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Johannes Bernhardt. Un nazi en Madrid

Miércoles 21 de Junio, 2017
Franco le debía en gran medida su triunfo militar y Berlín se sirvió de él para garantizar el suministro de materias primas y wolframio. A través de documentación recientemente desclasificada, hemos podido confirmar que Johannes Bernhardt también dio cobertura a una operación de espionaje. Por Javier Juárez

Le gustaba vestir impecablemente, peinar hacia atrás con loción su cabello ralo y mostrar con arrogancia su corpulencia germánica. Nunca descuidó la imagen que debía acompañar su estampa de próspero hombre de negocios. Buscó la fortuna y la alcanzó. Hombre de profundas convicciones nacionalistas y conservadoras, siempre entendió que la mejor manera de servir a Alemania era servirse a sí mismo. Utilizó la política como trampolín para dar el salto de discreto comerciante a empresario decisivo, primero para Franco y después para la industria militar alemana.

La actividad de Johannes Bernhardt y del consorcio SOFINDUS han sido objeto de numerosos estudios, pero se ha investigado poco su labor como confidente de los servicios de inteligencia alemanes y organizador en la sombra de al menos dos redes de espionaje en España.

Los documentos consultados por Historia de Iberia Vieja en los archivos británicos y norteamericanos confirman que Bernhardt era el hombre de Walter Schellenberg en Madrid y que entre sus informantes figuraban Serrano Suñer, el general Aranda y Nicolás Franco.

Al menos dos redes de información utilizaron la firma SOFINDUS para camuflar la presencia de agentes del SD en España y dar cobertura a sus actividades. Una de ellas estaba dirigida por Walter Eugen Mosig, respondía al nombre de red GRILLE y su ámbito de actuación era la península Ibérica. La segunda operaba bajo la responsabilidad del también agente del SD Karl Arnold, y su misión era servir como puente con las actividades políticas y de espionaje de Alemania en América Latina.

UN ALEMÁN EN MARRUECOS
Johannes Eberhard Franz Berhnhardt nació el 1 de enero de 1897 en Osterode, Prusia oriental –en la actualidad, la ciudad polaca de Ostroda–. Participó en el frente de Ucrania durante la Primera Guerra Mundial y obtuvo la cruz de hierro. Después de la derrota formó parte de los Freikorps, las fuerzas paramilitares de extrema derecha que combatieron las revueltas comunistas en Alemania. Posteriormente, se trasladó a la ciudad portuaria de Hamburgo y fundó una empresa naviera a la que bautizó con su nombre. Uno de sus principales clientes era la firma química STOLTZENBERG, acusada de suministrar armamento químico al ejército español y a la Unión Soviética. Su fábrica en Hamburgo causó una tragedia en 1928, cuando un escape de gas venenoso provocó la muerte de diez personas.

Poco después, Bernhardt se trasladó al Marruecos francés como representante del consorcio MANNESMANN y en enero de 1930 probó fortuna en el Marruecos español. Se estableció primero en Larache y luego en Tetuán, donde comenzó a trabajar como director comercial para una firma de importación y exportación de automóviles, H&O WILMER, de la que también se sospechaba que se dedicaba al tráfico clandestino de armas.

Apenas una semana después de la sublevación militar, Bernhardt se ofreció a apoyar al general Franco actuando como mediador ante el Gobierno alemán.

El 24 de julio de 1936 viajó junto con Lagenheim, secretario del partido nazi en Tetuán, y el capitán de aviación Francisco Arranz Monasterio a Alemania en demanda de ayuda militar y logística para el ejército sublevado. Portaban una carta personal del general Franco en la que éste solicitaba el suministro de aviones de transporte y caza.

Durante los siguientes días, una veintena de aviones Junkers J-52 llegaron al Marruecos español en la denominada Operación Fuego Mágico. Fue el inicio de la intensa cooperación militar con el bando sublevado y el comienzo de una exitosa actividad empresarial para Bernhardt, convertido desde entonces en el intermediario de las demandas franquistas ante el gobierno alemán.

UN GIGANTE LLAMADO SOFINDUS
Berhnardt fundó entonces la compañía Hispano-Marroquí de Transporte (HISMA), con domicilio en la calle O’Donnell 12 de Tetuán y un capital social de 200.000 pesetas, aportadas a partes iguales por el empresario alemán y por un oficinal de marina retirado, Fernando Carranza, que actuó como simple testaferro para justificar la presencia española en su accionariado y que nunca se implicó en la gestión. Se escrituró como inicio de su actividad el mes de abril, para evitar que se relacionase su creación con el alzamiento militar en España.

En 1938 HISMA se transformó en un conglomerado empresarial denominado SOFINDUS (Sociedad Financiera Industrial), cuyos intereses abarcaban todos los sectores estratégicos.

También se recurrió a testaferros españoles que operaban legalmente como copropietarios o directivos, pero cuya capacidad de decisión estaba igualmente sometida a la autoridad de Bernhardt. Algunos de los más ilustres hombres de paja que empleó el empresario fueron José María Martínez Ortega, conde de Arguillo y padre de Cristóbal Martínez Bordiú –futuro yerno de Franco–, Enrique de la Mata o Federico Caruncho.

En conjunto, dependían del grupo 350 empresas, básicamente del sector agrario y minero, fundamentales para el suministro de materias de primera necesidad a Berlín. Sin embargo, fue el tráfico de wolframio el que despertó las sospechas de los aliados. Bernhardt monopolizó a través del emporio minero su explotación y posterior envío a Alemania. Se calcula que entre 1941 y 1943, España vendió a Berlín 1.100 toneladas anuales de wolframio, lo que representaba un 30 por ciento de las necesidades de su industria militar.

MOSIG Y LA OPERACIÓN GRILLE
El SD era el servicio de espionaje exterior alemán y se conocía en la nomenclatura de seguridad del Reich como el AMT VI, o departamento 6. Su máximo responsable era Walter Schellenberg. Las cuestiones relativas a la península Ibérica correspondían a la sección B4. Desde 1940 operaba en la embajada alemana una pequeña delegación oficial del SD dirigida por Heinz Edmond Singer.

El objetivo de su información era esencialmente política, tanto sobre la realidad española como sobre el cuerpo diplomático acreditado en Madrid. Entre sus informadores figuraban agentes de policía, funcionarios y diplomáticos, además de dos conocidos aristócratas alemanes bien relacionados con la alta sociedad local: el príncipe von Hohenlohe, alias Alfonso, y la condesa Graefin Podewills, alias Carmen.

Sin embargo, la condición oficial de Mosig como agente del SD limitaba su acceso discreto a contactos de mayor relevancia política. Walter Schellenberg recurrió entonces a Johannes Bernhardt, interesado en aprovechar sus privilegiados contactos con la élite política y empresarial española. En el verano de 1943, ambos se reunieron en Berlín y acordaron colaborar en la creación de esa nueva red de inteligencia, denominada en clave GRILLE y facilitar el establecimiento en Madrid de la persona que la dirigiría: Walter Eugen Mosig.

Mosig conocía bien España. Había participado en la Guerra Civil como experto policial adscrito al coronel José Ungría, jefe de los servicios secretos franquistas. Tras su regreso a Alemania ingresó en la Gestapo, hasta su reclutamiento para la sección B4 del SD. En septiembre de 1943 apareció de nuevo en Madrid bajo la cobertura de director de la firma SOFINDUS. Su relación con Bernhardt era tan estrecha que vivían en domicilios casi colindantes, el de Mosig en el número 4 de la calle de la Brisa.

Desde su llegada operó con amplia libertad de movimientos y sin las restricciones de ser considerado personal diplomático. Cobraba un sueldo del SD y una generosa retribución de SOFINDUS, quien le encargó la seguridad de sus explotaciones mineras ante la comisión de posibles actos de sabotaje, especialmente en las minas de wolframio.

No obstante, su actividad fundamental se centró en recabar información sobre la situación política interna de España y las actividades comunistas en el sur de Europa, incluidos los intentos de reconstruir la estructura del Partido Comunista. Junto a él trabajaba un pequeño grupo de tres o cuatro colaboradores, aunque solo existen referencias documentales a Fritz Lackner, y de una mujer, mencionada como fraulein Bureckner, quien actuaba como su secretaria y operadora del radiotransmisor de la red Grille, conocido en clave como Funklinie nº9. El alias utilizado por Mosig en sus transmisiones era Imker.

LA RED DE KARL ARNOLD
La segunda red de espionaje amparada por Bernhardt estaba dirigida por el agente del SD Karl Arnold y tenía como misión fundamental servir de enlace con el espionaje alemán en América Latina. Llegó a Madrid a finales de 1942 y rápidamente entró en contacto con Siegfried Becker, responsable operativo del SD en Sudámerica, que en ese momento estaba a la espera de un transporte para viajar a Buenos Aires. Durante varias semanas, Becker y Arnold concretaron un sistema para mantener un canal fluido de comunicación. En diciembre, Becker se embarcó rumbo a Argentina. Como muchos otros agentes, Arnold encontró cobertura legal como empleado de alto rango en la Compañía General de Lanas, una de las principales empresas del grupo SOFINDUS, domiciliada en la calle Ayala número 10, al lado del salón de té Embassy y a unos metros de la Embajada alemana.

Mientras tanto, Becker estableció un primer servicio de correo entre Buenos Aires y España, a través de dos marineros españoles, Esteban Amorín y Manuel de Miguel Arrastia, que se prestaron a trasladar la correspondencia entre ambos agentes. El primer envío llegó en marzo de 1943. A partir de entonces se estableció un sistema bastante rudimentario pero eficaz y que se mantuvo inalterable hasta la detención de varios de estos colaboradores.

A finales de 1943, según los informes aliados, la red de correos entre Arnold y Becker contaba con entre quince y dieciocho marineros, todos españoles y la mayoría miembros de la Falange e incluso algún antiguo combatiente de la División Azul. Colaboraban voluntariamente por afinidad ideológica, y en muy pocos casos aceptaban dinero. Cuando eran retribuidos, se les abonaba unas 1.000 pesetas por envío.

Karl Arnold también figuró como uno de los principales agentes alemanes cuya repatriación reclamaron los aliados al término de la Segunda Guerra Mundial. El 21 de junio de 1945 fue detenido por la policía española. Permaneció tres semanas incomunicado en la Dirección General de Seguridad y posteriormente fue trasladado a la prisión madrileña de Carabanchel.

Recurrió entonces a un abogado, Antonio Helguero Valcárcel, quien les prometió sacar a cambio de 50.000 pesetas y 5.000 adicionales que deberían depositar en el juzgado. Fue liberado el 16 de octubre de 1945 y durante varios meses vagó con identidad falsa a nombre de Carlos Alonso Kleber entre Madrid y un pequeño hotel en las Navas del marqués, en la provincia de Ávila. En julio de 1946 se ocultó en una casa de huéspedes, casa Toña, del municipio asturiano de San Juan de la Arena, donde fue finalmente detenido por la Guardia Civil.

Trasladado a Madrid, Arnold intentó suicidarse con una sobredosis de somníferos,pero no logró su propósito. El 23 de agosto fue embarcado en el mismo avión que Walter Mosig y puesto a disposición de las autoridades norteamericanas en Alemania.

EL EXILIO ARGENTINO
Johannes Bernhardt contó con el apoyo expreso del propio Franco y nunca fue entregado a las autoridades aliadas, pese a que su nombre figuraba en la primera –conformada por 104 nombres– de las listas de ciudadanos alemanes cuya repatriación solicitaron los aliados. Era un objetivo prioritario. En un hecho extraordinariamente inusual, Franco llegó incluso a concederle la nacionalidad española para garantizarle su seguridad como ciudadano nacional de plenos derechos. A pesar de ello, y para evitar la constante presión aliada, Bernhardt emigró a Argentina en 1951, y se estableció con su familia en una finca llamada La Elena, en el municipio de El Tandil. Allí solía presumir de su relación personal con el dictador español, de quien dijo que le había regalado tres cuadros de El Greco. Regresó a Alemania en los años 70 y murió el 14 de febrero de 1980. 

Este  artículo fue publicado en Historia de Iberia Vieja nº 132, de junio de 2016

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Comentarios

Johannes fue el tio abuelo de mi padre. Aun consevamos muchas fotos familiares.

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