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Las derechas de la República

Miércoles 19 de Julio, 2017
El republicanismo conservador y de derechas llegó a organizarse políticamente y contó con hombres clave de la España de los años 30, algunos de los cuales pagaron con el exilio e incluso con la cárcel su compromiso con el régimen republicano. Esta es la historia, casi siempre incómoda, de los republicanos conservadores.

A pesar de que casi siempre que pensamos en la II República española nos vienen a la cabeza la imagen de políticos republicanos de izquierdas como Manuel Azaña, Largo Caballero o La Pasionaria, lo cierto es que no todos los republicanos en la España de los años 30 eran de izquierdas y no todos venían “de cuna” de ese movimiento.

Así, los nombres de algunos apellidos ilustres de la monarquía de Alfonso XIII (1902-1931) se sumaron, muy desde el principio, a los movimientos para traer el 14 de abril de 1931 la II República a España.

DE LA MONARQUÍA A LA REPÚBLICA
Quizá el más sorprendente de ellos sea Maura. Miguel Maura Gamazo, tal y como se recoge en su famoso libro de memorias Así cayó Alfonso XIII, nunca llegó a ostentar cargos de importancia política durante el reinado alfonsino, pero estuvo ligado, casi por nacimiento, a la vida política española. Maura era hijo de Antonio Maura Montaner, quien fuera jefe del Partido Conservador entre 1902 y 1913, y uno de los más insignes representantes del bipartidismo monárquico de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

En ese ambiente politizado y fuertemente escorado hacia el conservadurismo monárquico y católico, se inicia en política Miguel Maura, que, según refleja su propia biografía política, se licenció en Derecho y muy pronto se incorporó a la vida política, primero en las Juventudes Mauristas en 1915 y un año después siendo elegido nada menos que concejal del Ayuntamiento de Madrid y Diputado de las Cortes en 1916 y 1919.

Sin embargo, para los partidos tradicionales, liberal y conservador, el golpe de estado y la consiguiente Dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930) supuso un tenso punto de inflexión. El golpe dictatorial que suprimió los partidos políticos tradicionales, el desprecio del militar hacia la clase política y la connivencia y el apoyo claro del rey Alfonso XIII al gobierno semi-fascista de Primo de Rivera motivaron un alejamiento progresivo de la mayor parte de la élite política del antiguo partido liberal, pero también de algunos dirigentes conservadores, hacia la monarquía de Alfonso XIII.

La ruptura con la monarquía no fue inmediata, pero, en los años de la Dictadura, Maura se fue alejando por el claro apoyo del Rey al dictador, como había hecho su propio padre, Antonio Maura, antes de fallecer en 1925.

UN SUICIDIO POLÍTICO
No necesariamente convencido de la República, el apoyo de Alfonso XIII a la causa dictatorial supuso, en palabras de Maura, “un suicidio político”, por lo que, una vez caída la dictadura en 1930, descontento por la actitud regia en esos años y constatado el escaso apoyo a la causa monárquica entre las masas, decidió pasarse a las filas republicanas a mediados de febrero de 1930, en una entrevista personal con el monarca español en la que le manifestó su “marcha al campo republicano”.

La “deserción” del emblema por biología del movimiento maurista conservador y monárquico, no fue el golpe más duro para el Rey entre 1930 y 31, pero supuso el inicio de una escalada de deserciones en masa por parte de casi toda la élite monárquica española.

El tremendo error de haber apoyado al dictador iba a pasar factura a Alfonso XIII, una vez caído el régimen militar.

Después de Maura, se pusieron en contra del rey los líderes conservadores y liberales José Sánchez Guerra y Niceto Alcalá Zamora. Especialmente llamativo fue el caso del primero, líder visible del Partido Conservador desde 1913 y uno de los más firmes aliados de Alfonso XIII hasta 1930.

Desencantado, como los Maura, por el gobierno dictatorial y el apoyo real a éste, con la caída de Primo de Rivera Sánchez Guerra pronunció el 27 de febrero de 1930 un mitin en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, en el que no se declaraba republicano, pero donde rompía definitivamente con Alfonso XIII, a quien definía de forma metafórica como un “gusano”.

NICETO ALCALÁ ZAMORA
El siguiente en dar el golpe de gracia a la monarquía fue el ex diputado liberal Niceto Alcalá Zamora. Según sus propias Memorias y la biografía de Julio Gil Pecharromán, la deserción de Alcalá Zamora fue el golpe más duro para la causa monárquica por el prestigio de su figura. Licenciado en Derecho, había ingresado en el Partido Liberal de la mano del Conde de Romanones y de Segismundo Moret, los grandes adalides del liberalismo. Entró como Diputado a las Cortes en 1906 por La Carolina (Jaén), hasta el golpe dictatorial de 1923. Además de ello, llegó a ocupar los cargos de Ministro de Fomento (1917) y Ministro de Guerra (1922).

Como en el caso de tantos otros ministros, diputados y políticos monárquicos, la dictadura primorriverista supuso el fin de su relación con la causa monárquica. Las diferencias llegaron a ser personales, y es que la dictadura militar, despectiva con los políticos tradicionales en general, se encargó especialmente de reprimir a Alcalá Zamora, abiertamente crítico con el régimen militar, que fue vetado de la Real Academia Española hasta en dos ocasiones (1926, 1927) por órdenes del propio dictador.

Con la caída de Primo en 1930, Alcalá Zamora tanteó la situación política, y tras la deserción de los conservadores Maura y Sánchez Guerra, se decidió a dar el paso en un mitin en el Teatro Apolo de Valencia, el 13 de abril de 1930, cuando nada menos que un ex ministro del rey se declaró abiertamente republicano, afirmando “el derecho y el deber en los elementos monárquicos, democráticos y constitucionales de servir, votar y propagar la defensa de una forma republicana como la solución ideal para España”.

Así, cuando el rey Alfonso XIII decide el 12 de abril de 1931 convocar elecciones municipales para tratar de devolver al país a la normalidad democrática y constitucional, éste era ya un cadáver político al que no apoyaban ni sus más firmes partidarios en el pasado.

LA DERECHA LIBERAL REPUBLICANA
Todos estos políticos provenientes del campo monárquico, una vez declarada su adhesión republicana, tenían que encontrar un hueco en la nueva vida política española. Su pasado monárquico les impedía adherirse “sin más” al resto de formaciones políticas de rancio abolengo republicano e izquierdista, y debido a ello y al marcado anticlericalismo de la mayoría de ellas, resolvieron crear uno nuevo a su medida. Así nació el partido Derecha Liberal Republicana (DLR), vigente entre julio de 1930 y agosto de 1931, y que fue el máximo símbolo del republicanismo conservador.

Según afirman Maura y Alcalá Zamora en sus memorias, especialmente en el extenso estudio monográfico del tema por parte de Luis Íñigo Fernández, el partido nace en Madrid el 5 y 7 de julio de 1930, y se dio a conocer poco después, en un manifiesto público firmado el 14 de julio, al que se sumaron Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura, Rafael Sánchez Guerra (hijo del mencionado José) o Manuel Ossorio. Estos nombres, según Gil Pecharromán, y citando a Maura, tendían a aportar al republicanismo “figuras de suficiente prestigio para inspirar confianza a las clases medias conservadoras”.

Lee el reportaje completo de Guillermo Fiscer en el nº145 de la revista Historia de Iberia Vieja

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