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Mujeres espías, más que sexo

Miércoles 13 de Julio, 2016
Nuestro colaborador Fernando Rueda analiza el papel de las mujeres dentro del espionaje durante la I y II Guerra Mundial en la sección El agente Provocador.

DURANTE la Primera Guerra Mundial el papel de las mujeres en el espionaje fue casi nulo. Los servicios secretos eran principalmente militares y las chicas estaban consideradas inocentes y escasamente inteligentes. Poco cambió la situación con la llegada de la segunda gran guerra, en la que se demostró que para ser espía, al margen del sexo, era imprescindible pasar desapercibido, saber mentir y no resultar sospechoso.

Los grandes jefes de los servicios de espionaje eran machistas y de entrada solo aceptaban trabajar con mujeres cuando la misión exigía la utilización de las armas de seducción. Parece que los hombres de la época eran tontos y largaban sin límite ante una jovencita que les ponía ojitos y que, llegado el caso, se acostaba con ellos.

España no participó en la contienda pero hubo diversos ejemplos de españolas espías que demostraron en aquellos años las cualidades que debe tener un buen agente secreto.

Marina Vega de la Iglesia formó parte de la red española del servicio secreto francés. Realizó numerosos viajes, arriesgando su vida, entre Francia y España transportando dinero, documentos y personas, mayoritariamente judíos.

El contraespionaje español tardó en descubrirla y cuando lo hizo huyó a Francia, desde donde volvió a España tras el fin de la guerra para localizar a nazis que protegía Franco.

Perfil bien distinto tuvo África de las Heras, una valerosa agente del NKVD ruso y después del KGB. Entre sus éxitos está su infiltración en el entorno de Trotski y en el París de la posguerra entre los refugiados españoles. Su marido nunca supo que era espía y África se jubiló a los 70 años sin haber sido nunca descubierta durante una misión.

Son algunos ejemplos que hoy han pasado a ser habituales en el espionaje español. Por suerte las mujeres son reconocidas en igualdad de condiciones con los hombres. Pero pioneras hubo y muy buenas.

Fernando Rueda en el número 133, de julio de Historia de Iberia Vieja

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