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JUANA LA LOCA

Sábado 10 de Enero, 2009
Juana fue hija de reyes (Isabel de Castilla y Fernando de Aragón), esposa de rey (Felipe el Hermoso) y madre de rey (Carlos V), pero jamás llegó a reinar. Triste es su historia y triste fue su final, recluida durante casi 47 años en el castillo de Tordesillas vestida siempre de negro, recordando los momentos en que fue feliz con su marido, no demasiados es verdad, pero muy intensos. Por: Jesús Callejo


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Cada vez que oímos hablar de ella nos viene a la mente un famoso cuadro pintado por Francisco Pradilla en el año 1877 donde intentó plasmar una de las escenas más emotivas y macabras dentro de la vida de la reina Juana, me refiero a cuando está velando el féretro de su marido flanqueado por dos velones mortuorios en medio de una ráfaga de viento en su traslado hacia la ciudad de Granada para enterrarlo. Pues bien, a su alrededor hay unas plañideras que lloran desconsoladas por la muerte del joven monarca Felipe. Es un error de bulto ya que el pintor desconoce una realidad histórica: que la reina, que ya estaba enajenada en esas fechas, no permitía que ninguna mujer se acercara al féretro de su marido. Sus celos eran tan enfermizos que la comitiva viajaba siempre de noche alejándose de los lugares donde las mujeres no pudieran tener contacto con el cortejo. Llegó hasta el extremo de que ni siquiera acamparon en conventos de monjas por ese mismo motivo.

Durante su infancia en Toledo mostró unas inclinaciones que iban más por los caminos de la espiritualidad que de los juegos mundanos. No le interesaban los chicos aunque sabía que los asuntos de estado estaban por encima de esas veleidades religiosas e intuía que no terminaría como monja dentro de un convento, como era su más intimo deseo. Los Reyes Católicos tenían en mente casar a sus hijos con príncipes y reyes foráneos para fortalecer una unión política y estratégica que fuera eficaz en el futuro contra su archienemigo Francia. Y cuando cumplió los 16 años su futuro estaba ya decidido. La jugada de sus padres fue doble: casaban a su hijo Juan con la princesa Margarita de Austria y a su hija Juana con Felipe el Hermoso, conde de Flandes, ambos hijos del emperador Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña. Como suele ocurrir en estos casos, los dos hermanos no estaban muy entusiasmados con esta decisión que les obliga a casarse con dos auténticos desconocidos, dos personas de la lejana Austria sin saber como eran física y emocionalmente. Los retratos que se enviaron las respectivas embajadas no eran muy de fiar pues siempre se realzaba una belleza escasa o inexistente para que el soponcio no fuera inmediato. Pero Juan y Juana acataron las órdenes esperando al menos que sus respectivos cónyuges fueran un poco agraciados.

Juana era la tercera de seis hermanos y con escasas posibilidades de alcanzar el trono por derechos sucesorios. Todo lo tenía en contra para llegar algún día a ser la reina de Castilla y Aragón y por una serie de azares del destino lo llegó a ser, aunque no llegara nunca a reinar de pleno derecho. Tenía gran facilidad para aprender idiomas y al poco tiempo aprende el francés y el flamenco, que le sería muy útil para el viaje que estaba a punto de emprender a Flandes.
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