Se encuentra usted aquí

La batalla naval de Malta

Miércoles 05 de Octubre, 2016
La batalla naval de Malta, en junio de 1283, aseguró a Aragón el control de esta isla, así como de las más pequeñas Gozo y Lipari.

El maridaje cultural entre Malta y España comenzó en la Baja Edad Media, cuando navegantes de la Corona de Aragón se hicieron a la mar tras las tierras del este del Mediterráneo, el Mare Nostrum de los romanos.

El reino pirenaico de Aragón fue ampliando su extensión con la conquista de diversos territorios peninsulares, como Valencia o Mallorca. Tras la infructuosa reconquista del reino de Murcia, en disputa con Castilla, la Corona de Aragón centraría sus esfuerzos en expandirse más allá de las fronteras peninsulares.

Fue el hijo de Jaime I el Conquistador, Pedro III el Grande, quien entre 1276 y 1285 asumió esa tarea. Intentó conquistar Túnez, reino muy debilitado tras la muerte de su emir; pero el destino no quiso que triunfara en ese campo, puesto que, mientras ultimaba los preparativos de su expedición, estalló en Sicilia la revolución conocida como las Vísperas Sicilianas (1282) contra el rey francés Carlos de Anjou, quien se había hecho con el poder en la isla en 1266.

La revuelta había sido promovida por el siciliano Juan de Procida, médico de Manfredo, último rey de Sicilia antes del desembarco angevino. Los sicilianos ofrecieron la corona al rey aragonés a cambio de su ayuda. Era una providencia lógica: Pedro III era el esposo de Constanza II, hija y heredera del último rey de Sicilia. Así, el Grande puso rumbo a esta isla, derrotó a las huestes angevinas y fue coronado en Palermo el 9 de noviembre de 1282.

La ruptura del statu quo fue vista con muy malos ojos por el papa Martín IV, de origen francés, que excomulgó al aragonés y decretó una cruzada contra él. Es en este justo momento cuando aparece Malta en nuestra historia. Su situación estratégica, a escasos cien kilómetros al sur de Sicilia, hacía de ella un enclave de gran interés para todos los contendientes.

Una vez expulsado de Sicilia, Carlos de Anjou trató de librar Malta del cerco de los aragoneses en el Castello del Mare, actualmente el fuerte de San Ángel.

El enfrentamiento se resolvió en la batalla naval de Malta, en junio de 1283, una victoria que aseguró a Aragón el control de la isla, así como de las más pequeñas Gozo y Lipari.

BATALLA NAVAL
Al mando de la flota de galeras aragonesa, compuesta por 18 naves, se encontraba el almirante Roger de Lauria, que derrotó a los veinte barcos angevinos dirigidos por Guillaume Cornut y Bartholomé Bonvin. Fue la primera gran victoria en aguas del Mediterráneo para Roger de Lauria, marino nacido en el sur de Italia y que había sido nombrado almirante apenas dos meses antes de estos hechos, a la vez que la ocasión perfecta para vengarse de la muerte de su padre, caído a manos de los franceses en la batalla de Benavento (1266).

Lauria –que en pago por su valor recibiría mil onzas en joyas y piedras preciosas– llegó a luchar cuerpo a cuerpo contra el propio Cornut, a quien dio muerte con una azcona, arma arrojadiza similar a un dardo. Las pérdidas por el lado francés fueron muy cuantiosas: 3.500 muertos, diez galeras capturadas y 860 prisioneros, en tanto que los aragoneses solo perdieron a 300 hombres. Por lo demás, unos 400 catalanes se quedaron en el archipiélago: fueron los primeros moradores peninsulares en las islas, a partir de entonces una de las posesiones más mimadas por la Corona de Aragón.

Alfonso V el Magnánimo, que reinó allá por el siglo XV, se refirió a ella como una “noble tierra y preciada joya de mi Corona”.

La presencia de Aragón, cuya unión dinástica con Castilla se materializó en 1469 con la boda de Isabel y Fernando, se prolongó durante casi dos siglos y medio, hasta 1530, lo que avala la cantidad de huellas “españolas” que hoy podemos disfrutar en la isla. El edificio de estilo barroco que desde 1972 ocupa el primer ministro de Malta lleva por nombre Albergue de Castilla. Hay otro albergue de Aragón que es sede del ministerio del Interior, sin olvidarnos de la casa de Cataluña, un palacete junto a la iglesia de san Pablo, o de la calle de Tramontana.

¿Y qué decir de los templos? Entre otros, podemos visitar la iglesia de Nuestra Señora de Sarriá, en el barrio de la Balzunetta, topónimo que podría derivar del barrio de la Barceloneta, o la iglesia concatedral de San Juan en La Valeta, donde podremos admirar sendas capillas dedicadas a Aragón (San Jorge) y Castilla (Santiago el Mayor), respectivamente.

Conoce todo sobre Malta y España en el reportaje que el redactor jefe de Historia de Iberia Vieja, Alberto de Frutos, ha redactado para el número 316, de octubre de 2016

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario