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Las claves del anarquismo en España

Jueves 27 de Octubre, 2016
Ya casi nadie se acuerda de lo que fue el anarquismo. Popularmente se asocia a movimientos terroristas… Y a la A de anarquistas. Poco más. Por el camino nos hemos olvidado de que los principios que defendía este movimiento, respaldado por muchos intelectuales del pasado, los apoyaría casi cualquiera, sin embargo la fuerza de la leyenda ha hecho que queden para la historia las burradas que hicieron los más radicales.

El ideario anarquista, que hizo suyo el principio de “que el mejor gobierno es el que no gobierna”, tuvo una amplia implantación en la España de finales del siglo XIX y el primer tercio del XX. Persiguiendo una utopía, su activismo de carácter revolucionario recurrió en ocasiones a la violencia política, acciones con las que buscó acabar con las instituciones de un estado controlado por una oligarquía anclada en el pasado.

La historia del anarquismo en nuestro país es objeto de análisis en el número de noviembre de 2016 de Historia de Iberia Vieja.

Los principios anarquistas sostienen que el aparato burocrático y la represión del estado convierten a las personas en esclavos de la sociedad cuando, por el contrario, tienen que estar a su servicio. Según su ideario político, los valores de patria, religión o interés general no tienen en cuenta al individuo, mientras el anarquismo defiende la libertad del hombre sin más limitación que la de sus semejantes.

José Luis Hernández Garvi cuenta en el reportaje que esta doctrina empezó a difundirse en España a partir de la Revolución de 1868, La Gloriosa, que puso fin al reinado de Isabel II y dio paso al Sexenio Democrático, durante el cual se buscó establecer un régimen parlamentario en España.

El anarquismo caló en pequeños grupos de obreros, influenciados por los postulados de la I Internacional de los Trabajadores, fundada en Londres en 1864 con el fi n de agrupar y organizar a las masas proletarias europeas y del resto del mundo.

Gracias al impulso del movimiento obrero catalán, muy activo en las industrias textiles, y el apoyo de trabajadores de Madrid, pudo constituirse la Federación Regional Española, filial de la I Internacional, que aceptó los principios de colectivización de los medios de producción, oposición frontal a la idea de estado y rechazo a la solicitud marxista de constituir un partido obrero de clase, pilares de la doctrina defendida por Mijaíl Bakunin, uno de los padres del pensamiento anarquista.

TRABAJADORES EN LA CLANDESTINIDAD
El triunfo del golpe de estado de 1874 protagonizado por el general Pavía supuso la ilegalización de la I Internacional española. Hubo que esperar a que en 1881 el gobierno liberal presidido por Sagasta permitiera salir al anarquismo de la clandestinidad. Fue entonces cuando se fundó en Barcelona la Federación de Trabajadores de la Región Española, dirigida por Antonio Pellicer Paraire, Francisco Tomás Oliver y Josep Llunas y Pujals.

Esta nueva fuerza política no tardó en escindirse en dos corrientes. La mayoritaria, con gran predicamento en Cataluña, apoyó la necesidad de constituir sindicatos que debían luchar por mejorar las condiciones de los trabajadores, crear una sociedad en que los medios de producción pertenecieran a la colectividad y en la cual cada individuo produciría según su voluntad recibiendo de acuerdo a su trabajo.

La segunda tendencia se opuso a la creación de sindicatos, que consideraba demasiado burocratizados e incapaces de llevar a cabo la revolución social pretendida por los anarquistas, al mismo tiempo que defendía la necesidad de recurrir al sabotaje para acabar con la sociedad burguesa.

Con gran implantación en Andalucía, algunos de sus seguidores estarían detrás de las quemas de grandes extensiones de cultivo que se produjeron en aquellas fechas, especialmente en la provincia de Cádiz.

Estos hechos fueron aprovechados por las autoridades, que atribuyeron su responsabilidad a una inexistente Mano Negra, para desencadenar una dura represión que desarticuló casi por completo el movimiento obrero en Andalucía y otras regiones.

Esta persecución sistemática afectó seriamente a la Federación de Trabajadores, que a lo largo de la década de los años ochenta del siglo XIX fue perdiendo presencia hasta su completa desaparición.

REIVINDICACIONES
José Luis Hernández Garvi  explica en el texto que, a partir de 1890, el movimiento anarquista español hizo suyas las reivindicaciones de las celebraciones del Primero de mayo. Una de las exigencias más demandadas era la implantación de la jornada laboral de ocho horas, reclamación que los anarquistas esperaban conquistar si era preciso mediante el uso de la fuerza y la violencia.

En este sentido, querían imponer su criterio recurriendo a la huelga general y la agitación en las calles, renegando de una posible negociación paritaria apoyada por otras fuerzas políticas y sindicales. La frustración generada por no alcanzar sus aspiraciones hizo que el anarquismo español iniciase una deriva hacia posiciones extremas, que a finales de siglo desembocaron en coacciones y actos de terrorismo, incluyendo el atentado en 1893 contra Arsenio Martínez Campos, principal responsable de la Restauración borbónica y en aquel entonces capitán General de Cataluña, o las bombas lanzadas ese mismo año sobre el patio de butacas del Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

Conoce todo sobre el anarquismo en España en el número 137 de Historia de Iberia Vieja

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