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El Cid, de vasallo burgalés a mito universal

Jueves 04 de Mayo, 2017
El Cid histórico y el Cid legendario no dejan de ser las dos caras de una misma moneda. El Cantar de gesta más famoso de nuestras letras idealizó la biografía de un personaje que fue vasallo de dos reyes y dos veces sufrió destierro, puso su espada al servicio del infiel y acabó convertido en señor de sí mismo tras la extraordinaria conquista de Valencia. Desde su linaje hasta su muerte presentamos la historia del que “en buena hora nació”, indomable símbolo de la Reconquista.

Las incógnitas en torno al Cid afloran desde el inicio. Aludido tradicionalmente como Rodrigo Díaz de Vivar, ni siquiera tenemos confirmación documental de que esa pequeña localidad burgalesa haya sido el lugar de su nacimiento. Las fuentes más próximas al personaje como la Historia Roderici, el Carmen Campidoctoris o el Linage de Rodric Didaz no dicen nada a ese respecto. Es, sin embargo, en el posterior Cantar del mio Cid donde reiteradamente se presentó al Campeador como vinculado a Vivar, si bien el texto no deja claro cuál fue el motivo de dicha vinculación. ¿Se trataba del topónimo de donde era oriundo Rodrigo o de la casa solariega donde poseía el grueso de sus propiedades?

Ciertamente, podían haber sucedido ambas cosas y que coincidieran en ese rincón burgalés la población de su nacimiento y su principal señorío. Así lo cree Alberto Montaner de la Universidad de Zaragoza, quien encuentra otro argumento a favor de esta idea en el hecho de que la sólida tradición que liga Vivar al Cid resulte muy antigua y, sobre todo, que ningún otro pueblo o ciudad haya reclamado para sí el ser la patria chica del personaje. En cambio, ninguna duda ofrece su nombre Rodrigo Díaz, ni su sobrenombre Campeador que constan en un diploma de 1098 y varias fuentes musulmanas coetáneas al Cid. Ahora bien, la condición social de su linaje no ha estado exenta de polémica. Se le ha situado en los estratos inferiores de la nobleza castellana, haciendo de Rodrigo un mero infanzón que logró superar tan baja cuna gracias a sus éxitos en combate. Pero de nuevo estamos ante un embellecimiento de la biografía del Cid efectuado por el autor del Cantar y a mayor gloria épica de su protagonista.

El creador de este poema enfrentaría así a su héroe no solo contra las huestes musulmanas sino contra su propio destino no aristocrático en un mundo cuajado de cortesanos envidiosos que mirarían con recelo y resquemor a ese advenedizo burgalés.

Desafortunadamente, el sugerente argumento literario del ascenso social del Cid choca con la realidad de las fuentes documentales, conforme a las cuales Rodrigo Díaz procedía de uno de los linajes leoneses más notables.

Su abuelo paterno había sido conde de León y su padre Diego Flaínez recibió importantes dominios entre los ríos Ubierna y Urbel tras participar en las guerras fronterizas navarro-castellanas.  Ese parentesco privilegiado enseguida situó al Campeador entre el séquito personal del monarca Sancho II de Castilla a quien prestó importantes servicios.

La Historia Roderici cuando narra la batalla de Llantada del año 1068 entre el monarca de León Alfonso VI y su hermano de Castilla Sancho destaca que “El rey Sancho distinguía a Rodrigo Díaz con tan inmenso amor y notable predilección, que le puso al frente de toda su mesnada, pues Rodrigo creció y se convirtió en un fortísimo guerrero y campi doctus [experimentado en el campo de batalla] en la corte del rey Sancho. En todos los combates que Sancho mantuvo con su hermano Alfonso, en Llantada y en Volpejera, venciéndolo, en estas ocasiones Rodrigo Díaz era el portador de la bandera regia y destacó y sobresalió entre todos los caballeros del ejército del rey”. Una vez más, la documentación conservada no confirma semejante estatus de caudillo y portaestandarte de la hueste regia. Rodrigo figura entre los nobles firmantes de diplomas del rey castellano aunque sin mencionársele como armiger regis ni como alférez. Serán las fuentes tardías, a finales del siglo XII, las que le atribuyan dicha función. Con todo, es más que probable que participara junto al infante y luego rey Sancho II en la campaña contra Ramiro I de Aragón en defensa de la taifa de Zaragoza el año 1063, así como en las guerras contra los demás hijos herederos del monarca Fernando I el Magno. Durante estas operaciones bélicas seguramente Rodrigo empezó a labrarse una gran fama de experto combatiente. Esta reputación le sirvió para incorporarse a la corte de Alfonso VI una vez muerto Sancho II y a pesar de que antaño el noble burgalés había blandido su espada contra el nuevo monarca de León para destronarlo. El fallecimiento inesperado de Sancho II ante los muros de la rebelde ciudad de Zamora restituyó a Alfonso la corona del reino.

Afloran entonces nuevos episodios literarios en los que Rodrigo Díaz aparece como el custodio moral del legado regio castellano. El más famoso de ellos es, sin duda alguna, la Jura de Santa Gadea según la cual, Alfonso VI, para tomar posesión de Castilla, fue obligado por el Campeador a jurar por tres veces que no había tenido nada que ver en el asesinato de su hermano Sancho.

Lee el reportaje completo en el nº143 de la revista Historia de Iberia Vieja

LA ESPAÑA DEL CID, como la denominó Ramón Menéndez Pidal, era un mosaico de poderes cristianos y musulmanes en constante pugna. La gran unidad territorial conseguida por Fernando I el Magno apenas duró un suspiro. A su muerte, en el año 1065 y por postrera voluntad del el condado de Castilla que quedó elevado a la condición de reino; García obtuvo Galicia y, finalmente, Alfonso VI regentó León y Asturias. Por otro lado, estaban también a su suerte la monarquía de Aragón y el condado de Barcelona. En el bloque musulmán, la fragmentación no resultaba menor. El antiguo califato de Córdoba era ya un recuerdo y había dado paso a una serie de débiles taifas que pagaban tributo a los reyes cristianos a cambio de protección, paz y estabilidad.

En consecuencia, todo quedó bien dispuesto para encender la llama de infinitas intrigas patrimoniales,  intereses cruzados, guerras fratricidas y ambiciones territoriales sin demasiado orden ni concierto. Sobre ese mar turbulento enseguida aprendió a navegar, a veces a favor de corriente y a veces contra ella, un caballero burgalés llamado Rodrigo Díaz y apodado el Cid Campeador. Curiosa combinación de términos que revela la gran consideración dada a este guerrero cristiano a uno y otro lado de cada frontera, puesto que “Cid” designaba en árabe a un “señor”, mientras que Campeador fue el sobrenombre romance aplicado a quien demostraba gran destreza en las batallas campales. Pero por encima de los apelativos grandilocuentes estaba la trayectoria histórica. Y rescatar o desligar la figura auténtica del “que en buena hora nació” de su proyección como mito continúa siendo hoy día una tarea sumamente complicada.

El Camino del Cid, tras los pasos del caballero medieval

EL CAMINO DEL CID es un itinerario turístico cultural que atraviesa las provincias de Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante, siguiendo los pasos del Cid histórico y literario a través de diversos recorridos de alto valor artístico, histórico y medioambiental. Se trata de un gigantesco escenario de más de 2.000 km donde el viajero podrá recrear los episodios más destacados del Cantar de mío Cid –el gran cantar de gesta hispánico y una de las obras clásicas de la literatura europea– y visitar otros lugares relacionados con el Cid histórico. El Camino del Cid no es una ruta lineal sino un conjunto de rutas tematizadas de entre 50 y 300 km enlazadas entre sí desde Vivar del Cid (Burgos) hasta Orihuela (Alicante). Como las rutas pueden combinarse, el viajero puede adaptar su viaje a los días que disponga para ello.

El itinerario puede recorrerse en coche o moto, en bicicleta cicloturista por carreteras secundarias, en bicicleta todoterreno por caminos rurales, o caminando. Cada modalidad tiene su propio trazado. Todas las rutas están señalizadas. En general, hasta llegar a la costa de la Comunidad Valenciana, el Camino del Cid discurre por territorios poco poblados, considerados de frontera durante la Edad Media. Buena parte de esa identidad se mantiene en la actualidad. Así, el viajero que inicie esta ruta, podrá conocer ocho Patrimonios de la Humanidad de origen medieval, 39 localidades declaradas conjunto histórico-artístico, setenta espacios naturales, más de doscientos castillos y atalayas y algunos ejemplos sobresalientes de arte románico, gótico, islámico y mudéjar. Más allá de su reconocido patrimonio, la clave de este itinerario se encuentra en la historia que une estos lugares –el Cantar de mío Cid– y da sentido al viaje.

En la página web del Consorcio Camino del Cid  se ofrece toda la información necesaria para organizarlo: mapas, tracks de ruta, guías de viaje, listados de alojamientos, oficinas de turismo, etc. El interesado encontrará aquí completa documentación escrita por especialistas de reconocido prestigio sobre el Cid –histórico y legendario– y el Cantar. La página web también incorpora información sobre el Salvoconducto, una credencial gratuita que se sella en las localidades de la ruta y con la que se pueden obtener descuentos en más de doscientos alojamientos del Camino del Cid.

Más información: www.caminodelcid.org
Teléfono: (00) (34) 947 256 240
Correo electrónico: info@caminodelcid.org

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