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Las batallas olvidadas del Cardenal-Infante Fernando de Austria

Miércoles 25 de Mayo, 2016
Tras haber aplastado a los suecos, el Cardenal-Infante don Fernando de Austria se hizo cargo del Ejército de Flandes para detener a Holanda en el norte y enfrentarse a Francia, en el sur, que acababa de entrar en guerra. Fernando defendió nuestras posesiones como si de una gigante fortaleza asediada se tratara, aislado y con limitados recursos de Madrid, obtuvo una serie de grandes victorias

En otoño de 1634 don Fernando de Austria llegó a Bruselas cubierto de gloria tras haberse abierto paso a la fuerza desde Italia a través de media Alemania y haber destruido al imparable ejército sueco en Nördlingen. De hecho, tras esta batalla decisiva, el curso de la Guerra de los 30 Años cambió por completo, y Richelieu, tras quince años de guerra fría con España, se decidió a intervenir en el conflicto formalmente.

El origen de su apodo, el Cardenal-Infante, provenía de haber sido nombrado arzobispo y cardenal de Toledo con tan sólo 9 años, y ser a la vez un niño, e infante o príncipe de España. Y es que don Fernando era hermano menor del rey de España, Felipe IV y estaba emparentado con las principales monarquías de la época.

Como nos cuenta  Javier García de Gabiola en el número de junio (132) de la revista Historia de Iberia Vieja, Fernando de Austria demostró ser un brillante comandante y administrador con tan sólo 25 años.

Sabía manejar hábilmente a sus subordinados delegando en ellos muchas veces sus operaciones militares, y era un hombre flexible a quien no le importaba desafiar las instrucciones del Conde-Duque de Olivares si era necesario. De hecho, fue su gobierno lo que salvó Flandes para España del peligro que se avecinaba en 1635.

A la llegada del Cardenal-Infante al gobierno de los Países Bajos Españoles, el Ejército de Flandes parecía una máquina formidable: lo componían unos 80.000 soldados, incluyendo a las tropas leales flamencas. Sin embargo, tales cifras eran engañosas. Con la entrada en guerra de Francia hubo que reforzar las guarniciones del sur, hasta entonces un tanto abandonadas, de modo que de este grueso por lo menos 44.000 infantes fueron destinados a las fortalezas. Como un 20% de las tropas además estaban enfermas o sólo existían sobre el papel, sólo quedaban unos 20.000 combatientes para el ejército de campaña. Frente a ellos, ya Holanda contaba con unos 71.000 hombres, de los que unos 15-20.000 formarían las tropas móviles. Además, Francia equiparía cada año entre dos y tres ejércitos contra Flandes, de unos 10-20.000 soldados cada uno (los ejércitos de Flandes, Champaña y Las Ardenas) de modo que la situación del Cardenal-Infante era delicada.

Los franceses destinaban el grueso de sus tropas a campaña, distrayendo muy pocas para las fortalezas. Ello hacía que el grueso de sus tropas estuviera disponible para campañas móviles, pudiendo obtener grandes triunfos, pero también una derrota abriría las fronteras francesas, como sucedió en 1635-36.

En cambio, tanto españoles como holandeses daban más importancia a proteger sus posesiones destinando casi dos tercios de sus tropas a defender sus cientos de plazas, de modo que aunque se produjera una debacle, el derrumbamiento de sus defensas era casi imposible, razón por la que la guerra de Flandes, a diferencia de lo que pasaba en Alemania, era una lucha de posiciones que se eternizaba, en la que los avances se medían por decenas de kilómetros.

En el reportaje «Las victorias olvidadas del Cardenal Infante» repasamos los triunfos de Lovaina, Kallo y Saint Omer, e incluso la firme amenaza a París y el corazón de Holanda. Pero todo acabó cuando el Camino Español fue cortado definitivamente en Alsacia y la posición del Cardenal-Infante pasó a ser desesperada.

Descubre las batallas olvidadas de Fernando de Austria en el número de junio de Historia de Iberia Vieja

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