Se encuentra usted aquí

Carlos III prototipo de monarca ilustrado en España

Martes 19 de Julio, 2016
¿Qué legado nos dejó Carlos III, el cuarto Borbón que reinó en España? ¿Es o no justa su fama? ¿Fueron más sus luces o sus sombras? Aquí os presentamos al monarca que fue conocido como “el mejor alcalde de Madrid”.Por Alberto de Frutos

Nacido en Madrid en 1716, antes de ser rey de nuestro país fue entronizado a los 19 años como rey de Nápoles y Sicilia, donde llevó a cabo numerosas iniciativas para modernizar el reino. Construyó el Palacio Real de Caserta en Nápoles, alivió las penas de los más necesitados en el opulento Albergo dei Poveri, y, para solaz del pueblo, levantó un gran teatro de la Ópera, una distracción que a él le parecía bastante aburrida; le gustaba mucho más la caza. En el plano religioso, fue todo un innovador, ya que persiguió el regreso de los judíos a su reino con el fin de incentivar la actividad económica. Topó con el inmovilismo de la iglesia, pero, al menos, el arzobispo Spinelli, que había conseguido frenar ese proyecto, no tuvo más remedio que renunciar a su plan de instaurar allí la Inquisición.

Carlos III fue, sobre todo, un brillante mecenas de la cultura, hasta el punto de que gracias a su empeño podemos disfrutar hoy de los yacimientos arqueológicos de Pompeya y Herculano, las ciudades arrasadas por la erupción del Vesubio en el primer siglo de nuestra era y descubiertas por el aragonés Roque Joaquín de Alcubierre.

En esta ingente labor reformista contó con el apoyo de su leal consejero Bernardo Tanucci, con quien mantuvo correspondencia hasta la muerte de éste en 1783, y, cómo no, con la adhesión de su esposa, María Amalia de Sajonia, con la que se había casado por razones de Estado pero que no tardó en constituir el báculo más poderoso para el monarca, a quien dio nada menos que 13 hijos.

Toda esta experiencia reformista, llevada a cabo a lo largo de veinticuatro años, le vino muy bien para su proyecto modernizador de España, cuando le tocó el turno de ocupar el trono tras la muerte sin descendencia de su hermanastro Fernando VI.

Carlos III fue proclamado rey en septiembre de 1759, cuando contaba 43 años; y, aunque se sentía muy cómodo en su destino napolitano, llegó dispuesto a cumplir con su deber, tras depositar en su hijo Fernando las responsabilidades del gobierno de Nápoles.

LA TRAGEDIA DE SU VIDA
Una tragedia lo zarandeó en el primer año de su reinado: la muerte de su esposa como consecuencia de la tuberculosis.

Conocida es la cita de Carlos III a propósito de este desenlace, al comentar que aquel era el primer disgusto que le daba su mujer; y, de hecho, ya no se volvió a casar a pesar de las insistencias de la corte.

Continuó con los gestos de amistad hacia Francia, donde también reinaban los Borbones, y España apoyó a sus vecinos en la Guerra de los Siete Años contra Gran Bretaña.

Los ingentes gastos de esta contienda le movieron a crear la Lotería Nacional para procurar ingresos extras a la Corona.Firmada la paz, España recuperó La Habana y Manila, que habían ocupado los ingleses, y en agradecimiento por su ayuda los franceses nos cedieron La Luisiana; aunque de una guerra nadie sale airoso y España perdió la Florida en favor de Gran Bretaña.

A su vez, la renovación de los Pactos de Familia con Francia (15 de agosto de 1761) comprometieron a España a una alianza que el paso del tiempo probó desacertada.

Durante la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos contra Inglaterra, Francia, enemiga secular de estos, salió en defensa de los americanos, lo que arrastró a los españoles.

Como es lógico, los súbditos del imperio español en América del Sur no entendían por qué la metrópoli tomaba partido por los norteamericanos y no escuchaban, empero, sus anhelos emancipatorios; y, a la postre, la Guerra de la Independencia de Estados Unidos no hizo sino encender la mecha del ya latente independentismo hispanoamericano. Al menos, a su término España recuperó Menorca, si bien Gibraltar se mantuvo en manos británicas.

LA EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS
Acerca de la política interior, Campomanes, a la sazón ministro de Hacienda, restringió los derechos del clero, liberalizó el comercio y emprendió un ambicioso plan de reformas económicas. Otro ministro, el marqués de Esquilache, suscitó los recelos del pueblo, que aprovechó una vana medida sobre el corte de las vestimentas para amotinarse contra él y amenazar el gobierno en marzo de 1766.

En realidad, el origen de la revuelta era otro: Esquilache había promovido ciertas reformas que tuvieron como consecuencia la subida del pan y esto encendió los ánimos. El monarca se vio obligado a ceder: desterró a Esquilache y puso en su lugar al conde de Aranda, quien, junto con Campomanes y Floridablanca, guiaron los destinos de España en los siguientes años. Sofocado el motín, el gobierno quiso encontrar a sus responsables en los jesuitas, y decretó su expulsión y la incautación de sus bienes. El rey hizo también frente a la leyenda negra de la Inquisición prohibiendo la tortura y las condenas a prisión sin pruebas. La expulsión de los jesuitas, que administraban la formación de los jóvenes, apremió al gobierno a realizar una reforma educativa que se plasmó en la creación en Madrid de los Estudios de San Isidro en 1770 y de la Escuela de Artes y Oficios, germen de la Formación Profesional. No obstante, el rey descuidó la enseñanza de las ciencias, lo que comportaría un lastre insuperable para España en las siguientes décadas.

EL REY ARQUITECTO
El reinado de Carlos III dotó a España de una red de comunicaciones moderna, gracias a una disposición radial de carreteras que tomaba como centro Madrid, y la fundación del servicio de Correos contribuyó notablemente al desarrollo del comercio. Asimismo, el soberano promovió en la capital diversas mejoras como la creación de un sistema de alumbrado y de alcantarillado, que redundó en el desarrollo de las condiciones higiénicas y de seguridad pública, y dispuso la creación del Banco de San Carlos en 1782, antecedente del Banco de España.

Desde el punto de vista monumental, levantó iconos como la puerta de Alcalá (1778), el actual Museo del Prado (inicialmente proyectado como Gabinete de Historia Natural), el hospital de San Carlos (actualmente sede del museo Reina Sofía), las fuentes de Cibeles y Neptuno, ambas en el Paseo del Prado, o el Jardín Botánico (este último fundado por su antecesor Fernando VI, pero trasladado por Carlos III a su emplazamiento actual).

Y es que, ¿qué sería de Madrid hoy sin Carlos III y sin su arquitecto de cabecera, el italiano Francesco Sabatini, el virtuoso que embelleció la Villa y Corte? Las reformas se zanjaron abruptamente con la muerte del rey en 1788, a los 72 años de edad. Su sucesor, Carlos IV, fue incapaz de continuar la labor de su padre. Lo cierto es que su carácter no le predisponía precisamente a tales trabajos, pero, aunque hubiese querido, no habría podido hacerlos por la conmoción que supuso el estallido de la Revolución Francesa en 1789. Visto lo visto, al nuevo rey le entró miedo (y es que lo que le había pasado a su pariente Luis XVI no era para tomárselo en broma) y frenó en seco todo intento modernizador.

Puedes leer el artículo completo en Historia de Iberia Vieja nº 110, 

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario