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Jacinto Benavente, un burgués ideologicamente inquieto

Viernes 12 de Agosto, 2016
El padre del teatro burgués y el innovador de la escena española de la primera mitad del siglo XX celebra el 150 aniversario de su nacimiento

Hombre de teatro y de ingenio, Jacinto Benavente fue un hombre de distintas y muy variopintas actitudes políticas. Dicen que en su tarjeta, coronada con su dirección en la calle Atocha, rezaba: "Jacinto Benavente, un burgués inquieto"… y conservador, cabría añadir.

Benavente es un personaje poliédrico. Durante la Primera Guerra Mundial se declaró germanófilo. Apoyó a Antonio Maura en La ciudad alegre y confiada (1916) y su connivencia con la dictadura de Miguel Primo de Rivera le valió el desprecio de la intelectualidad. Después, en otro cambio ideológico, fue cofundador en 1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética junto a Pío Baroja, Manuel Machado, Concha Espina, Federico García Lorca o Valle-Inclán. Y, por si no fueran suficientes bandazos, durante la Guerra Civil se fue a Valencia donde fue ensalzado por el Frente Popular, algo que junto a su homosexualidad, le dejó estigmatizado para el franquismo.

Sus obras se tradujeron y representaron en Europa y América lo que, junto a su espíritu de "crítica social", fue uno de los méritos que ensalzó el jurado del Nobel para otorgarle el premio en 1922.

El padre del teatro burgués y el innovador de la escena española de la primera mitad del siglo XX cumple en 2016 el 150 aniversario de su nacimiento (Madrid, 12 de agosto de 1866/ Madrid, 14 de julio de 1954) .

Ya en sus comienzos, en El nido ajeno (1894) permitieron vislumbrar una profunda renovación del teatro en castellano. En los años veinte abandona el postromanticismo imperante y abraza el realismo, pero sobre todo trae a España las corrientes europeas de teatro, las obras divididas en tres actos y afila el sarcasmo y la crítica social. 

La obra de Benavente mantiene evidentes puntos de contacto con el modernismo y con la Generación del 98 mas sin embargo no pertenece a ninguno de los dos movimientos. 

 

La obra considerada más representativa y lograda lleva por título: Los intereses creados (1907) -hemos incluido la representación emitida por La2 de TVE-. En ella presenta una aguda sátira del mundo de los negocios donde técnicamente combina  elementos procedentes de la commedia dellarte con otros que brotan del teatro clásico español. Esta pieza continuó en otra, que a juicio de muchos críticos fracasó: La ciudad alegre y confiada (1916) donde Benavente desconfía profundamente de la naturaleza humana y de la sociedad en la que aquélla se manifiesta con frívola hipocresía cuando no simple crueldad.

También escribió algunas obras de teatro infantil, cuyo tono poético y fina ironía cristalizan en piezas tan encantadoras como El príncipe que todo lo aprendió en los libros o La novia de nieve (1934). Otro título importante de su producción durante este período es Pepa Doncel (1928).

Académico de honor de la RAE (Real Academia de la Lengua) o diputado del Congreso, Benavente fue sobre todo un autor prolífico. Cuando murió había escrito nada menos que 172 obras de teatro.  A continuación algunas de sus frases célebres:

«Creer y crear son palabras distintas. Pero cuando dices con toda tu alma: ¡Creo, creo!, creer y crear es lo mismo» («El collar de estrellas», 1916)

«El día en que cada uno fuéramos un tirano para nosotros mismos, todos los hombres serían igualmente libres, sin revoluciones y sin leyes» («La escuela de las princesas», 1909)

«Triste clase media, que hubiera podido ser una fuerza, si en vez de una caricatura de los de arriba hubiera procurado ser un ejemplo para los de abajo» («Por las nubes», 1909)

«Tengo observado que todos los que no pueden tolerar una mala palabra de los superiores son los que más suelen prodigarlas con los inferiores» («La propia estimación», 1915)

«El único modo de que la gente no crea en algo malo es porque le convenga creer en algo peor» («Por las nubes», 1909)

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