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Los perros en la conquista de América

Martes 07 de Febrero, 2017
Cristóbal Colón fue el primero en utilizar perros en las campañas de Jamaica y La Española, entre 1494 y 1495. El uso de estos animales se prolongaría a lo largo de toda la colonización española. Algunos han pasado a la Historia por los crueles servicios a que los obligaron sus amos, que los utilizaron como máquinas de matar contra los nativos.
Ángel Sánchez Crespo

"Muy gran guerra haze acá un perro, tanto que se tiene a presçio su compañía como diez hombres, y tenemos dellos gran necesidad”. Esta era la opinión de Cristóbal Colón al respecto de los perros, aquellos que con sus hombres y naves viajaron a América. El almirante se refería a ellos en estos términos en su Relación del viaje a Cuba y Jamaica. No eran perros de compañía con los que disfrutar de un paseo por las nuevas tierras.

Los canes eran auténticas armas de guerra, tan eficaces por su fuerza y fiereza como por la sorpresa que causaban en los nativos, acostumbrados a un tipo de canes autóctonos, dóciles como ovejas e incapaces de protestar con un ladrido.

Mastines y alanos eran utilizados para el ataque, mientras que galgos, sabuesos y podencos lo eran para el rastreo. Los perros autóctonos, pequeños, regordetes y dóciles –gozques–, servían como alimento. Así lo cuenta el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que tuvo el gusto de probar uno de ellos untado con ajos castellanos, y que al respecto dice: “El caso es que todos los españoles que lo han probado, loan este manjar e dicen que les paresce no menos bien que cabritos”. Estos canes autóctonos sorprendieron a los españoles por su docilidad y silencio.

Colón afirma que no ladraban y Gonzalo Fernández de Oviedo, en su Historia general y natural de las Indias, sostiene: “Eran todos estos perros, aquí en esta e las otras islas, mudos, aunque los apaleasen ni los matasen, no sabían ladrar; algunos gañen o gimen bajo cuando les hacen mal”.

Los perros que llevaron los conquistadores españoles no solamente ladraban, rugían y atacaban. También actuaban como centinelas en los campamentos y revelaban la posición de los indígenas cuando pretendían hacer alguna  emboscada.

El empleo de perros con fines bélicos es tan antiguo como el mismo hecho de la convivencia entre el ser humano y estos animales. Ya los griegos nos dejaron testimonios suficientes de la fiereza y fidelidad del perro. El tirano de Feres hacía guardar su fortaleza con perros dogos. También los canes se usaron para defender la ciudadela de Corinto, en concreto con una guarnición de cincuenta perros.

Jenofonte o Aristóteles nos refieren escenas de perros “molosos”, es decir, de razas enormes como lo son nuestros mastines.

Los romanos llevaban a estos perros molosos al frente de las legiones: su papel era adentrase y desbaratar el orden de las líneas enemigas. No en vano, parece ser que nuestros mastines, a los que nos hemos referido, provienen de aquellos grandes perros que los romanos introdujeron en la conquista de Hispania.

Conoce quiénes eran Becerrillo, Leoncico o Bruto, algunos de los canes conquistadores, cuyos nombres han pasado a la historia en el nº 140 de la revista Historia de Iberia Vieja

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