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El túnel de la muerte de Usera

Miércoles 02 de Noviembre, 2016
La masacre de Usera de 1937, ignorada y silenciada durante décadas, es un perfecto ejemplo de la crueldad del ser humano en la guerra.

Guernica y Badajoz en el campo republicano, o Paracuellos en el nacional, han pasado a la memoria histórica como ejemplos de los excesos de la guerra, pero otros sucesos, como la masacre del llamado “túnel de la muerte” del barrio madrileño de Usera, quedaron silenciados, bien por la vergüenza del engaño, bien por el desconocimiento del asunto por parte de la historiografía.

Tras la toma de la provincia de Toledo y del oeste español, a principios de octubre de 1936 las fuerzas sublevadas se desplegaron alrededor de Madrid. El avance franquista, aunque se frenó rápidamente a lo largo del mes de noviembre en la Casa de Campo y en la Ciudad Universitaria, logró sin embargo tomar algunos barrios y municipios del oeste madrileño, tales como Carabanchel y parcialmente Usera.

Con el objeto de frenar el duro avance franquista en la zona, Usera se militarizó con unidades y columnas del ejército republicano. Una de estas columnas fue la llamada “Columna Prada”, que en diciembre de 1936 se renombró como Brigada Mixta C, y posteriormente 36.ª Brigada Mixta. Esta se formó el 1 de enero de 1937, y estuvo integrada en la 4.ª División del I Cuerpo de Ejército, cubriendo el Frente de Usera. Fue dirigida por Justo López de la Fuente, exiliado tras la guerra civil, y muerto en la Cárcel de Soria en 1967, acusado injustamente de la masacre cometida en Usera entre octubre y noviembre de 1937.

En los primeros meses de la guerra civil, tal como relata Arturo Barea, todo el Madrid republicano era consciente de que las intocables embajadas extranjeras de Madrid estaban llenas de militantes de derechas y aristócratas. Fue en ese momento cuando unas personas vinculadas al bando republicano en el Frente de Usera, primera línea de combate en el oeste de la capital, idearon una forma de sacar por propia voluntad a los disidentes allí refugiados y ejecutarlos a las afueras de la capital.

UN PLAN MAQUIAVÉLICO
Un resumen muy rápido y concreto de lo sucedido entre octubre y noviembre de 1937 en Usera sería el siguiente: un miembro de la 36 BM, capitán Juan Cabrera, logra conocer en detalle, gracias a un amigo suyo, la existencia de toda una red clandestina en Madrid de apoyo al movimiento nacional franquista en retaguardia. Inmediatamente, informa de ello a un amigo personal suyo, Manuel Domínguez Garzón, miliciano y miembro del SIM, quien a su vez se lo cuenta a su jefe, el capitán del SIM Casimiro Durán Muñoz, el cual, para abortar la red y tratar de eliminar al mayor número de adictos a la causa franquista, refugiados de forma clandestina en embajadas y domicilios de la capital española, ingenia un plan maquiavélico: les hará en la existencia de un túnel secreto en el barrio de Usera, para pasar a las trincheras nacionales al otro lado del barrio madrileño.

Con tal objeto, los miembros del SIM se hacen pasar por miembros secretos simpatizantes del movimiento nacional franquista en la retaguardia republicana, y difunden un bulo en las embajadas extranjeras en la capital, según el cual un túnel secreto en Usera permitía pasar de forma segura a la zona nacional, gracias al apoyo y ayuda de oficiales comunistas que, en realidad, operarían como quintacolumnistas al servicio de los franquistas.

Para ello, se ofrecía a los partidarios clandestinos del franquismo en la capital un trato, fácilmente asumible por estos aterrorizados miembros: un salvoconducto hacia la zona sublevada a través del paso por ese túnel a cambio de una elevada cantidad de joyas o dinero.

LA PRIMERA VÍCTIMA
La noticia corrió rápidamente como un reguero de pólvora por las embajadas y domicilios particulares de todo Madrid, y los nacionales empezaron a contactar con los topos del SIM, distribuidos en las embajadas madrileñas repletas de aristócratas, banqueros y afines a la causa nacional. Entre los días 18 de octubre y 13 de noviembre de 1937, se llegaron a organizaron hasta ocho expediciones hasta zona nacional.

La primera de ellas tuvo lugar el 18 de octubre de 1937, cuando un coche al mando del capitán Durán recogió a su primera víctima en la Embajada de Paraguay, un hombre de unos 30 años que, como recompensa por el falso traslado, ofreció un reloj de oro y un anillo a Durán. El vehículo llegó a un lugar sombrío ubicado cerca del Frente de Usera, un pequeño chalé en el número 4 de la calle Alfonso Olivares (actual calle Monederos de Usera). Los expedientes franquistas de 1939 nos ofrecen hasta tres croquis de la ubicación y la planta de dicho lugar, así como fotografías de su fachada e interior: contaba con una oficina para el capitán Casimiro Durán y un pequeño calabozo interior al que se llegaba a través de una pequeña entrada y unas escalinatas, que conducían a los túneles adonde eran conducidos los detenidos.

Los miembros del SIM al mando de Durán informaban a sus víctimas de la cruda realidad: encañonándolos con fusiles, les explicaban que estaban detenidos por sediciosos y partidarios de la causa nacional. Tras interrogarles y torturarles, se les enviaba al túnel-calabozo, donde poco después eran sacados y fusilados en masa en las paredes del chalé, para ser después enterrados en una fosa común excavada en las inmediaciones.

Lee el texto completo en Historia de Iberia Vieja nº137, de noviembre de 2016

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