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¿Cómo se vivió la Revolución Rusa en España?

Martes 17 de Octubre, 2017
En la madrugada del 7 al 8 de noviembre de 1917 (24-25 de octubre según el calendario ruso), militantes y miembros del partido bolchevique ruso y de la guardia roja afincados en la capital del imperio ruso zarista, San Petersburgo, y liderados por los dirigentes comunistas Vladimir Ilich Ulianov Lenin y León Trotsky, tomaban al asalto y por la fuerza, aunque sin derramamiento de sangre, el último reducto del Gobierno Provisional y posteriormente del gobierno republicano ruso dirigido por el socialista moderado Aleksandr Kérenski. El eco de aquel tsunami llegó, cómo no, a España.
Guillermo Fiscer

Cuando llegan a España los primeros ecos de los sucesos revolucionario de febrero marzo de 1917, la opinión pública española sigue con interés la evolución de los sucesos políticos que vienen del, ya en ese momento, frente oriental de la guerra mundial. Los principales periódicos españoles, tanto los de difusión de masas (ABC, La Vanguardia, El Sol, El Liberal o el Heraldo de Madrid), como los obreros (especialmente El Socialista, del PSOE, y Tierra y Libertad, de la CNT y los anarquistas), estaban centrados entonces en lo relativo a política exterior, como es evidente, en la guerra. Hasta ese momento, la primera guerra mundial estaba siendo el conflicto bélico de mayor calado en la historia reciente de Europa, y España, como no podía ser menos, tenía puesto todo su interés en el asunto.

Fruto de las políticas imperialistas de finales del siglo XIX, para 1914 se habían ido configurando en el continente europeo unos grandes imperios que, debido a sus diferencias y al afán competitivo del imperialismo, se habían mostrado incapaces de dirimir sus rivalidades territoriales por vía diplomática. Cuando Austria-Hungría declara la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914, estalla la Primera Guerra Mundial.

Solo unos pocos países europeos, como España, permanecían neutrales en el conflicto. Según un Parte Oficial del Ministerio de Estado publicado en la Gaceta de Madrid el 7 de agosto de 1914, Su Majestad el Rey Alfonso XIII ordenó “la más estricta neutralidad a los súbditos españoles, con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho público internacional”. Sin embargo, el impacto de la guerra generó una división en España que se manifiesta entre las diferentes ideologías políticas, de forma que, por lo general, los partidarios de ideologías o partidos conservadores o autoritarios se declaraban germanófilos, mientras que los partidos o gentes de izquierdas y progresistas en general, se declararán aliadófilos.

Esta cuestión no va a ser baladí en el tema ruso, puesto que va a definir la actitud de los partidos políticos y la prensa española a la hora de tratar los acontecimientos de la revolución rusa de 1917 como veremos, de forma que carentes de un análisis profundo, en un primer momento, los partidarios españoles del bando aliado acusarán a Lenin y a los “maximalistas” (que, como muy bien indica la escritora Helen Rappaport, era el nombre que los periodistas y observadores internacionales dieron a los bolcheviques) de ser agentes alemanes y, en general, de debilitar la causa aliada, al retirar a Rusia de todo el frente oriental, lo cual beneficiaba a los alemanes en el desarrollo de la guerra.

En lo relativo a la prensa española, y a cómo la opinión pública trata el tema de la revolución rusa de 1917 en España, cabe decir que fueron numerosos los periódicos de toda índole que mantuvieron a los españoles permanentemente informados.

En un primer lugar, cabría analizar cómo trataron el tema de la revolución rusa el principal periódico conservador burgués de la época, el monárquico ABC. En este aspecto, cabría destacar que el campo conservador español contó, con la única testigo directa de los acontecimientos en el lugar de los hechos, la periodista gallega Sofía Casanova.

Como vemos, gracias a Casanova, los españoles pudieron leer en las páginas del ABC todo cuanto acaecía en la turbulenta Rusia de 1917 de primera mano por parte de la única española que fue testigo directo de los sucesos y que convirtieron al ABC en una fuente única de información, quizá no diaria por las censuras y el caos en las comunicaciones de un país en guerra y revolución, pero si con bastante asiduidad, de todo lo que pasaba desde dentro. Ya en agosto de 1917, Casanova escribía el ambiente neurótico del gobierno de Kerensky de persecución y acoso a los bolcheviques con las siguientes palabras: “La insurrección de los maximalistas (soldados, obreros anarquistas y pacifistas), ha sido vencida, no puede decirse que sin verter sangre. Soldados han disparado contra soldados y contra mujeres fanáticas, acompañando a los obreros, sus maridos o camaradas. Víctimas de una democracia que se contradice a sí misma, que no gobierna, que carece de autoridad, y que por salvar el honor y los intereses de Rusia, aliada con la Europa antigermana, ha desatado la tempestad interior, que cuatro discursos de Kerensky y las descargas fratricidas, son impotentes a contener en las negras horas”.

Es curioso leer estas palabras de Casanova en agosto de 1917, apenas a tres meses del triunfo bolchevique, y donde se lee un claro sentimiento de simpatía hacia los bolcheviques temporalmente derrotados, de desprecio al gobierno Kerensky y de esperanza en el futuro. Sin embargo, poco duraría la admiración o, al menos, el respeto del ABC y de Casanova hacia los bolcheviques rusos. Y es que tan solo un mes después del triunfo de la revolución rusa, en diciembre de 1917, la periodista y escritora gallega se las ingenia para colarse en el entonces todavía cuartel general bolchevique, el Instituto Smolny de San Petersburgo, para entrevistar nada menos que al número dos de la revolución, y futuro creador del ejército rojo, el revolucionario León Trotsky. El cambio de opinión de Casanova y del ABC, en general, de las alabanzas de agosto a los titulares de diciembre, son asombrosas.

El subtítulo del artículo “En el antro de las fieras”, es ya bastante clarificador, y describe la reunión y a la nueva Rusia así: “En el antro de las fieras, existe menos disparidad entre ellas y aquel que existía en el Palacio de la Duma. Impresiona y desasosiega el Instituto Smolny, y sus moradores, porque es un foco de anarquía y porque la ignorancia y el odio de los antiguos esclavos a todas las clases sociales, arma sus manos con el ensañamiento demoledor. Al fanatismo jerárquico del Imperio substituye el otro, el de la ergástula en rebeldía. ¿Qué pueblo podrá ser feliz gobernado por el terrorismo de abajo?”. Un artículo demoledor el de Casanova, donde describe a Rusia como un país caótico, desordenado, ignorante, lleno de odio, fanático e incluso terrorista, como no podía ser menos en una corresponsal con fuertes ideales católicos, monárquicos y conservadores y por tradición inclinada al imperialismo germano.

Este rápido divorcio de ABC con la experiencia leninista se manifiesta de forma tajante en los siguientes meses, tal y como se evidencia en el artículo “La conferencia de Moscú” del 9 de diciembre, apenas un mes después del éxito revolucionario, donde Casanova escribe: “Me atrevo a decir que Rusia está loca, y no es ciertamente una locura genial, una cesárea, o napoleónica, o maquiavélica locura. La revolución y sus conquistas se desvirtúan, y a los pocos meses de la transformación social, Rusia ha llegado al desastre, sin realizar ni uno siquiera de los ideales libertarios que proclamaba”.

A partir de esa fecha y en adelante, casi todos los escritos y artículos de Casanova en ABC se muestran generalmente despectivos a la nueva realidad política bolchevique. Alineado con la beligerancia antibolchevique del ABC, es el caso de otros periódicos liberales españoles de la época, como El Sol, diario que se publicó entre 1917 y 1939. Durante su etapa inicial en 1917, año de la revolución rusa, El Sol era aún un periódico liberal-burgués y por ello claramente escorado hacia posiciones aliadófilas en la primera guerra mundial. Por ello, no es de extrañar que casi todas las opiniones que publica estén orientadas a combatir, con un grado de virulencia antibolchevique solo comparable al monárquico ABC, a los bolcheviques rusos. 

Lee el artículo completo en el nº148 de la revista Historia de Iberia Vieja

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