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Los primeros submarinos de España

Viernes, 13 Octubre, 2017 - 09:10
Junto con el deseo de volar como un pájaro, posiblemente sea el anhelo de surcar las profundidades oceánicas como peces uno de los más antiguos sueños humanos.
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Los primeros submarinos

La tecnología ha auxiliado a los humanos a la hora de conseguir sus logros y, cómo no, los submarinos son hoy día una realidad que supera las más imaginativas propuestas de los pioneros de la navegación bajo las aguas. En la historia de España se encuentran los casos de muchos de esos soñadores que lucharon para conseguir un submarino práctico. Populares son las historias de Narciso Monturiol o de Isaac Peral, pero no fueron los únicos, ni mucho menos. He aquí un breve repaso sobre aquellos olvidados precursores que pretendieron conquistar el mundo submarino.

Fue a finales del siglo XVIII cuando se vieron las primeras naves submarinas de las que se tenga conocimiento, muy primitivas pero osadas. Ahí tenemos, por ejemplo, las aventuras del Tortuga, sumergible ideado por el norteamericano David Bushnell hacia 1776 que participó en el conflicto de independencia de los Estados Unidos. No dejaba de ser un simple cascarón de madera forrado de cobre y movido a pedales que, por su parecido con una tortuga, tomó el nombre por el que es recordado. Cabe mencionar aquí que se debe diferenciar entre los vehículos de “superficie” que pueden navegar bajo las aguas durante limitados periodos de tiempo, léase sumergibles, de los verdaderos submarinos, que son las naves pensadas para pasar largos tiempos sumergidos con gran desempeño en cuando a velocidad y autonomía.

El también norteamericano Robert Fulton, recordado por crear el primer barco a vapor comercial, ofreció no mucho después, en los albores del nuevo siglo, cierta nave sumergible a la que llamó Nautilus nada más y nada menos que a Napoleón.

A pesar de su limitada capacidad para sumergirse, tuvo bastante éxito en sus pruebas iniciales, pero no encontró el apoyo que buscaba en Francia. No fue, ni mucho menos, la primera experiencia submarina que se veía en Europa. Entre 1620 y 1624 el polifacético inventor holandés Cornelius Drebbel ya había llamado la atención con las pruebas en Inglaterra de varios sumergibles tripulados de madera recubiertos de cuero.

Como sucede en toda tecnología a indagar en su historia, cabe sorprenderse al comprobar que en diversos lugares se estaban desarrollando ideas similares.