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Franco contra Cataluña

Jueves 26 de Octubre, 2017
Vivimos tiempos turbios. El pulso de las autoridades de Cataluña a las autoridades de España ha convertido el día a día en un laberinto al que es difícil encontrarle salida. Unos y otros hablan de que la historia les defiende. Y posiblemente, las cosas están tan turbias que hasta el pasado se ha ensombrecido.
Iván Castillo
Fotografía tomada en una de las numerosas visitas de Franco a Barcelona, concretamente a la salida de la Catedral y en el año 1970. Al lado del dictador, saluda a los curiosos el alcalde de la capital catalana, José María de Porcioles.

La Guerra Civil fue terrible y cruenta en todos los focos en donde se manifestó. Cataluña, que no iba a ser la excepción, fue uno de los lugares en donde ese incendio fue más visible. No se puede negar que existía un sentimiento anticatalanista en las tropas insurrectas y especialmente en Franco y los suyos, que cuando entró en Cataluña dijo elogiando a sus tropas: “Los que han entrado son los que sentían más odio hacia Cataluña y los catalanes”. No hay que olvidarse de que tenía un sentimiento terrible, como lo mostró el número dos del régimen, Ramón Serrano Suñer, que consideraba ser catalán una enfermedad. Algo similar dijo un íntimo de Franco, el gobernador de Barcelona, Wenceslao González Olivieros, que asoció la oposición en Cataluña a la masonería y el comunismo: “De no hacerlo, nos llevaría otra vez a los mismos procesos de putrefacción que acabamos de extirpar quirúrgicamente”.

Uno de los pensadores de cabecera del dictador, Víctor Ruiz Albéniz, pidió para Cataluña un castigo ejemplar al estilo del que tuvieron los habitantes de Sodoma y Gomorra:

“Hay que purificar la ciudad roja, la sede del anarquismo y el separatismo como único remedio para extirpar estos cánceres”.

Olvidar ese sentimiento primitivo, que existió, sería tan injusto como olvidar que Franco tuvo muchos apoyos en Cataluña y que existieron catalanes que no tuvieron el más mínimo reparo en apoyar al dictador, razón que fue fundamental para que lograra ganar la guerra. Todo esto nos hace pensar que casi cien años después, el germen de la separación está aún vivo y que las heridas que lo provocaron siguen abiertas y no se han atajado.

En la victoria nacional tuvo mucho que ver la fuerza y rotundidad de uno de los cuerpos en liza, el Tercio de Montserrat, formado por carlistas de corte algo ultra que décadas después se opusieron a algunas políticas del dictador, en especial tras nombrar a Juan Carlos como heredero del trono de España, ya que ellos tenían fe en otra rama real. El Tercio de Montserrat, integrado por jóvenes de clases acomodadas, se disolvió tras el final de la guerra y sus integrantes subieron a Montserrat para ofrecer su bandera –la de la Cruz de Borgoña– y firmar su fin, pese a que las ideas que les motivaban siguen hoy presentes gracias a determinados grupos ultra.

LA SUSPENSIÓN DE LA AUTONOMÍA
Tras el final de la guerra Franco suspendió el estatuto de autonomía de Cataluña y encarceló a un elevado número de la población, lo cual sirvió de germen para las posiciones inmovilistas de los independentistas, pese a que se mantuvo apoyo al dictador en muchos sectores de la burguesía. Uno de sus ataques fundamentales fue contra el idioma, que no prohibió –tal y como erróneamente han dicho algunos–, pero que sólo hizo que desapareciera en documentos, calles, establecimientos, documentos oficiales… De esta forma, el catalán retrocedió y fue superado por el español, situación que sólo comenzó a revertirse a finales del siglo XX. En los últimos años, los defensores del catalán han hecho las mismas burradas que se hicieron contra ellos, como si los errores se solucionaran haciendo otro igual.

Eduard Punset, que no necesita presentación, vivió esa época de cerca y acabó en Madrid para “triunfar”. Cuando fue a la capital, su padre, que era un hombre de profunda ideología liberal, le decía que si quería abrirse paso en el mundo debía aprender –y bien– el castellano. Incluso a propósito de un caso concreto, el Tribunal Supremo tuvo que terciar y dijo en una sentencia de 1969: “El uso de catalán a nivel particular y social se respeta”. Y eso que, históricamente, el catalán nunca ha sido lengua única en Cataluña, como parece que dan a entender algunos. Cierto es que no se trata de un dialecto –como dan a entender otros y como hasta hace no mucho enseñaban algunos profesores a los alumnos–, sino que deriva directamente del latín y comenzó a usarse allá por el siglo VII. A pesar de que el uso se extendió especialmente en las zona rurales, existen referencias sobre la utilización de las lenguas de forma distintiva desde el siglo XV.

Puedes leer el artículo completo en el nº149 de Historia de Iberia Vieja

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