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La España de Goya

Lunes 16 de Enero, 2017
Goya fue un testigo de su tiempo, un cronista que plasmó con su pincel la turbulenta historia que se iba sucediendo ante sus ojos, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, y que se vio salpicada por hitos como la Revolución Francesa, la Ilustración, la ascensión de Napoleón, la guerra de la Independencia

LA VIDA DE GOYA abarca el reinado de tres Borbones, Carlos III, Carlos IV y Fernando VI, más el breve reinado de José Bonaparte. El siglo XVIII es el llamado siglo de las reformas y la situación en aquellos años en España demandaba acciones que mejorasen la situación económica, social y política de España.

Los Borbones llevaron a cabo sus políticas mediante el llamado “despotismo ilustrado”, para lo cual se rodearon de gabinetes que llevaban el peso de la burocracia excluyendo a la alta nobleza de los puestos de responsabilidad para buscar una administración efectiva y subordinada a los reyes.

Goya fue un testigo de su tiempo, un cronista que plasmó con su pincel la turbulenta historia que se iba sucediendo ante sus ojos, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, y que se vio salpicada por hitos como la Revolución Francesa, la Ilustración, la ascensión de Napoleón, la guerra de la Independencia y los diferentes cambios de regímenes en España, desde Carlos IV a José Bonaparte y después Fernando VII.

Todos los requiebros de aquella época convulsa, se vieron agravados en el terreno personal del pintor por la terrible sordera que sufrió y que hizo que se aislase en sí mismo.

Nacido en la pequeña población de Fuendetodos en el año 1746, Francisco de Goya comenzó a dar sus primeras pinceladas en el taller de José Luzán en 1758 para después, en 1771, iniciar un viaje por Italia para empaparse de las técnicas de aquellos pintores clásicos. A su vuelta en 1773 realizó cuadros tan conocidos como “La gallina ciega” o “La merienda”.

Esta etapa viene marcada por su ascenso y reconocimiento, siendo admitido en 1780 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y pasando a ser el pintor de cámara de Carlos IV en 1789. A pesar de que su vida artística va hacia arriba, en 1792 sufre una enfermedad que le dejará sordo y que hará que se concentre en sí mismo, estando sin pintar nada hasta 1795.

Entre los años 1797 y 1799 realiza su serie de grabados llamada “Los caprichos”, en los que aborda el tema satírico para hacer frente a costumbres de su época como los matrimonios por conveniencia, la ignorancia o la superstición del pueblo, criticando la sociedad de su época, a la que muestra anclada en el pasado, en un país subdesarrollado y opuesta a cualquier reforma.

La vuelta de Fernando VII tras la Guerra de la Independencia supondrán una nueva desilusión para Goya. Aunque conserva su puesto como pintor del nuevo rey, su prestigio social se ve mermado ante las acusaciones de haber sido un colaborador de Napoleón. Goya lleva tiempo sintiéndose incómodo en Madrid debido a ese nuevo absolutismo impuesto y la persecución que se lleva a cabo contra progresistas y liberales. Por este motivo abandona el país en 1824, instalándose en Burdeos. A pesar de tener casi ochenta años, la actividad del pintor aragonés parece reactivarse y durante estos años pintará e investigará acerca de nuevas técnicas como la litografía. De esta época es su último cuadro “La lechera de Burdeos”, donde vuelve a los colores que había abandonado debido a su dañado estado de ánimo y utilizando la pincelada ancha, anticipo de la técnica que sería utilizada por los futuros impresionistas.

Francisco de Goya murió en abril de 1828, con ochenta y dos años de edad, para convertirse en un pintor inmortal, en un artista genial que dejó su obra no solo para que la contemplásemos, sino para poder entender a la perfección la época convulsa que le tocó vivir.

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