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Wellington, el inglés que pudo ser rey de España

Viernes 29 de Julio, 2016
¿Sabías que el general Castaños y el duque de Wellington entablaron una sincera amistad, que inspiró a la Regencia para intentar convencer al Lord de que aceptase el trono de España?

Es de sobra conocido el papel que jugó el Duque de Wellington en la expulsión de las tropas napoleónicas que habían invadido España, al comandar las fuerzas británicas que habían acudido a auxiliar a los ejércitos españoles en su lucha contra Napoleón. Es menos conocido que tras la Guerra de la Independencia, una rocambolesca maniobra podía dar como resultado que su elevación al trono de España.

Los entresijos de esta sorprendente historia los desvela Carlos Montero Rocher en el número 134 de Historia de Iberia Vieja

Y es que, por su inestimable ayuda, el Duque de Wellington y sus tropas se ganaron las simpatías del pueblo español, que los consideraba unos aliados decisivos en la victoria frente a los invasores franceses. En 1812 las Cortes de Cádiz quisieron reconocer esta ayuda y no escatimaron elogios ni honores a quien había comandado las fuerzas británicas.

Le concedieron títulos nobiliarios tan importantes como el de Duque de Ciudad Rodrigo, el 30 de enero de 1812, con Grandeza de España para él y para sus descendientes; la Cruz de San Fernando; o la entrega del Toisón de Oro, el 7 de agosto de 1812. Ante las airadas protestas del general Ballesteros –destituido y trasladado a Ceuta por este motivo–, se le nombró General en Jefe de todas las tropas españolas ubicadas en territorio peninsular. Y, por si no fuera suficiente, las Cortes de Cádiz le brindaron el sitio y posesión real de El Soto de Roma, en la Vega de Granada, así como un terreno llamado Las Chanchinas. Se llegó a colocar su efigie en la Plaza Mayor de Salamanca junto con la de otros grandes Reyes españoles.

ESPAÑA EN BUSCA DE UN REY
Tras las abdicaciones de Bayona –por las que tanto Carlos IV como su hijo Fernando VII dejaron el trono de España para que Napoleón lo entregase a su hermano José Bonaparte–, hubo un vacío de poder en España, puesto que la mayoría de españoles rechazaban al nuevo monarca francés. Para llenarlo, en el contexto de la espontánea insurrección contra los franceses, se organizaron una serie de Juntas Provinciales que asumieron la soberanía momentáneamente y que, en septiembre de 1808, dieron paso a la constitución de la Junta Central.

En ausencia de un rey legítimo, la Junta Central asumió la totalidad de los poderes soberanos, estableciéndose como máximo órgano de gobierno. En base a esta autoridad, convocó reunión de Cortes extraordinarias en Cádiz, pistoletazo de salida para el proceso revolucionario. Finalmente, en enero de 1810 la Junta cedió el poder a una Regencia que asumió el vacío dejado por los Borbones.

Cuando José Bonaparte y los ejércitos napoleónicos abandonaron España, la Regencia se vio en la tesitura de dotar al país de un nuevo monarca o buscar soluciones de gobierno alternativas. La mayor parte del pueblo quería que volviese su antiguo rey, Fernando VII, a quien ya se conocía como El deseado; por lo que, tras la reunión de Cortes en octubre de 1813, Napoleón reconoció de nuevo a Fernando VII como rey de España mediante la firma del Tratado de Valençay, por el cual recuperaba el monarca su trono y sus posesiones.

LAS POSIBILIDADES DEL DUQUE
La noticia del regreso de El deseado fue acogida con gran alegría por el pueblo español, pero esta historia pudo haber sido bien distinta debido a la devoción que suscitaba el Duque de Wellington.

En medio de la vorágine de honores que recibió, un sector de los diputados de las Cortes que ostentaba la Regencia llegó a valorar la posibilidad de nombrar a Arthur Wellesley rey de España.

No hay demasiada información sobre esta singular propuesta y, de hecho, es posible que no fuera más que un rumor que circulara por los pasillos y en las camarillas políticas. Fuera viable o no aquella posibilidad, lo cierto es que ésta ha llegado a nuestros días porque la idea llegó a aparecer en la prensa española de la época, concretamente en la Gaceta Diaria de Londres, que se imprimía en Sevilla.

En el número quinto de esta publicación periódica, correspondiente al 24 de septiembre de 1813, se cita a otro medio británico, el Evening Post de Dublín, que había publicado un artículo bajo el título “ARTURO I, REY DE ESPAÑA”, en clara alusión a que Wellesley se convirtiese en el nuevo monarca de nuestro país.

Continúa leyendo este reportaje en el número de agosto de 2016 de Historia de Iberia Vieja

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