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Hawaii, un paraíso español

Martes 31 de Enero, 2017
Mucho antes de la creación de la superpotencia que hoy es Estados Unidos, estuvieron allí, y exploraron esos mares y sus islas, marinos y soldados españoles, desde Filipinas a Hawaii, Guam, Guaján, Carolinas… habiendo avistado también Nueva Zelanda y Australia, cuyo nombre dieron en honor a sus reyes.

LA HISTORIA ANGLOSAJONA atribuye el descubrimiento del archipiélago hawaiano (antes conocidas como islas Sandwich) a James Cook. Sus cronistas no quieren ver que antes de esta fecha ya se habían publicado numerosas cartas marinas, la primera de ellas fechada en 1551,firmadas por cartógrafos españoles, portugueses, holandeses, italianos y franceses, en las que se puede ver un archipiélago situado en puntos cercanos al lugar que estas ocupan en el globo terráqueo, y no se puede argumentar que representen otros grupos de islas, ya que hay que alejarse cientos de millas de Hawaii para poder encontrar nuevas tierras, por lo tanto su identificación no alberga duda.

Cook afirma en su diario derrotero que no encontró tales islas, a las que cita, pues estaban situadas en los mapas que llevaba; las coloca desplazadas en el nuevo mapa que dibuja, afirmando que no las encuentra pero que en cambio ha visto estas islas nuevas, a las que renombra, rebautizándolas y apropiándose de su descubrimiento. Además, se muestra sorprendido del atuendo floral indígena de capa corta con colores rojo y amarillo, imitando al terciopelo, y casquete con plumero, y al ver objetos metálicos en poder de los nativos similares a puntas de alabardas o refuerzos metálicos como los que se colocaban en las bordas de las naves del XVII para apoyar las culebrinas.

José Antonio Crespo-Francés en su trabajo Españoles olvidados de Norteamérica (Actas Editorial) asegura que los españoles tenían la capacidad de explorar el océano Pacífico. De hecho, los galeones españoles dominaron el comercio transpacífico durante dos siglos y medio, y fueron expediciones españolas las que descubrieron la ruta entre Asia y América. Fueron navegantes españoles los que descubrieron las Marianas, las Carolinas y las Filipinas en el Pacífi co norte, así como las Tuvalu, las Marquesas, las Salomón y Nueva Guinea en el Pacífico sur.

Expediciones españolas en busca de la Terra Australis también descubrieron las islas Pitcairn y las Nuevas Hébridas, hoy Vanuatu, en el siglo XVII. Todavía hoy la isla principal del archipiélago de las Vanuatu se llama Espíritu Santo, bautizada así por Pedro Fernández de Quirós en 1606, y donde encontramos también las islas Torres y la de Pentecostés

En el reportaje que Crespo-Francés publica en el nº140 de Historia de Iberia Vieja queda claro que Ruy López de Villalobos partió desde Acapulco en 1542 llevando como piloto al sevillano Juan Gaetano o Gaytán, que describió las islas del Rey, luego Hawaii en 1555, siendo el primer europeo que allí llegó.

Torreperogil, pequeña localidad ubicada junto a Úbeda, puede presumir de que uno de sus convecinos descubrió para el mundo occidental el archipiélago que más lejos se encuentra de cualquier tierra firme, a más de 3.611 kilómetros de América y 5.074 de Asia continental. Cuando Gaitán era mozo corría por toda España la fiebre del descubrimiento y todo joven amante soñaba con cruzar el Atlántico para hallar riquezas. Se enrola primero en la flota destinada a socorrer a Hernán Cortés empeñado en la conquista de México. En 1533 inicia sus aventuras marineras por la “Mar del Sur”, hasta conocer al malagueño Villalobos, atrapándole en su proyecto. Cuatrocientos hombres embarcan en cuatro naves, un bergantín y una goleta, en el puerto de Juan Gallego, conocido como de Navidad, partiendo en dirección oeste en noviembre de 1542 la víspera del día de Todos los Santos.

UN OCÉANO INTERMINABLE
La flota navega hacia poniente, para alcanzar en algo más de una semana la isla Anublada, donde hacen una breve escala con el fin de reponer sus siempre escasos alimentos frescos, rellenar sus pipas de agua dulce y acopiar leña. Descubren la isla de Santo Tomás, la Anublada y Roca Partida, en las islas hoy nombradas de Revillagigedo.

Este primer descubrimiento les anima a seguir manteniendo el mismo rumbo, los alisios de este interminable océano, que en estas latitudes soplan permanentemente hacia el oeste y les permiten sacar todas sus velas al viento.

Siempre acompañados de buena meteorología van dejando tras de sí, después de seis semanas de navegación, navegando al norte y luego al oeste, una estela que alcanza los 4.074 kilómetros, que les llevaría hasta las Marshall, pero antes habían desembarcado en un desconocido grupo de islas, las que conforman el archipiélago Hawaii, a las que ellos denominan islas del Rey, como isla Mesa, por la montaña de Mauna Loa, Desgraciada, que coincide con Maui, Vecina y los Monjes, hoy llamadas Kahoolawe, Lanai y Molokai, Farfana y los Bolcanes, refl ejadas en el mapa de Ortelius de 1587. Incluso Laperousse reafi rma que la isla que tiene el volcán Mauna Loa por su forma debió de mantener el nombre de Mesa dado por la expedición de Villalobos.

Cuando caminan por sus valles y sus montañas, les llama la atención la flora y la fauna que pueblan estas tierras, y entre los frutos que se atreven a probar, destaca uno de ellos, que luego pasó a ser el objetivo de numerosas expediciones marítimas, aquel que produce el llamado “árbol del pan”, ya que cuando lo comen les recuerda el sabor de aquellos chuscos elaborados con harina de trigo que comían en España.

Tras alcanzar Filipinas, Gaitán pierde dos de sus barcos y tiene que enfrentarse en diversas ocasiones a los indios que pueblan la isla de Sarangani, que se oponen a que se aprovisionen de agua y alimentos. Muchos son los tripulantes que pierden su vida en estos encuentros y no sabemos si uno de ellos fue este piloto sevillano. Navegando hacia el sur y el occidente, Villalobos alcanza Filipinas, sigue navegando hasta las Molucas, e intenta el regreso, aunque sin lograrlo.

Si los españoles encontraron Hawaii, no publicaron sus resultados y el descubrimiento habría permanecido desconocido

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