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James Fitz-James: El inglés que decidió el trono de España

Miércoles 19 de Octubre, 2016
La figura de James Fitz-James, primer duque de Berwick, es bastante desconocida en España a pesar de la estrecha vinculación que mantuvo con nuestro país.
José Luis Hernández Garvi

James Fitz-James nació el 21 de agosto de 1670 en la localidad francesa de Moulins. Era hijo ilegítimo de James, duque de York, y de Arabella Churchill, hermana del duque de Marlborough. Su padre puso un especial interés en que James recibiera una educación católica en Francia, religión que él mismo profesaba. En 1684, su hijo adolescente regresó por un breve periodo a Inglaterra para completar su formación, aunque no tardaría en regresar a tierras francesas, cursando estudios en el colegio jesuita de la Flèche.

Cuando en 1685 su padre accedió al trono británico con el nombre de Jacobo II, convirtiéndose así en el último monarca católico de Inglaterra, el joven James permaneció en París, manifestando su vocación por la carrera de las armas. En este sentido, no tendría que esperar demasiado tiempo para poner a prueba sus aptitudes. Al año siguiente, recién cumplidos los dieciséis, participó como soldado en el asedio y posterior asalto a la ciudad de Budapest, ocupada entonces por los turcos.

En aquella acción el joven James dio muestras de un gran valor tal y como quedó recogido en las crónicas de la época.

En el invierno de 1686 regresó a Inglaterra, donde su padre le concedió el título de duque de Berwick que había creado especialmente para él. Sin embargo, no permaneció mucho tiempo a su lado y la llamada de las armas lo llevó de nuevo a Hungría, donde participó en numerosos combates en la campaña militar contra los turcos. Después de este nuevo paréntesis bélico, volvió de nuevo a Inglaterra, siendo nombrado por el monarca gobernador de Portsmouth, cargo que ocupó con tan sólo diecisiete años pero en el que no permaneció mucho tiempo. En 1688 Jacobo II fue derrocado y tuvo que huir a Francia. James acompañó a su padre en el exilio y en 1689 participó en la fracasada operación militar desplegada en Irlanda por los jacobitas, nombre que recibieron los partidarios del rey depuesto, en un intento por recuperar el trono para la dinastía de los Estuardo.

AL SERVICIO DE FRANCIA
A partir de 1691 el duque de Berwick fijó su residencia definitiva en Francia, entrando al servicio de Luis XIV, quien lo ascendió al rango de teniente general de sus ejércitos. Al servicio del monarca francés participó en la contienda que tuvo como escenario los Países Bajos, luchando a las órdenes de los mariscales Luxembourg y Villeroy. En el transcurso de una batalla el duque fue capturado por el enemigo, pero recuperó la libertad al beneficiarse de un intercambio de prisioneros.

Entre tanto, James Fitz-James también tuvo tiempo para encontrar el amor.

En 1695 contrajo matrimonio con Honora de Burgh, una joven dama de la nobleza irlandesa famosa por su belleza.

La pareja tuvo un hijo, aunque su felicidad se truncó demasiado pronto. Apenas habían transcurrido tres años desde su boda cuando Honora falleció como consecuencia de los rigores padecidos en los campos de batalla, al acompañar a su marido en una campaña en el sur de Francia. Fue un duro golpe para el duque, que buscó consuelo refugiándose en Italia. En 1700 regresó a Francia, donde recuperó la alegría de vivir al lado de Anne Bulkeley, aristócrata inglesa que se acabaría convirtiendo en su segunda esposa y con la que tuvo trece hijos.

En 1701 murió su padre, el que había sido Jacobo II. Su condición de hijo ilegítimo de un rey destronado le impidió acceder al trono. Esta circunstancia posiblemente influyó en que decidiera renunciar definitivamente a sus raíces, adoptando la nacionalidad francesa al tiempo que estrechaba sus vínculos con la corte de Luis XIV de Francia.

AVENTURAS EN ESPAÑA
La muerte de Carlos II en 1700 sin dejar descendencia puso punto final a la dinastía de los Austrias hispánicos. A partir de ese momento las demás potencias europeas tomaron posiciones para intentar colocar en el trono a un rey favorable a sus intereses. Inglaterra y los Países Bajos no estaban dispuestos a permitir que Felipe V, nieto de Luis XIV, accediera al trono de España. Los británicos propusieron como candidato al trono al archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador del Sacro Imperio. De esta forma estalló la Guerra de Sucesión Española, conflicto considerado por algunos historiadores como la primera guerra de carácter mundial, al implicar a las principales naciones de la época.

A principios de 1704, Luis XIV envió a España un poderoso ejército para apoyar la causa de su nieto y afianzarle en el trono.

Al mando de las tropas envió al que consideró que era su general más competente, el duque de Berwick, quien hizo su entrada en Madrid en febrero de 1704 rodeado de un gran boato. El 4 de mayo de ese mismo año el archiduque Carlos desembarcó en Lisboa, recibiendo el apoyo incondicional de Pedro II de Portugal. El pretendiente de la dinastía de los Austrias cruzó la frontera con Extremadura al frente de un ejército anglo-holandés. Sin embargo, su ofensiva fue rechazada por el ejército de Felipe V y los refuerzos franceses al mando de Berwick. Cuando la balanza de la guerra parecía inclinarse del lado de los Borbones, el duque fue reclamado en Francia para reprimir la revuelta de los camisards en el sur del país. En el contexto de la Guerra de Sucesión también reforzó el litoral mediterráneo francés frente a posibles ataques ingleses y de su aliado, el duque de Saboya. La victoria más importante de Berwick en este periodo fue el asedio y conquista en noviembre de 1705 del puerto saboyano de Niza, victoria que le valió ser nombrado mariscal de Francia.

MEDIDAS DESESPERADAS
Mientras tanto, los británicos se habían apoderado de Gibraltar y las ciudades de Barcelona y Valencia se habían sublevado contra la autoridad de Felipe V, mostrándose partidarias del archiduque Carlos. Esta circunstancia fue aprovechada por un ejército anglo-portugués para avanzar a través de los valles del Duero y del Tajo en dirección a Madrid, lo que obligó al rey a abandonar la capital y trasladar la Corte a Burgos.

A finales de junio de 1706, el archiduque hizo su entrada en Madrid, donde fue proclamado como Carlos III de España.

Sin embargo, a finales de ese mismo mes tuvo que abandonar la ciudad y refugiarse en Valencia ante la falta de apoyos que pudieran garantizar su permanencia en el trono. Ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, en febrero de 1706 Luis XIV envió de nuevo a España al duque de Berwick, en un desesperado intento por invertir el curso de la guerra. Como comandante en jefe asumió el mando de las tropas españolas y francesas que combatían en la Península, decidido a hacer retroceder a los ejércitos de las potencias enemigas en todos los frentes.

Se inició entonces una guerra de desgaste en la que ambos bandos midieron sus fuerzas en continuos combates que se prolongaron a lo largo de 1706. Fue un año en el que se alternaron las victorias con las derrotas, sin que hubiera un vencedor claro. Felipe V regresó a Madrid el 4 de octubre en medio del clamor popular, mientras el duque de Berwick lanzaba una ofensiva en el levante español. Por el contrario, el archiduque Carlos fue reconocido como rey legítimo en los reinos de Valencia y Mallorca.

LA BATALLA DE ALMANSA
En la primavera de 1707, Berwick dirigió a un ejército franco-español en una ofensiva que tenía como objetivo recuperar Valencia. Sus oponentes eran las tropas anglo-portuguesas bajo el mando compartido del conde de Galway y del portugués Antonio Luis de Sousa, marqués Das Minas.

El 23 de abril de 1707 el duque de Berwick atacó la guarnición inglesa que defendía la población de Villena, asalto que fue rechazado.

A pesar del fracaso al día siguiente recuperó la iniciativa tomando la villa de Ayora. Ante la decidida actuación del duque, el comandante británico y el portugués decidieron atacar a las tropas borbónicas antes de que recibieran los refuerzos de las tropas francesas al mando del duque de Orleáns.

Berwick se esperaba la reacción del enemigo y concentró a su ejército en las cercanías de la localidad de Almansa a la espera de la batalla. Al mediodía del 25 de abril, las fuerzas bajo el mando del conde de Galway se desplegaron formando una línea de frente a menos de un kilómetro y medio de las posiciones ocupadas por las tropas franco-españolas de Berwick.

El combate empezó a las tres de la tarde, cuando los cañones del bando borbónico dispararon sus primeras andanadas. El duque situó a su infantería en el centro, con la caballería española en el flanco derecho y la francesa en el izquierdo.

En un primer momento Galway rechazó la arremetida de su enemigo. Sin embargo, no recibió el apoyo de los portugueses que, inexplicablemente, abandonaron sus posiciones, sentenciando con su retirada el resultado final de la batalla. Berwick infringió una aplastante derrota sobre los aliados, que sufrieron más de cuatro mil muertos y cerca de tres mil prisioneros. Al conocer la noticia, el archiduque Carlos se quejó amargamente, acusando a Galway y Das Minas de cobardes.

Berwick había tenido unas cinco mil bajas entre muertos y heridos. El duque de Orleáns llegó un día después de la victoria, elogiando en una carta dirigida a Luis XIV los méritos del duque. Berwick, que a pesar de los desplantes del pasado siempre se sintió británico, invitó a los oficiales enemigos capturados, en su mayoría ingleses, a compartir con él un gran banquete celebrado en su honor en Almansa.

CAMPAÑA VICTORIOSA
Ejerciendo como sobrino del rey de Francia, el duque de Orleáns relevó a Berwick del mando supremo de las tropas. Aquella arbitraria decisión no enturbió las relaciones entre los dos comandantes y el mariscal ayudó al favorito del rey a conquistar Valencia en mayo de 1707. Berwick también participó en la toma de Játiva y en verano unió sus fuerzas a las de su comandante y juntos sitiaron Lérida. La ciudad catalana se rindió a mediados de octubre, aunque la guarnición militar que la defendía no capituló hasta noviembre.

En la primera quincena de diciembre, Berwick abandonó el frente en Cataluña para regresar a Madrid, donde fue recibido por Felipe V, que premió sus servicios otorgándole el ducado de Liria y Jérica y nombrándole Grande de España.

También fue condecorado con la orden del Toisón de Oro, al tiempo que el rey francés le nombró gobernador de la provincia de Limousin. El talento militar del duque fue reclamado de nuevo en Francia, regresando en febrero de 1708 y participando en las campañas militares que tuvieron como escenario el Rin, los Países Bajos y la frontera con Italia. A lo largo de 1710 la situación militar en todos los frentes sufrió un estancamiento.

La llegada a España del duque de Vendome, enviado por Luis XIV en sustitución de Berwick, no cumplió con las expectativas previstas. En ese mismo año se iniciaron conversaciones de paz, lo que hizo presagiar un cercano fin de la guerra. Sin embargo, en diciembre de 1712 la situación no parecía haber cambiado demasiado. Fue entonces cuando Luis XIV accedió a las presiones y envió a Berwick de regreso a España, para que se pusiera al frente de las tropas francesas que luchaban en Cataluña. Nada más cruzar los Pirineos dirigió sus tropas a socorrer a Gerona, asediada por un ejército aliado. Tras obtener una nueva victoria, el duque regresó de nuevo a Francia para participar en las negociaciones que iban a culminar en el Tratado de Utrecht.

Pero en Cataluña se seguía combatiendo y Barcelona se convirtió en el principal foco de la resistencia contra la autoridad de Felipe V.

Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos había provocado un cambio del panorama internacional que había dejado a los catalanes sin apoyos en el exterior. Con la intención de doblegarles, Berwick cruzó una vez más la frontera en junio de 1714, dirigiéndose hacia Barcelona.

A LAS PUERTAS DE BARCELONA
El ejército del duque llegó a las puertas de la Ciudad Condal en julio, exigiendo una rendición incondicional que fue rechazada. Comenzó entonces un asedio que duró hasta el 11 de septiembre, fecha en que las defensas de la ciudad cedieron obligándola a capitular. Ese día sería recordado a partir de entonces como la festividad de la Diada. Poco después del mediodía del 12 de septiembre, las tropas de Berwick hacían su entrada en las calles de Barcelona. En el asedio habían muerto más de seis mil defensores y el ejército atacante había sufrido más de diez mil bajas entre muertos y heridos.

Los años de continuas campañas militares terminaron pasando factura a la salud del duque de Berwick, quien, en contra de los deseos de Felipe V, decidió abandonar Barcelona y tomarse un descanso para visitar las posesiones que le habían sido concedidas por el monarca en el Levante español. Sin embargo, no se habían extinguido del todo los ecos de las hostilidades cuando una nueva guerra amenazó con desestabilizar el equilibrio europeo.

Al fin, en noviembre de 1719 regresó a Francia. A la muerte de Luis XIV formó parte del Consejo de Regencia, pero su plácido retiro se vio interrumpido por el estallido de una nueva guerra, la de Sucesión de Polonia. El duque de Berwick asumió el mando de las tropas. El 12 de junio de 1734 estaba dirigiendo el asedio contra la fortaleza de la ciudad alemana de Philippsburg cuando una bala de cañón le voló la cabeza. De esa forma tan trágica murió el veterano militar, fundador de un linaje que posteriormente entroncaría con la Casa de Alba, formando una de las familias aristocráticas con mayor tradición histórica de nuestro país. 

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