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Los tercios en Praga

Viernes 27 de Enero, 2017
Desde su creación en 1534 hasta su disolución en 1704, los tercios españoles llevaron a cabo largas campañas militares por diferentes países. Las defenestraciones de Praga fue el detonante de la Guerra de los Treinta Años. Una terrible guerra con motivaciones religiosas que desoló media Europa.

A principios del XVII una gran parte de la población de los Habsburgo austríacos era protestante, a pesar de que sus monarcas eran católicos. Ello dio lugar a muchas fricciones ya que la alta nobleza calvinista y luterana se había enriquecido apropiándose de las tierras de la Iglesia, privando precisamente a la casa de Austria de los recursos que estas tierras le daban. Por otro lado, los Habsburgo austríacos eran más débiles que los españoles, debido a que sus tierras estaban repartidas entre diferentes hermanos, que a veces se apoyaban, pero otras luchaban entre sí para unificar todas las regiones. De hecho, el archiduque Matías acabó expulsando de Praga a su hermano el emperador Rodolfo, y ahora era el miembro más poderoso de la familia con el apoyo de los protestantes. Sin embargo Matías, una vez en el poder, decidió continuar con la política de recatolización que había llevado a cabo su hermano gracias a la Compañía de Jesús, y privó de algunos de sus derechos a los protestantes. Estos decidieron convocar una asamblea para pedir explicaciones a Matías, pero éste se negó diciendo que la reunión era ilegal. Furiosos, los protestantes asaltaron el consejo de regencia y echaron a dos consejeros católicos y un secretario por  la ventana, que, afortunadamente, fueron a parar sobre una montaña de estiércol y salvaron la vida. Así, entre la tragedia y la farsa daba comienzo la terrible Guerra de los 30 Años en 1618.

EL PRECAVIDO BUCQUOY
Los protestantes, en abierta rebelión, reclutaron un ejército bajo el Conde de Thurn. Matías, sin tropas, pidió ayuda a su hermano el archiduque Fernando de Estiria, que además era el heredero de la corona, ya que Matías no tenía hijos. Fernando era el único que contaba con un ejército, pero el grueso de ellos eran tropas españolas que estaban luchando en el Adriático contra Venecia.

Por mediación del Conde de Oñate, el embajador español en Viena, Madrid accedió a autorizar el uso de sus soldados. Estos, dirigidos por el valón Charles de Bonaventure, conde de Bucquoy, comandante formado en el ejército de Flandes, cruzaron los Alpes y se unieron al sur de Bohemia (actual Chequia) a 6.000 imperiales bajo Dampierre.

Juntos marcharon contra Praga con 14.000 soldados, pero se toparon con los protestantes de Thurn, que les esperaban atrincherados en las alturas de Caslav, en septiembre.

Mientras, el otro gran punto fuerte católico de Bohemia, Pilsen, al oeste, fue tomado en noviembre por 2.000 suizos del mercenario Ernst von Mansfeld y la milicia de Praga. Thurn fue reforzado con dicha milicia, y el precavido Bucquoy, en igualdad numérica pero inferioridad de posición, no se atrevió a atacar. Allí quedaron mirándose ambos ejércitos hasta que Silesia, en la actual Polonia occidental, se unió a los rebeldes bohemios, y les envió la mitad de su ejército: 3.000 hombres bajo Jagerndorf. Bucquoy decidió replegarse para pasar el invierno, cometiendo el error de dividir sus tropas. Thurn atacó en noviembre el cuerpo de Dampierre, que huía a Moravia, al este de Chequia, y lo derrotó en Pilgram.

Luego contramarchó contra Bucquoy que se replegaba al sur, golpeándole en Lomnitz. Bucquoy, tras sufrir 1.500 bajas consiguió refugiarse en Budweiss (Ceské Budejovice) con apenas 5.000 supervivientes, al sur de Bohemia, que sería la principal base católica durante el resto de la guerra.

Thurn, siempre agresivo, dejó a su lugarteniente Hohenlohe vigilando a Bucquoy y marchó directamente contra Viena con el resto de sus tropas. Sin embargo, ya en medio del invierno, Thurn no logró cruzar el Danubio, y viendo que Hohenlohe, en su retaguardia, había perdido por enfermedades 4.000 de sus 12.000 hombres mientras bloqueaba Budweiss, decidió regresar a Bohemia.

El 23 de mayo de 1618 los consejeros católicos del emperador fueron arrojados por la ventana por los protestantes.en lo que se conoce como la Defenestración de Praga. Al poco tiempo, Bohemia, Silesia, Hungría y parte de Austria se habían rebelado, y Fernando de Austria parecía a punto de ser engullido por una coalición protestante. Sin embargo, España organizó un contraataque que acabó con los rebeldes en la batalla de Montaña Blanca. Aunque este encuentro es conocido como una victoria imperial, pocos autores recogen que el 40% del ejército eran tropas españolas, que sus comandantes se habían formado en el Ejército de Flandes,.y que, por tanto, el triunfo fue sobre todo un triunfo español. Tras ello, tropas españolas defenderían Praga y su recuerdo, a través del famoso Niño de Praga, perdura hoy en día...

Lee el reportaje completo de Javier García de Gabiola en el nº140 de la revista de Historia de Iberia Vieja.

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