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El “templario” que traicionó a Alfonso X

Lunes 28 de Noviembre, 2016
En la segunda mitad del siglo XIII, un grupo de nobles castellanos –entre los que se encontraba el infante don Felipe de Castilla– se rebeló contra el rey Sabio, iniciando una conjura que tendría en jaque al monarca durante varios años, obligándole a reducir su poder sobre la nobleza…
JAVIER GARCÍA BLANCO

Durante más de setecientos años, un "ejército" de peregrinos ha visitado el interior de la iglesia de Santa María de Villalcázar de Sirga (Palencia), un hermoso templo gótico que, pese a estar ubicado en lo que hoy es una pequeña localidad palentina, puede presumir de ser uno de los hitos más importantes del Camino De Santiago.

Y allí, en el interior del recinto sagrado, construido entre los siglos XII y XIV por la entonces poderosa orden del Temple, se custodian desde hace siglos varios sepulcros góticos de gran calidad artística y enorme interés histórico, cobijados bajo la cubierta de la capilla de Santiago. Dichos monumentos funerarios, y en especial dos de ellos –que forman un pendant, es decir, van en pareja–, han estado durante mucho tiempo rodeados de incógnitas, pues uno de sus ocupantes jugó un papel capital en una de las conjuras políticas más singulares de toda la Edad Media española.

En 1897, una de las tumbas en pendant, la correspondiente a un varón, fue abierta por la Comisión de Monumentos Provinciales y, para sorpresa de todos los presentes, en su interior apareció la momia de un hombre de unos dos metros de altura, una talla sin duda excepcional para un varón que vivió en la Castilla del siglo XIII.

El túmulo funerario, de forma rectangular, presenta una talla a tamaño natural del finado, ataviado como caballero, con las piernas cruzadas y la espada desenvainada.

Los laterales del sepulcro, por el contrario, representan distintas escenas fúnebres, desde el lecho del moribundo hasta su funeral, incluyendo también una procesión formada por el caballo del fi nado sin jinete –algo habitual en las representaciones funerarias medievales–, caballeros y miembros de distintas órdenes religiosas, que acompañan al difunto. La parte inferior de la tumba está a su vez decorada con escudos nobiliares y la inconfundible cruz de la orden del Temple. Teniendo en cuenta que la iglesia perteneció a estos monjes guerreros, y que el sepulcro está decorado con escudos de la orden, todo parece indicar que el allí sepultado fue un destacado milites templi.

Sin embargo, el difunto no es otro que el infante don Felipe de Castilla, hijo del rey Fernando III y hermano del poderoso Alfonso X el Sabio. Durante muchos años, los historiadores han debatido la razón de la presencia de la tumba del infante en el templo palentino, pues no siempre estuvo clara su pertenencia a la orden de monjes guerreros. Curiosamente, la interpretación de la iconografía del sepulcro –una de las más singulares de la España medieval– arroja una lectura sorprendente que no solo parece despejar la incógnita de la filiación templaria del infante, sino que también refuerza la fascinante lucha de poder que existió entre el infante don Felipe y su hermano el rey Alfonso.

UN INFANTE REBELDE
Siendo el quinto hijo del matrimonio entre Fernando III y la reina Beatriz de Suabia, el destino del infante Felipe (nacido en 1231) parecía escrito de antemano pues, en su condición de “segundón” en la línea sucesoria, se pensó que la carrera eclesiástica era la mejor opción para aquel varón de la familia real sin opciones de ocupar el trono de Castilla, al igual que sucedió con su hermano, el infante Sancho.

Javier García Blanco desarrolla en nuestro tema de portada el perfil biográfico del infante Felipe y cómo se gesta la conjura  contra el rey Sabio.

Los acontecimientos de este singular episodio aparecen descritos en un total de 38 capítulos de  la Crónica de Alfonso X, un texto atribuido a Fernán Sánchez de Valladolid, canciller del sello de la poridad de Alfonso XI.

Aunque en dicho texto se atribuye el levantamiento de los nobles contra el rey Sabio a diversos desencuentros y perdida de privilegios (en especial relacionados con la instauración del nuevo Fuero Real y los excesivos diezmos y pagos), los últimos estudios, como los realizados por Julio Escalona (Los nobles contra su rey, Instituto de Historia del CSIC) parecen indicar que el verdadero detonante de la revuelta pudo haber sido la oposición de los magnates castellanos a las ambiciones imperiales de Alfonso X.

Aunque en 1256 el rey Sabio había visto frustradas sus aspiraciones al trono imperial tras el triunfo de Ricardo de Cornualles, el monarca nunca renunció del todo a ellas, y en 1270-71 dio inicio a la última fase del llamado Fecho del Imperio con la intención de lograr al fi n su ansiado objetivo. Apenas un año más tarde, y sin un motivo claro y evidente –a pesar de las reivindicaciones de los magnates–, los más destacados nobles castellanos, con los Castro, los Haro y, sobre todo, los Lara a la cabeza, se confabularon para enfrentarse al rey. La primera reunión secreta tuvo lugar en la localidad de Lerma. Allí se dieron cita Nuño González de Lara el Bueno, Simón Ruiz de los Cameros, Lope Díaz III de Haro, Esteban Fernández de Castro y el mismísimo infante don Felipe, hermano del rey. Aunque no están claras las razones que llevaron al infante a sumarse a aquella conjura, lo más probable es que se debiera a sus vínculos familiares con la Casa de Lara, fruto de su matrimonio con Leonor Rodríguez de Castro, sobrina de Nuño González de Lara. En cualquier caso, tras el encuentro de Lerma los nobles acordaron hacer causa común contra el rey para defender sus derechos –hay que recordar que algunas de estas casas nobiliares habían sido enemigos irreconciliables durante largo tiempo–, y el infante Felipe se sumó con el mismo fervor que sus colegas.

La revuelta finalizó en los últimos meses de 1273, después de que Alfonso X accediera a cumplir la mayor parte de los requerimientos

Lee el reportaje completo en Historia de Iberia Vieja nº138, de diciembre de 2016

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