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Los primeros bares y refrescos de España

Jueves, 20 Julio, 2017 - 08:09
Nada hay más necesario y placentero ante la dictadura del calor que refrescarse y, para ello, los refrescos son mano de santo. El intenso calor que se vive durante estos meses en buena parte de la Península ha hecho de ellos compañeros inexcusables de esta época desde hace siglos. Repasemos algunos de los más populares en este dossier de imágenes.
Javier Martín y Alberto De Frutos
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Los primeros bares

Para hacerse con un buen refresco y refugiarse de los embates del sol con el aire acondicionado, nada mejor que el bar. Las reuniones informales, la socialización, han tenido un punto central a lo largo de la historia española en las tabernas, las cafeterías, los bares. Ese lugar de hablar de todo, a menudo sin rigor, que fueron los mentideros del Siglo de Oro con el paso de los siglos se fue subdividiendo en los diferentes establecimientos en que se generaba la conversación acompañados de la caña de cerveza, el vaso de tinto o el refresco de moda.

España es el país con mayor densidad de bares, uno por cada 175 habitantes, de los que un 60 % bien podrían definirse como “de toda la vida”, esto es, con 15 o más años de existencia. Sacar dinero del cajero ya no es tan sencillo como antes, pero toparse con uno de los 260.000 bares que salpican nuestras calles resulta inevitable. Y la cosa viene de lejos… Algunos, tan socialmente “refrescantes”, se convirtieron, en base a su clientela y a los asuntos que ésta discutía en ellos, en historia viva de nuestro país. Valga como ejemplo el salmantino y centenario Café Novelty, que ha tenido como habituales, desde su apertura en plena Plaza Mayor en 1905, a lo más granado de la intelectualidad y la política del siglo XX, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset o Torrente Ballester entre ellos. Y qué decir del templo del cóctel que ha sido y es el madrileño Chicote, que se mantiene prácticamente igual desde que abrió sus puertas en 1931, donde se encontraban políticos de izquierda y derecha durante la república, centro de estraperlo en la primerísima posguerra y en cuyos asientos se sentaron las más grandes estrellas de Hollywood, como Ava Gardner u Orson Welles, o escritores como Ernest Hemingway.