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Las 10 visitas de Bob Dylan a España

Martes 13 de Diciembre, 2016
Saber algo más que el nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura queda de lo más cool, pero esta vez lo sabíamos todo sobre él. Y es que quien más, quien menos, ha oído mencionar a Bob Dylan. Nadie ha discutido sus dotes como compositor y músico. Como mucho, algunos han discutido si eso es literatura… Sin querer, al discutir confirman que lo es.
Por Bruno Cardeñosa

En todo el mundo ha pasado. También en España. La línea de flotación –en la que está todo lo que se espera- que hace que los seres humanos tengan agarrada cualquier opción previsible se quebró cuando la Academia de Suecia anunció que el Premio Nobel de Literatura iba a parar a Bob Dylan.

Por primera vez en la historia un cantante se hacía con el más importante galardón del mundo.

Los responsables del premio consiguieron que durante días se hablara hasta la exageración de lo idóneo o no de darle el premio a un cantante. Era una discusión sin sentido porque Dylan estaba en las quinielas y la base de sus temas son las letras; además, tanto él como Leonard Cohen habían ganado en años anteriores el premio Príncipe de Asturias en un apartado que suele estar reservado a literatos. Ya importa poco, pero sabemos que movieron el árbol y que sus ramas se agitaron.

Lo que muy poca gente sabe es que este septuagenario algo arisco fue de veinteañero un joven rebelde enamorado de España, gracias a que una de sus primeras parejas, Suze Rotolo, era a su vez una enamorada de Europa, en donde se encontraban sus orígenes. Ambos vivieron en Italia y fueron de viaje a España, ya que estaban muy interesados en conocer la historia de los brigadistas internacionales que lucharon en la guerra civil.

Después de aquel viaje llegó el disco Freewheelin’, en cuya portada se ve a Rotolo y Dylan caminando por el barrio de Greenwich Village en Nueva York –por entonces, era el más multicultural de la capital del mundo– y a ese LP pertenecen temas clásicos como Blowin’ in the wind, que se convertiría en una canción icónica de la lucha por los derechos sociales y la igualdad, además de tratarse de uno de los temas fundamentales en su discografía.

“La respuesta a las grandes injusticias está en el viento, el problema es que nadie lo recoge”, dijo Dylan sobre el signifi cado de una letra que desde el comienzo generó todo tipo de interpetaciones y discusiones.

“SOIS COJONUDOS”, DIJO AL EMPEZAR SU PRIMER CONCIERTO EN ESPAÑA
Dos años después llegó el tema Boots of the spanish leader, en el que habla de los sueños inalcanzables, ligado a su pareja y musa de entonces (luego llegaron unas cuantas más) y a sus viajes a España.

Su música no se editó en nuestro país hasta entonces y sólo diez años después alcanzaría gran éxito, al menos de crítica, ya que aunque en España siempre tuvo admiradores nunca alcanzó a convertirse en un autor de masas y hubo que esperar a 1984 para verlo por primera vez en un escenario español.

Fue en el estadio del Rayo Vallecano ante 25.000 personas –y aunque se vendieron casi todas las entradas no llegó a colgarse el cartel de “no hay billetes”–, con un telonero de lujo: el guitarrista Carlos Santana.

“Sois cojonudos”, dijo al empezar. Ya no hubo más palabras en español. Para entonces, Bob Dylan era una especie de profeta de la libertad que entonaba himnos. La prensa lo quería: representaba el cambio en una sociedad que pedía a gritos abrirse a una nueva época. Quizá por ello no es de extrañar que el estadio se llenara de personajes de primer orden que, con los años, se convirtieron en ministros de la época socialista como Narcís Serra o Javier Solana, que estaban entre los asistentes y que aún no se habían olvidado de la gente que aparecía en las letras de Dylan. En aquel viaje contó con una guía que le llevó y lo tradujo allá donde pasaba. Se trataba de la futura ministra Ángeles González Sinde, que en aquel entonces tenía 18 años y que le condujo por diferentes enclaves de la capital. Dicen que junto a ella paseó por El Retiro y conoció el Museo de El Prado –¡ah! Es importante señalar que el artista favorito de Dylan es alguien tan español como Picasso– y se dejó caer por algunas cafeterías de siempre.

Lee el artículo completo en el nº138 de Historia de Iberia Vieja,  de diciembre de 2016

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