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Fray Luis de León: El poeta envidiado

Jueves 22 de Septiembre, 2016
Fray Luis de León es uno de los poetas más importantes de la segunda fase del Renacimiento español. Su obra forma parte de la literatura ascética de la segunda mitad del siglo XVI. Junto a algunos apuntes biográficos compartimos 10 de sus frases más célebres.
Estatua de Fray Luis de León en el patio de escuelas de Salamanca

EL RELIGIOSO AGUSTINO fray Luis de León (c. 1527 - 1591), nacido en Belmonte y vinculado a la escuela salmantina, escribía para distraerse, pero no hubiera sido justo que una oda como la de la vida retirada se quedara en su círculo de amigos:

“¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido (...)”.

Pronto sus obras gozaron del aplauso de sus coetáneos, aunque su principal cuidado fueran los estudios de Teología.

No fue la envidia por sus rimas lo que lo llevó ante la Inquisición, sino la denuncia de un profesor de griego, León de Castro, que lo acusó de preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la Vulgata latina que había adoptado el Concilio de Trento, así como de traducir sin permiso el Cantar de los Cantares a la lengua vulgar. No es nada fácil vestir ahora los hábitos de esa época, pero lo cierto es que fue condenado a cinco años de cárcel por tales “delitos”.

Tras ese correctivo, recuperó su cátedra en la universidad de Salamanca y pudo desquitarse ante sus alumnos con aquel legendario “Decíamos ayer...”, como si un lustro a la sombra le pesara lo mismo que veinticuatro horas. Su cautiverio le inspiró una décima perfecta que, según la tradición, grabó en la pared de su celda: “Aquí la envidia y mentira/ me tuvieron encerrado./ Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado,/ y con pobre mesa y casa,/ en el campo deleitoso/ con sólo Dios se compasa,/ y a solas su vida pasa,/ ni envidiado ni envidioso”.

Entre las obras de fray Luis, perspicaz lector de Jorge Manrique, descuellan De los nombres de Cristo, un extenso comentario sobre las denominaciones de Jesús en las Sagradas Escrituras, La perfecta casada, a propósito de las virtudes que deben adornarlas, o Exposición del Libro de Job, donde, además de la traducción y comentario del texto bíblico, se atreve a ponerlo en tercetos encadenados, “pretendiendo por esta manera afi cionar algunos al conocimiento de la Sagrada Escritura, en que mucha parte de nuestro bien consiste”.

El amor verdadero no espera a ser invitado, antes él se invita y se ofrece primero.

Para hacer mal cualquiera es poderoso.

Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de este mundo malvado.

Estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás.

La virtud no teme a la luz, antes desea venir siempre a ella; por es hija de ella, y criada para resplandecer y ser vista.

No hay cosa más cerca ni más lejos, más encubierta y más descubierta que Dios.

Los pastores serán brutales mientras las ovejas sean estúpidas.

La fe es el término medio entre la ligereza con que alguno precipitadamente cree y la pertinacia en no creer sino en lo que antes se demuestra por la razón.

Si hay debajo de la luna cosa que merezca ser estimada y preciada es la mujer buena.

El bien hablar no es común, sino negocio de particular juicio.

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