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Horacio Bentabol: El azote español de Einstein

Viernes 03 de Marzo, 2017
En 1931 apareció en Leipzig, Alemania, un libro titulado Cien autores contra Einstein, orientado a desacreditar al sabio que había dado a luz la teoría de la relatividad. Uno de sus críticos más acérrimos sería el madrileño Horacio Bentabol, que puso todo su empeño en desacreditar al Nobel… sin éxito, claro.

“¡Si estuviera equivocado, uno sólo hubiera sido suficiente!” Eso dicen que exclamó Albert Einstein al conocer la existencia de Cien Autores contra Einstein.  Su monumental trabajo, al que dio forma con la relatividad restringida o especial en 1905 y con la general en 1915, ha sido confirmado en múltiples aspectos y de forma experimental de incontables ocasiones. Puede que el problema se encuentre en que el genial Albert nos descubrió que el universo no era como nos había parecido desde había siglos, llevándose por delante el modelo mecanicista plenamente establecido en la ciencia occidental.

Einstein visitó España a comienzos de 1923 y fue tratado como en tantos lugares, entre la admiración y el asombro. Dos años antes, había obtenido el Premio Nobel de Física gracias a sus contribuciones a la explicación del efecto fotoeléctrico y a otras aportaciones a la física teórica, no así por la relatividad, más que nada porque por entonces todavía no había encontrado suficiente apoyo experimental y se trataba de un tema polémico. Los logros de Einstein fueron impresionantes, pero es visto como una especie de figura a la que muchos les gustaría desafiar, con o sin razón, simplemente por el hecho de enfrentarse contra esa autoridad. En la época en que el trabajo de Einstein era motivo de grave controversia, prácticamente en cada país surgió un abanderado del movimiento contra su obra. ¡El sabio alemán debía estar equivocado! Así de sencillo, sobre todo porque había trastocado nuestra visión “pura” del universo. Nadie le pudo hacer sombra, pero el ruido fue abundante. Aquí, en nuestra España, si hubiera que elegir a uno de esos azotes de Einstein, sin duda habría que mirar a un apasionante personaje que, ciertamente, era un maestro a la hora de hacer ruido, aunque muy a su pesar no iba bien encaminado en sus postulados.

EL HOMBRE DE LOS MIL OFICIOS
Revisando las añejas patentes del Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas, descubriremos a cierto ingeniero, residente en Madrid, que atendía al nombre de Horacio Bentabol y Ureta. Al parecer, fue un inquieto inventor, pues ya en 1882 había patentado un “salvavidas para los coches tranvía”. Ese mismo año presentó su “máquina rotatoria que puede funcionar como receptor u operador, especialmente útil para aplicarla como motor de vapor o de agua, bomba, ventilador de presión o compresor de aire.” Pocos años más tarde centró su atención en el desarrollo de mejoras en miras topográficas y, de ese empeño surgieron sus patentes de 1887, 1901 y 1902. Su última patente, de 1907, estaba destinada a proteger su idea sobre “maquinaria, operaciones y procedimientos para el aprovechamiento de los residuos de corcho que resultan de varias industrias.” Como inventor el tal Bentabol fue bastante diletante, no se centró en un solo campo de actuación pero, como se verá a continuación, aquello sólo fue uno de sus muchos intereses. Suele decirse que quien mucho abarca poco aprieta, y pocos ejemplos más claros pueden encontrarse que Horacio Bentabol. De haberse centrado en un solo campo del saber, hoy día nos encontraríamos recordando a una figura de talla mundial. Por desgracia, se empeñó en tocar mil palos, desperdigando su talento en multitud de oficios.

Bentabol tenía la extraña habilidad de absorber conocimientos de forma rápida y eficaz, pero no era capaz de centrarse en un campo. No es que aquella fuera mala estrategia, pues en la vida no le fue mal, pero no pudo profundizar lo suficiente como para pasar de recolector de información y poco más. Ejemplo palmario de esto es la cubierta de uno de sus muchos libros, fechado en 1925. Es como para pasmarse: “Observaciones a la teoría de la relatividad del profesor Alberto Einstein”. Se trata de un volumen que recoge una versión ampliada de la conferencia que, sobre ese asunto tan de moda por entonces, pronunció el bueno de Bentabol en el Ateneo de Madrid. El autor se presenta así en el prefacio: “D. Horacio Bentabol y Ureta. Inspector jubilado del Cuerpo Nacional de Ingenieros de Minas, Exprofesor de Cálculo Infinitesimal, de Mecánica Racional y de Química General en la Escuela Especial y en la General Preparatoria para ingenieros y arquitectos, Miembro del Instituto de Ciencias, Artes Liberales y Letras de Coimbra (Portugal), Abogado de los ilustres colegios de Madrid y Zamora, Fundador de la sociedad y del periódico de propaganda de reformas sociales, políticas, jurídicas, etc, LA EVOLUCIÓN, etc, etc…” (En algunas obras posteriores se presenta sólo como ingeniero y abogado, para abreviar).

Lee el reportaje completo de Alejandro Polanco Massa en el nº141 de Historia de Iberia Vieja

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