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Las enfermedades de los reyes de España

Jueves 13 de Octubre, 2016
Las enfermedades no distinguen entre ricos y pobres, genios o ignorantes y se ceba tanto en plebeyos como en reyes o emperadores. En el siguiente post significamos las patologías más importantes sufridas por los reyes de España.

En un estudio publicado en 2009, dos genetistas Francisco Ceballos y Gonzalo Álvarez mostraron que la rama española de los Habsburgo, que rigió España entre 1516 y 1700, desapareció a causa de la endogamia provocada por el sexo entre primos. El último rey de la la Casa de Austria, Carlos II, conocido también como  El Hechizado porque su estado raquítico se atribuía a la brujería, murió a los 39 años sin dejar descendencia.

El coeficiente de consanguinidad de Carlos II era de 0.25, es decir que el 25% de sus genes estaban repetidos, porque había recibido la misma copia de su padre y de su madre, Felipe IV y su sobrina. Sus genes eran un festín para las enfermedades genéticas recesivas, como la acidosis tubular renal y la deficiencia múltiple de hormonas pituitarias, que requieren dos copias de un gen anormal para que el gen se manifieste.

Ceballos y Álvarez han estudiado en su laboratorio en la Facultad de Biología de la Universidad de Santiago de Compostela a los Habsburgo, los Borbones, los Valois, los Plantagenet y los Tudor en un intento de aproximarse a las dinastías reales para entender mejor los efectos de la consanguinidad en las poblaciones humanas.

Los resultados de su estudio son asombrosos: El 10,4% de la población mundial es consanguínea en la actualidad, fruto de relaciones sexuales entre familiares. Y esta consanguinidad tiene una incidencia directa en la salud de la población.

Los genetistas gallegos analizaron la descendencia de 71 matrimonios a lo largo de tres siglos, entre 1450 y 1750. Sus resultados muestran que la mortalidad de los niños menores de 10 años se incrementó en un 13,54% en las familias de primos hermanos a causa de la consanguinidad. El 40% de los matrimonios de los Habsburgo presentaba un coeficiente de parentesco mayor que el de un enlace entre primos hermanos. En el 20% de los casos superaba al de una unión entre un tío y su sobrina.

El doctor Pedro Gargantilla Madera, en su libro “Enfermedades de los reyes de España. Los Austrias. De la locura de Juana a la impotencia de Carlos II el Hechizado” también abunda en la descripción de los males reales y sus tratamientos y nos revela cómo era la medicina durante los siglos XVI y XVII, cómo actuaban los galenos de la época, para qué servían las sangrías, quién introdujo la quinina en nuestro país o a qué monarca se debe la construcción del primer hospital en España.

Una de las reinas más poderosas de todos los tiempos, Isabel I la Católica, tomó las riendas del reino de Castilla en 1474 y las sostuvo durante treinta años, hasta su muerte en 1504. Mucho se ha especulado sobre las causas de la misma, pero la teoría aceptada hoy mayoritariamente es que falleció de cáncer de útero o, en todo caso, de cáncer de recto 

También los Borbones han sido objeto de estudio de los genetistas gallegos…hasta el rey Carlos III (1716-1788). La dinastía borbónica en España fue casi tan endogámica como la precedente austríaca pero, sin embargo, no ha sufrido los embates de las enfermedades propias de los matrimonios consanguíneos.

Felipe V fue maníaco-depresivo. Su primera mujer, María Luisa Gabriela de Saboya, falleció a causa de una tuberculosis ganglionar (escrófula), que sumió al monarca en tal tristeza que le llevó a abdicar en su hijo Luis I, fallecido de viruelas y sin descendencia, lo que obligó a su padre a retomar la corona hasta su muerte, a causa de un aneurisma aórtico. 

El coeficiente de consanguinidad de Carlos III fue mucho menor que el de su tocayo Austria. Mientras Carlos II de Habsburgo presentó una consanguinidad mayor que la de un matrimonio entre hermanos, la de Carlos III de Borbón fue de 0.0391, similar a la de un hijo de un descendiente de dos primos hermanos (0.0625) y otro de primos segundos (0.0125).

Por su parte, el abúlico Carlos IV tuvo un hermano mayor, Felipe Pascual, inhábil debido a una deficiencia mental. Tanto Don Carlos como María Luisa de Parma fallecieron de una neumonía con pocos días de diferencia. Fernando VII casó cuatro veces antes de morir a causa de sus arritmias cardíacas. Su primera esposa, María Antonia de las Dos Sicilias, falleció a causa de una tuberculosis.
El abuelo de Juan Carlos I de Borbón, Alfonso XIII, al que Historia de Iberia Vieja dedicó la portada del mes de agosto de 2016 estuvo a punto de morir a los 4 años causa de una meningitis. Su matrimonio con Victoria Eugenia de Battenberg, fallecida de cirrosis hepática, trajo la hemofilia (entonces llamada "piel fina") a la realeza española. Afectó a dos de sus hijos: Alfonso, Príncipe de Asturias, y luego Conde de Covadonga tras su morganática boda con la cubana Edelmira Sampedro, y Gonzalo. 

La hemofilia es una enfermedad de la coagulación de la sangre con un patrón de herencia ligada al sexo. La transmiten las mujeres a sus hijos varones sin padecerla, y puede hacer que una simple hemorragia acabe con la vida de quien la sufre.

Ya vemos pues que las enfermedades no distinguen a ricos o pobres, genios o ignorantes, y sobre todo se ceba tanto en plebeyos como en reyes o emperadores.

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