Se encuentra usted aquí

LOS DUEÑOS DEL MAR

Jueves 27 de Noviembre, 2008
La historia de la navegación en la península Ibérica se remonta a una Antigüedad que se pierde en la noche de los tiempos. Pero, si hay un hito en este devenir, fue el descubrimiento de América en 1492, que abrió nuevas rutas comerciales e inauguró una nueva era en la construcción de los barcos. En Historia de Iberia Vieja, nos hemos hecho a la mar y, con el firme timón del capitán de navío Marcelino González, revisamos algunos de los momentos estelares de nuestra historia naval, como su Edad de Oro, que tuvo lugar en el siglo XVIII o la construcción a finales del XIX del acorazado Pelayo. Por: Marcelino González / Jesús Callejo / Javier Martín

Libros Recomendados :
MEMORIA DE ESPAÑA
EL LABERINTO ESPAÑOL

¡ Visita nuestra Tienda !
A finales del siglo XV y en el XVI, España amplió de forma considerable el mundo conocido. Encontró nuevas tierras, localizó grandes fuentes de recursos y abrió enormes rutas comerciales por mar, que tuvo que mantener y defender. Y lo consiguió con una gran marina mercante y una fuerte marina de guerra. Ambos fueron fruto de una buena construcción naval que, con altos y bajos, se mantuvo a lo largo de los siglos XVI y XVII, y tuvo su edad de oro en el XVIII, lo que le permitió mantener durante tres siglos un relativo control del Atlántico y en cierto modo del Pacífico, para que el tráfico de la Carrera de Indias y el galeón de Manila pudiesen transportar personal, material y riquezas entre las tierras de ultramar y la metrópoli.
Durante el siglo XIX, nos encontramos, por su parte, con un acorazado histórico: El Pelayo, entregado a la Armada en 1888. Fue un barco que, por altos y bajos de la situación política, disparidades de criterios y cambios de planes, quedó como único de su clase, lo que le valió el sobrenombre de Solitario. Su construcción comenzó en febrero de 1885, y el capitán de navío Pascual Cervera y Topete –que iba a ser su primer comandante– efectuó el seguimiento de las obras. Botado el 5 de febrero de 1887 en una vistosa ceremonia, por demoras en la fabricación del blindaje, las obras a flote sufrieron retrasos y las pruebas de mar se realizaron en agosto de 1888, cuando el barco alcanzó los 16,2 nudos. Pendiente de recibir algunos equipos y sin tener artillería principal, fue entregado a la Armada en una bella ceremonia el 9 de septiembre de 1888, fecha en que la bandera nacional fue izada a bordo y Cervera tomó el mando. Su coste, sin artillería ni otros pertrechos, ascendió a unos 22 millones de pesetas.
Y es que la historia de la navegación en España da para mucho, y entre sus hitos más señalados se encuentra la era de los descubridores. Si algún guionista busca argumento para una película llena de trepidantes aventuras, que se lea antes la biografía de este conquistador español, nacido en Jerez de la Frontera. No hay muchos datos sobre él hasta que tomó parte en la expedición del desdichado -y un tanto gafe- Pánfilo de Narváez. La expedición partió a la península de la Florida que “a 17 días del mes de junio de 1527” salieron del puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda con órdenes expresas del emperador Carlos I de “conquistar y gobernar las provincias que están desde el río de las Palmas hasta el cabo de la Florida”, el mismo puerto del que años más tarde saldría Sarmiento de Gamboa rumbo al Estrecho de Magallanes al mando de una impresionante expedición compuesta por 23 naves y 4.000 hombres.
Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario