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Un erudito llamado Emilio Castelar

Lunes 08 de Mayo, 2017
¿Sabías que los discursos del presidente Emilio Castelar se leían con admiración no solo en España, sino también en Francia, Inglaterra, Alemania y el continente americano?

HUBO UN TIEMPO en que el discurso de los políticos rebosaba de contenido y gracia. No quiere esto decir que la belleza de las palabras se tradujera luego en una acción solvente, que aliviara la miseria de los ciudadanos. Del dicho al hecho mediaba un largo trecho, pero daba gusto leer la prensa con las razones de unos y otros, aunque no todos sus contemporáneos las valoraran por igual.

Emilio Castelar (1832-1899), presidente de la República entre septiembre de 1873 y enero de 1874, fue uno de los mejores oradores que ha dado España a la historia de ese arte.

Era la cultura, el equilibrio, el ritmo, la fluidez más persuasiva. Nacido por casualidad en Cádiz, su familia procedía de Alicante. En Madrid estudió Derecho y Filosofía y, desde que a los 22 años se subiera a una tribuna del Teatro de Oriente para defender sus principios, su verbo electrizó a los partidarios de un republicanismo democrático y liberal. Su doctorado había versado sobre Lucano, aquel poeta que conspiró contra Nerón y se cortó las venas tras ser condenado a muerte. A Castelar sus enemigos tampoco le tenían demasiado aprecio. Su intervención en los pronunciamientos progresistas de 1866 le valió la misma condena, pero escurrió el garrote vil poniendo tierra de por medio en Francia. Un año antes, sus artículos contra la reina en La Democracia habían azuzado los ánimos de los estudiantes y conducido a la represión de la Noche de San Daniel.

Sus discursos parlamentarios se atendían con respeto y se leían con admiración, no solo en España, sino también en Francia, Inglaterra, Alemania y el continente americano.

Triunfar sobre las conciencias era para él más valioso que hacerlo con los votos, pero la abdicación de Amadeo de Saboya y la proclamación de la Primera República redondearon su trayectoria para su inmensa alegría. Como ministro de Estado abogó por la abolición de la esclavitud y remó en la barca de sus rivales con el fin de que ésta alcanzara un puerto seguro. Pero las aguas corrían procelosas y apenas si pudo ostentar la presidencia de la República tres meses, cuando a su derrota en el parlamento se le sumó el pronunciamiento de Pavía, que liquidó el régimen parlamentario republicano y espoleó la restauración monárquica en la figura de Alfonso XII.

Castelar volvería a la vida pública, como un porfiado Guadiana, “reencarnándose” en el brío de Sagasta, cuyo Partido Liberal aglutinaría a los posibilistas del gaditano a partir de 1893./A.F.D.

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