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Templarios en España, hoy

Martes 07 de Junio, 2016
¿Quién, en nuestros días, puede invocar legítimamente la herencia espiritual del Temple? ¿Existe alguna organización que cuente con los archivos reales de la Orden? Por asombroso que parezca, en pleno siglo XXI proliferan las organizaciones neotemplarias. Conspiran en secreto a favor de algunos ideales medievales y tienen una notable influencia en la política y en la iglesia. ¿Quiénes son? ¿Cómo se organizan? Desvelamos aquí algunas claves. Por Josep Guijarro
Iniciación templaria en Valencia (c) www.levante-emv.com/

Una imponente hilera de antorchas dibujan el perfil de la sinuosa carretera que une Zamarramala con la iglesia templaria de la Veracruz, en Segovia. Como todos los Viernes Santo, el fuego ilumina el sendero a los augustos caballeros que cabalgan a lomos de su corcel. Cubren sus cuerpos con un manto blanco que lleva bordado en uno de sus costados una cruz roja. Se trata de los miembros de la Orden de la Cruz de Malta quienes se hicieron cargo de la Veracruz segoviana a partir del siglo XVII. Pero no se trata de una escena medieval, ni de una recreación cinematográfica, sino de una tradición ejecutada en la última Semana Santa, que mantiene viva una orden de caballería, en pleno siglo XXI. ¿Qué sentido tiene hoy la existencia de una orden caballeresca? ¿Mantiene parentesco con la orden del mismo nombre creada durante la Edad Media? ¿Cuál es su principal objetivo?

El legado templario
Todas estas cuestiones permanecen sin respuesta para la gran mayoría de la gente pues estos colectivos son, por definición, sociedades discretas (prefiero este adjetivo al de “secretas” pues conocemos de su existencia aunque no de todas sus actividades).

Entre todas las órdenes, la de los templarios es la que mayor interés y misterio despierta entre los interesados por los enigmas medievales. La razón reside, posiblemente, en los numerosos interrogantes relacionados con su larga permanencia en el Templo de Salomón, un recinto repleto de objetos mágicos y cuyas proporciones encerraban las claves del Universo (ver recuadro).

Durante casi dos siglos, esta orden de  monjes guerreros atesoró una tremenda fortuna económica, un poder político y religioso muy por encima de muchos estados y, además, desarrolló ritos secretos e iniciaciones objeto, en la actualidad, de todo tipo de especulaciones. Pero, ¿ha perdurado hasta nuestros días?

¿Nuevo temple o negocio?
Los historiadores aseguran que no con rotundidad. La ejecución de Jacques de Molay en marzo de 1314 frente a la Catedral de Notre Dame, en París, era el colofón de un vergonzoso proceso inquisitorial que supuso la “suspensión” de la poderosa Orden. A pesar de ello, explica el historiador Jesús Mestre i Godes, “la curia romana efectuó una lista en 1981 con todas las asociaciones o grupos que se definían como seguidores o sucesores del Temple: censaron cerca de  cuatrocientas. La mayoría –añade- son simples farsantes que explotan la credulidad de la gente adinerada entregándoles títulos majestuosos, medallas, etc. y recibiendo de ellos donaciones económicas”.

Parece que, efectivamente, tras muchas de estas organizaciones “templarias” hay un mercadeo de títulos nobiliarios, condecoraciones e influencias oligárquicas.

Eso, al menos, me confesaba Juan R., un guardia de seguridad interesado por los enigmas medievales, tras intentar ser “enredado” por un colectivo neotemplario radicado en Palma de Mallorca pero con conexiones en todo el mundo. Le pidieron 900 euros por investirle como freire nada menos que ¡en Roma! Y es que –me advierte- “los tentáculos de esta organización son muy poderosos. Yo tengo las llaves de la iglesia del Temple en Palma, el capellán de la Orden  es el Jefe del Tribunal Eclesiástico, el reverendo Antonio Pérez Ramos, y viene a darnos misa. También hay gente influyente del Partido Popular. Aquí –prosigue- se están haciendo cosas y se fomentan actividades culturales,  pero siempre piden dinero para todo.” Una cruz de hierro de las ocho beatitudes, por ejemplo, cuesta la friolera de 195 euros y hasta formar parte de la Orden con el grado de Escudero-postulante, el más elemental, supone pasar antes por caja. Los tiempos del voto de pobreza debieron quedar lejanos a pesar de que en su web se posicionen contra el materialismo, la impiedad y la tiranía en el mundo y a favor de la santidad del individuo y los valores espirituales de la existencia humana (sic).

El denominado Bailiazgo de Baleares forma parte del Gran Priorato de España, una iniciativa dependiente de la Orden Soberana Militar del Templo de Jerusalén de la que se autoproclama Gran Maestre y sucesor de la auténtica Orden del Temple un curioso personaje llamado Don Fernando Toro de Garland y Ruiz de Montilla. Dicen poseer más de 20.000 miembros en todo el mundo y legitiman ser los herederos de los templarios en base a un manuscrito autentificado por la medievalista italiana Bárbara Frale, de la Escuela Vaticana de Paleografía en la que se demuestra que el Papa Clemente V absolvió a los templarios de herejía. Ignoramos hasta dónde llega la influencia de esta orden de neotemplarios pero su Gran Maestre, Toro de Garland y Ruiz de Montilla fue invitado personalmente por el Prefecto Reverendo Sergio Pagano, del Archivo Secreto Vaticano, para ver el documento. Extraño ¿verdad? En cualquier caso, la existencia de este pergamino no prueba la continuidad de la Orden, sólo que los templarios pudieron no ser tan herejes como se creía hasta ahora. Pero, ¿se transmitió de algún modo la sucesión, los libros, las iniciaciones?

Muerte y resurrección de los templarios
Cuando las tropas de Felipe  el Hermoso penetraron en las encomiendas templarias el 13 de octubre de 1307, con el propósito de intervenir los bienes y los libros secretos del Temple, se “suspendió” temporalmente la Orden y se iniciaba un proceso inquisitorial que culminaría con la ejecución de su último Gran Maestre, Jacques de Molay. Tras tres años de duros pleitos con los reyes de Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y los reinos de España, los bienes debían ser repartidos a partes iguales entre los monarcas cristianos y la Orden del Hospital de San Juan que con el tiempo devendría en la Orden de Malta. Pero no se repartió ni una sola moneda de los mil quinientos cofres de oro, plata y piedras preciosas que el rey de Francia había visto en París. Todo el tesoro desapareció junto a los libros secretos de la Orden.

Sin embargo, en 1810, el abate Gregoire menciona en un estudio que Jacques de Molay no podía seguir viviendo con la conciencia de haber deshonrado al Temple con sus declaraciones a la Inquisición. En ellas reconocía haber negado los dogmas de la fe cristiana, de haber practicado la idolatría, de omitir la consagración del cuerpo de Nuestro Señor, de orinar o escupir sobre la cruz durante los ritos de iniciación y de sodomía. Por eso rectificó antes de morir en la hoguera y lo hizo, según el abate, escogiendo a un sucesor, un primado de la orden y comendador de Jerusalén, el misterioso Johannes Larmenius (1314-1324).

Algunos piensan que “Larmenius” corresponde a la voz francesa L’armenius, es decir, “el armenio” o alguien de familia noble y por tanto revestido de armiño. Son muchos los historiadores que rechazan la autenticidad de esta carta, basando sus objeciones en la traducción del latín original ya que se trata de un documento que se transcribe en una clave geométrica basada en la cruz paté.

Muchos, en virtud de ese documento, aseguran desde entonces ser los legítimos herederos de los conocimientos templarios aunque, en puridad, sólo corresponda a unos pocos ese derecho.

Los verdaderos herederos
En su huída hacia los reinos de España y Portugal, donde los templarios gozaron de inmunidad, tomaron distintas denominaciones; Orden de Montesa, Orden de Calatrava, Orden de Alcántara y de Santiago de la Espada, en España o la Orden de Cristo, en Portugal. Podría decirse que éstos tuvieron que asumir su propia herencia. “Incluso en Francia –asegura Michel Lamy- no todos los templarios fueron arrestados, algunos se escaparon y pudieron ser agentes de transmisión.” Para este especialista galo “si la Orden pudo sobrevivir de una forma u otra, sus mandatarios debieron, por lo menos, conocer el secreto.” Es sorprendente comprobar, sin embargo,  cómo los herederos “oficiales” no parecen haber transmitido ritos sospechosos de herejía. “Una prudencia elemental”, sugiere Lamy, aunque cabe otra posibilidad: que no dominaran esos ritos. “Esto –concluye- reafirma la convicción de que los rituales seguidos por los templarios no eran comprendidos por éstos en los tiempos finales de la Orden”.

Está de más señalar que ninguna de las órdenes posteriores vivió bajo las reglas monásticas del Temple ni poseyó, que se sepa, la llave de los conocimientos que por ejemplo, permitieron la construcción de las grandes catedrales góticas de Europa o el desarrollo de técnicas artesanales de forja o de cristal que rozaron la magia de la alquimia.

A pesar de esto, “hay gente honesta –recuerda Mestre- grupos fraternos que se amparan en la magia del nombre templario para llevar a cabo acciones benéficas o solidarias. Los Caballeros de la Alianza Templaria, por ejemplo, que luchan contra la droga; los de la Orden de los Caballeros del Santo Templo, que persiguen una finalidad moral. Otros grupos –concluye- como la Fraternidad Juanista para el Resurgir del Temple o la Orden de los Caballeros del Templo y la Madre de Dios se dedican al inefable trabajo de la alquimia”.

Otros, como advierte el Gran Maestre de la Orden Iluminati en España, Gabriel López de Rojas, “se han decantado por la política de extrema derecha”. En su Guía internacional de las sociedades secretas cita, por ejemplo, a la Ordo Templi Orientis (OTO) o la Orden de los Nuevos templarios de Lanz von Liebenfels, excéntrico personaje que se creía descendiente de un aristócrata medieval aunque en realidad sólo era el hijo de un modesto trabajador del ferrocarril. Liebenfels promovió entre los suyos la política racista de la extrema derecha alemana.

Masones o templarios
La tradición templaria, forjada en la sombra y la conspiración durante decenios, resurgió durante el siglo XVIII gracias a diversas organizaciones que aseguraron descender de aquellos monjes guerreros medievales. Es el caso de la llamada Estricta Observancia Templaria, una orden liderada por Carl von Hund que fomentó las prácticas místicas y esotéricas así como la subversión política.

La proliferación de estos grupos en Europa coincide en el tiempo con la fracmasonería. Sus ritos, sus locales, su discurso, incluso, se relaciona con el templo de Salomón pues su constructor Hiram Abiff es considerado el padre de los gremios de albañiles (maçons, en francés) a los que deben su existencia.

Es el caso de la aludida OTO, fundada por masones de alto grado que pretendían recuperar los valores templarios a través de la magia sexual y la religión.

En una línea distinta se posiciona el Gran Priorato de España, dependiente de la Orden Soberana Militar del Templo de Jerusalén (OSMTJ) que persigue el reconocimiento del Vaticano como continuadores del Temple medieval. Cuentan con sedes en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Noruega, Inglaterra, Escocia, Francia, Suiza, Italia y España. Su Prior, Joseph Juan Buixeda defiende la presencia del Temple hoy en base a que “no es suficiente con remover viejas piedras o viejos pergaminos para descubrir nuevas versiones de hechos pasados. La Orden –dice- debe de ser hoy activa y mimética con el entorno actual y promover aquellas actividades que propicien los cambios sociológicos necesarios para conseguir una sociedad más justa y el bienestar espiritual individual de las personas.

El pasado mes de diciembre llevaron a cabo en la villa de Pastrana la investidura de los nuevos Caballeros y Sargentos de este Gran Priorato. Esta localidad castellana perteneció a la Orden de Calatrava y fue acreedora de gratitud real tras el apoyo militar a la monarquía en la batalla de las Navas de Tolosa. También Madrid fue sede de un ritual parecido el pasado 24 de enero y lo será Roma el próximo mes de mayo. Su proyecto más ambicioso –nos confiesa Juan Ruiz- es, sin embargo, “la creación del Banco del Temple, con sede en Nueva York”, que centralizará los fondos de la OSMTJ y que espera devolver el esplendor y fortaleza económica de antaño a la moderna Orden templaria. Algo que nos pone los pelos de punta porque ya no sólo se trata  de vestir indumentaria medieval o llevar a cabo ritos de dudoso significado en los tiempos que vivimos sino de ejecutar un plan a gran escala en base a la defensa de los valores de la fe cuyo fin puede parecer poco menos que delirante. En su De laude novae militiae, San Bernardo reclamaba la necesidad de defender la fe por medio de la espada y cabe plantearse seriamente dónde están los límites de estos nuevos guerreros de Cristo.

Más datos en:

El tesoro oculto de los templarios. Josep Guijarro. Martínez Roca, 4ª edición, diciembre de 2002.

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