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¿A quién beneficiaba el testamento de Isabel 'La Católica'?

Miércoles 11 de Mayo, 2016
El testamento de la reina Isabel la Católica es uno de esos documentos que ponen un punto de referencia en los archivos históricos. ¿Quién lo redactó realmente? ¿Qué influencias literarias, filosóficas o espirituales, pueden deducirse en él?
Doña Isabel la Católica dictando su testamento

Doña Isabel la Católica dictando su testamento de Eduardo Rosales es, posiblemente, la obra cumbre de la pintura de historia del siglo XIX que marcaría la decisiva transformación de este género en España. Este pintor purista lo ejecutó en 1864, sobre un lienzo de cuatro metros de ancho por 2,90 m. de alto y representa –como dice su título— el momento en el que la reina Isabel I de Castilla dicta su testamento en su lecho de muerte

Isabel I, llamada también Isabel la Católica, se fue de este mundo dejando bien atado el porvenir de su hija. Dicta su testamento en lengua materna el 12 de octubre de 1504 y, tres días antes de morir, el 23 de noviembre firma un codicilo en presencia del mismo notario, Gaspar de Gricio, y de cinco de los siete testigos que habían asistido a la firma de sus últimas voluntades. El acto tiene lugar en Medina del Campo y declara heredera universal de todos sus reinos y de todos sus bienes a su hija primogénita, la princesa Juana I de Castilla, archiduquesa de Austria y duquesa de Borgoña. Eso sí. Incluyó una cláusula que decía que en el supuesto de que estuviera ausente de sus reinos o no pudiera gobernarlos, sería Fernando, su padre, el gobernador hasta que su nieto, el infante Carlos, hijo primogénito de Juana y Felipe el Hermoso cumpliera veinte años y pueda gobernar. Lo que para algunos historiadores demuestra las reservas de la reina con respecto a su hija.

Como el de todos los monarcas, el testamento de Isabel 'La Católica' es muy extenso. Deja encargado, por ejemplo, que se den ciertas cosas a su servicio, a los que la habían atendido y a gente cercana a ella. También encarga cuestiones políticas del reino como que se devolvieran rentas y privilegios o que se aclarara la situación de Alfaro y Laguardia, si pertenecían a Castilla o a Navarra.

Los indígenas del Nuevo Mundo también salían bien parados en el testamento firmado en Medina del Campo ya que los considera “súbditos libres con los mismos derechos que los de aquí.”

La reina añadió dos consideraciones más a sus últimas voluntades. La primera era que no había que cejar en la conquista de África y pugnar contra los moros, tradicionales enemigos de España como explicamos en nuestra edición de mayo de Historia de Iberia Vieja. A su entender, de no ser vencidos, intentarían nuevamente la invasión.

La segunda era la seria advertencia de que España no debía ceder nunca la plaza de Gibraltar, ya que si dominaba el Estrecho, salvaguardaría su libertad frente a futuros ataques islámicos. Si Isabel levantara la cabeza...

La reina lo previó todo. Su cuerpo tenía que reposar en Granada y durante el trayecto de su cortejo fúnebre mandó reposar en conventos franciscanos.

Isabel la Católica quiso descansar para siempre en el Convento de San Francisco en Granada: "Debía ser trasladada allí con el cuerpo completo. Pero si hubiese algún impedimento, mientras tanto, tenía que ser enterrada en San Juan de los Reyes o en un monasterio de Segovia."

Además en el testamento ya se hablaba de la fundación de la Capilla Real en Granada, donde hoy se puede encontrar su sepultura.

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