidad porque situándose a tan corta distancia es extraño que no acertase en su disparo–, sino llamar la atención mediante una acción espectacular y ser abatido por los guardias reales.

El terrorista confesó querer quitarse la vida, pero no tener agallas para hacerlo motu propio. Si esa fue su intención original, tuvo éxito porque Francisco Otero fue ejecutado por garrote vil.

Oficialmente, Otero fue el ejecutor del segundo de los intentos de magnicidios anarquistas vividos en nuestro país. Fuese un anarquista tratando de derribar el sistema o un simple joven desesperado deseando morir, realmente su acción sirvió para afianzar la condición del anarquismo como uno de los enemigos a los que hay que perseguir con más furor por parte del Estado, por otro, para reforzar la idea de ciertos grupúsculos de que la mejor forma de incrementar su infl uencia y, a largo plazo, derribar el sistema era dar golpes de mano en forma de magnicidios o atentados que despertaran el terror entre la burguesía de la época.

Lee el artículo completo en el número 137 de Historia de Iberia Vieja, correspondiente a noviembre de 2016

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