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La Menorca Talayótica

Martes 27 de Junio, 2017
En Menorca salen a nuestro encuentro excepcionales muestras de la cultura talayótica, aparecida en torno al 1100 a.C. y que vivió su mayor esplendor a finales de la Edad del Bronce. He aquí su historia.
Menorca Talayótica

Hay piedras que parecen soportar el cielo por la robustez de su hechura, por a infinita sabiduría que se transmite desde su callada presencia. Hay piedras que parecen sustentar en su estampa la creación del mundo, tal es su extraordinaria historia.

La prodigiosa vitalidad de estos gigantes de piedra hizo que Menorca Talayótica fuera la candidata española de 2017 ante el Comité de Patrimonio Mundial para ser designada Patrimonio de la UNESCO, con una exquisita selección que incluía hasta 32 construcciones entre taulas, navetas, hipogeos o poblados talayóticos. Y, aunque finalmente el informe previo de ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) señaló su potencial, no dejó de aportar una serie de recomendaciones para armarse mejor en una próxima convocatoria, que podría oficiarse en 2019 o 2020. Desde HISTORIA de Iberia Vieja, estamos convencidos de que más pronto que tarde estos monumentos se sumarán a los 45 lugares patrimonio de la Humanidad con que cuenta España y a los 1.052 que hay en el mundo. Serían los primeros construidos durante la Edad de Bronce y la Edad de Hierro en recibir esta consagración. Tiempo al tiempo…

Uno podría pensar que, al tratarse de construcciones tan antiguas, se hallarían en un estado fragmentario o incluso que solo unas pocas se mantendrían en pie; pero nada más lejos de la realidad: en Menorca hay más de 1.550 yacimientos arqueológicos, de los cuales 1.400 están catalogados como Bienes de Interés Cultural (BIC).

¿Quiénes levantaron aquellas piedras? ¿Qué finalidad los movía? Aunque la ecuación nos plantea aún demasiadas incógnitas, los avances han sido muy significativos en los últimos decenios, sobre todo a partir de las investigaciones del Doctor Lluis Plantalamor, cuya tesis doctoral sobre la arquitectura prehistórica de Menorca sigue inspirando a los jóvenes cachorros de la arqueología.

La singularidad geológica de la isla propicia una inusitada riqueza de rocas calcáreas en el sur, donde principalmente se localizan estos yacimientos, lo que explica en gran medida su asombrosa densidad. Su peculiaridad más llamativa radica en que carecen de argamasa, es decir, que sus constructores se sirvieron de la llamada técnica ciclópea, con piedras de grandes dimensiones que colocaban en seco unas sobre otras.

Entre estas construcciones megalíticas, sobresalen, a nuestros ojos, las navetas, que cumplían una función funeraria a modo de sepulcro colectivo, y cuyo nombre proviene de su forma de nave invertida. Al igual que estas, las taulas, del período post-talayótico o talayótico final (a partir del 550 a.C.), son también exclusivas de Menorca, sin que se conozcan ejemplos de las mismas en ninguna otra parte del mundo.

EL POBLADO  DE TORRE D’EN GALMÉS

Entre todos los yacimientos de la Menorca talayótica, nos centraremos en estas páginas en dos: el poblado talayótico de la Torre d’en Galmés (Maó) y la naveta des Tudons, entre Ciutadella y Ferreries.

El primero es uno de los más apreciados por naturales y foráneos. Hay otros no menos admirables – Torretrencada, Torralba d'en Salord, Sa Cudia Cremada, Binisafullet o Trepucó, por citar sólo algunos–, pero Torre d’en Galmés, con sus seis hectáreas de extensión, es el mayor de todos ellos y, desde el punto de vista social, se vanagloriaba de su jerarquía en el conjunto de la isla, como delatan sus tres talayots en la colina y sus múltiples casas de planta circular.

En su momento de máximo esplendor –entre el 500 y el 200 a.C.– llegaron a vivir aquí alrededor de 900 personas, hasta que se inició su declive, seguramente durante la segunda Guerra Púnica. Los expertos creen, no obstante, que fue habitado hasta la Edad Media, todo un hito teniendo en cuenta que se había alzado a inicios de la Edad de Bronce. La colina sobre la que se asienta dispensa unas maravillosas vistas de Menorca, lo que le añade un incuestionable atractivo paisajístico y natural. Junto a los tres talayots –de planta circular y ovalada–, prosperan una serie de casas que han sido objeto de excavación arqueológica –la llamada Cartailhac, con sus 145 m2  de superficie, es sencillamente impresionante–, una taula con planta en forma de herradura y fachada cóncava, una sala hipóstila adosada a una de las casas talayóticas y cuatro hipogeos, naturales y artificiales, sobre los que la mano del hombre dejó su huella. Por si fuera poco, la zona del yacimiento cuenta con un magnífico centro de interpretación que, gracias a un vídeo explicativo y a los paneles, permite sacar todo el partido a nuestra visita. Gestionado por el Consell Insular a través de la Fundació Foment del Turisme, para acceder al yacimiento es preciso tomar la carretera de Alaior a Son Bou (la salida está perfectamente señalizada).

LA NAVETA DES TUDONS

Nos desplazamos ahora al que quizá sea el monumento más significativo (y fotografiado) de la isla, la Naveta des Tudons, a solo cinco kilómetros de Ciutadella. Bien de Interés Cultural desde 1931, el Consell Insular vela por ella a través de la Fundació Foment del Turisme, al igual que sucedía con Torre d’en Galmés.

Merece la pena subrayar, primero, su excelente estado de conservación, fruto de los trabajos de excavación y restauración llevados a cabo desde finales de los años cincuenta del pasado siglo por el Doctor Pericot y los investigadores María Luisa Serra y Rosselló Bordoy.

Este símbolo de Menorca –a la altura del kilómetro 40 de la carretera de Maó a Ciutadella– cumplió con una función funeraria colectiva, lo que explica que, en el curso de los trabajos ejecutados en la zona, se encontraran restos de 100 personas, acompañadas de objetos a la manera de ofrendas funerarias (pulseras de bronce, botones de hueso y cerámica…). Es alargada, cuenta con dos pisos y un ábside ligeramente apuntado, y sus dimensiones alcanzan los 4,25 metros de altura, 6,8 de amplitud en su base y 13,6 de longitud. Tras su fachada, plana y ligeramente cóncava, sus habitáculos albergaron restos humanos entre 1100 y 900 a.C., nada menos.

Y concluimos este reportaje valorando el esfuerzo colectivo de las administraciones y de la población local por difundir el rico patrimonio megalítico de Menorca, que está rindiendo, al fin, sus frutos. Es cierto que aún queda un largo trecho para que la cultura talayótica ocupe el lugar que merece en nuestro imaginario y, aunque el reconocimiento de la UNESCO tendrá que esperar un poco, pronto Menorca Talayótica accederá a ese selecto club, ¡no lo duden! La isla es un museo al aire libre que luce unas piezas únicas, excepcionales, integradas perfectamente en el paisaje mediterráneo.

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