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El corazón “español” de Braveheart

Miércoles 06 de Abril, 2016
Robert I The Bruce de Escocia, el verdadero Braveheart, pidió antes de morir que su corazón fuera llevado a Tierra Santa. Lo que nadie podía imaginar es que la aventura acabaría teniendo un desenlace en la península Ibérica. ¿Qué pasó con aquel corazón valiente?
Estatua de Robert The Bruce. (c) Josep Guijarro

En lo alto del cerro Teba, a 600 metros sobre el nivel del mar, dominando el curso del río Guadalteba y su campiña, se alzan los restos del Castillo de la Estrella. A sus pies se enrige la Villa de Teba, en la provincia de Málaga, que mantiene sus casas populares y señoriales así como sinuoso trazado urbano que le valió ser declarado en 1931 Conjunto Histórico Artístico.

Este castillo fue protagonista de una guerra de frontera, pues constituía el lugar de control del corredor natural que unía la cristiana Andalucía Occidental con el Levante Peninsular islámico.

En agosto 1330, dentro de una afrenta mayor contra el reino nazarí de Granada, un ejército comandado por el belicoso  rey Alfonso XI se dirigió a Teba para tomar el castillo. Una semana después de empezar el asedio se presentaría el principal escollo al que debían hacer frente las tropas cristianas; la llegada desde Granada del enemigo musulmán, el temido general benimerín Ozmín.

Mientras esto sucedía en la península Ibérica, Robert I The Bruce, el verdadero Braveheart, moría  en Cardross, Escocia, no sin antes pedirle a sus compañeros de armas un último deseo: que llevaran su corazón a reposar a Tierra Santa.

El encargado de realizar esta última voluntad, según cuenta Mado Martínez en el número de abril de Historia de Iberia Vieja, fue Sir James Douglas.

El corazón embalsamado de Robert I The Bruce fue depositado en una pequeña urna de plata para ser llevado a Jerusalén. La comitiva partió de Montrose junto a seis caballeros y veintiséis escuderos. Cruzaron el Canal de la Mancha y  desembarcaron en Flandes. Allí se les unieron otros caballeros, fascinados por la noble y mística causa de aquellos escoceses. Sin embargo, antes de partir hacia Tierra Santa, decidieron peregrinar a Santiago de Compostela y ganarse el jubileo.

Otros testimonios en cambio, como el del erudito escocés, Joseph Bain, que en 1879 estuvo en España buscando documentos sobre su país, en unas notas que publicó habla de una gran piedra gris que había cerca del puerto de Santander en Vizcaya y que era “… un recuerdo a un gran guerrero llamado El Dugla, que había venido hacía mucho tiempo a luchar contra los infieles en España”

De una forma o de otra, fue seguramente la peor decisión de sus vidas porque, como asegura Mado Martínez en su reportaje, durante el trayecto, "se enteraron de que el Papa había declarado la guerra que Alfonso XI de Castilla acaba de iniciar en Teba como una Cruzada en toda regla. Así que la comitiva caballeresca deliberó, con toda la lógica del mundo, que la tierra de las Cruzadas ya no les quedaba tan lejos, porque la tenían allí mismo, en la península ibérica."

Fue así como el séquito puso rumbo a Sevilla, donde el regente Alfonso XI de Castilla los recibió con gran pompa y distinción y el destino de aquel corazón valiente, acabó siendo muy distinto al que en un principio habían imaginado los actores de esta peculiar empresa.

Douglas y sus hombres se unieron al ejército del regente y marcharon hacia Teba, en la frontera del al-Ándalus, prestos a luchar
en la guerra santa contra los sarracenos, con el corazón de Braveheart como estandarte. Tal era la talla militar de Douglas que, según dicen, Alfonso XI reconoció al instante su valía y le puso al mando de las huestes extranjeras no sin antes advertirle que no cayeran en las redes de una de las emboscadas favoritas del enemigo musulmán, conocida como “torna e fuye” (ataca, torna y huye). Le valió de poco.
John Barbour cuenta que los musulmanes comprendiendo que no podían vencer, decidieron huir precipitadamente a sus campamentos del Turón. Douglas los persiguió con una docena de hombres, pero al comprobar que se encuentran solos decide volver. Es entonces cuando los musulmanes rodean a Sir William Sinclair. Sir James corre a ayudarle con los suyos, pero son rodeados por un enemigo más numeroso y acaban siendo masacrados.
Fue en aquel momento cuando, según reza la leyenda, Douglas cogió el relicario con el corazón de Bruce, y lo lanzó lejos del alcance del
enemigo, diciendo: “Muéstrame el camino, corazón valiente, como siempre hacías, que yo te seguiré o moriré”.
 
Descubre todo sobre el corazón de Braveheart en España en el número 130 (abril 2016) de la revista Historia de Iberia Vieja
 
Robert Bruce y sus tropas en modo Dios/Wallace cargando contra los ingleses en la decisiva batalla de Bannockburn.

 

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