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El Palacio Real de Olite

Jueves 30 de Junio, 2016
Palacio de los Reyes de Navarra de Olite, Palacio Real de Olite o Castillo de Olite. Cualquiera de estos nombres sirve para designar esta bella fortificación en Navarra. Una construcción a caballo entre lo cortesano y lo militar. Carlos III, la convirtió en una de las sedes de la Corte del Reino de Navarra. Por Alberto Frutos.
Palacio Real de Olite, Navarra

Tras viajar con nuestro compañero Óscar Herradón por la España del siglo XV, nos detenemos en esta página en el Palacio Real de Olite, corte de los reyes navarros hasta 1512. Durante la Edad Media, fue uno de los focos culturales más vigorosos de Europa, asombro de los viajeros de fuera y gancho para los amantes de los torneos y las justas. Su lenguaje gótico nos habla del esplendor de la corte de Carlos III "el Noble", abuelo del Príncipe de Viana, pero también, claro, de la fragilidad de todos los sueños.

El encanto de Olite está en que tanto el pintoresco entorno como el castillo parecen salidos de un cuento. 

Porque los “palacios reales” de Olite que hoy recorremos son hijos del ocaso y de su tardío amanecer. La guerra de la Independencia castigó sus muros –Espoz y Mona tiró por la calle de en medio y, en 1813, lo incendió para que el enemigo francés no anidara en sus torres–; y no fue hasta el primer cuarto del siglo XX cuando los arquitectos José y Javier Yárnoz Larrosa se empeñaron en redimir sus ruinas. Lo tenían claro. Para estos hermanos, restaurar no era “solamente conservar lo existente, sino reproducir para su perpetuación lo que antes hubo merecedor de perdurabilidad”.

La fantasía es un arte

¿No es fascinante este arte? Hace poco, los más puristas cuestionaban los trabajos de consolidación llevados a cabo en el castillo de Matrera (Villamartín, Cádiz), que al poco eran reconocidos con el premio Architizer A+ en la categoría de preservación. De la noche a la mañana, su artífice, Carlos Quevedo Rojas, pasó de ser comparado con la Cecilia Jiménez del Ecce Homo a cosechar los aplausos de sus compañeros de profesión en Nueva York.

Quienes visitan Olite pueden tener la impresión de haber despertado en un reino de fantasía tras morder la manzana del cuento. Ahí radica en parte su encanto, y ahí también el desencanto de algunos, que censuran su pintoresquismo y las licencias románticas del conjunto. La sombra de Viollet-le-Duc, el arquitecto francés que reinventó la Edad Media en Carcasona, seguía siendo muy alargada: así, en Olite nos sentimos caballeros de la hermandad prerrafaelita y la bella dama sin piedad nos hace presos. Pero yo soy de los que compran este decorado. Al fin y al cabo, la techné griega que sustenta la etimología de “arquitectura” se puede traducir también como “creación” o “invención”.

El Castillo de Olite quedó muy destruido tras la guerra de la Independencia. Los hermanos arquitectos José y Javier Yárnoz Larrosa se encargaron de su reconstrucción. 

Esto de ahora no lo es. En las galerías subterráneas del castillo, a las que se accede por la misma plaza de Carlos III, tuve la oportunidad de ver una exposición, en uno de cuyos paneles leí la curiosa historia de Felipe III de Borgoña, llamado el Bueno. En 1461, tras quedarse calvo, impuso a sus súbditos que se afeitaran la cabeza para sentirse acompañado en su alopecia. ¡Todo un influencer, el amigo!

España es tierra de castillos, las ciudades buscaban blindarse de ataques y enemigos y por ello este tipo de fortificaciones proflieraron en la Edad Media. Estos son algunos de los más representativos castillos de España.

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