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Luisa Isabel de Orleáns La reina efímera y loca

Viernes 25 de Noviembre, 2016
Apenas estuvo ocho meses sentada en el trono de España como reina consorte, pero su comportamiento puso patas arriba a la realeza española y llenó de escándalos y sofocos tanto a la familia real como a toda la sociedad española. Por: Carlos Montero Rocher

Luisa Isabel de Orleáns estaba literalmente como una cabra y su vida de excentricidades y salidas de tono la han hecho, si cabe, más famosa que el hecho de llegar a ser reina de un país como España. Su vida comienza el 9 de diciembre de 1709 cuando Françoise Marie, hija ilegítima de Luis XIV, el Rey Sol, da a luz en Versalles a la quinta hija de Felipe, sobrino del monarca y duque de Orleáns.

Felipe de Orleáns no ejerce de padre amantísimo debido a la frustración que siente por los ninguneos de su tío el rey quien parece no ver en él, o no quiere ver en él, el potencial que posee el duque y lo relega a un papel de segundón que, además de ser casado con una hija bastarda del monarca, le aboca a una vida llena de excesos y vicios alternando juergas y coleccionando amantes a diestro y siniestro.

Y por si esto fuera poco, el quinto alumbramiento de su esposa trae a otra niña al mundo. Si por lo menos hubiera sido varón, quizá el duque le hubiera hecho algo más de caso. Y lo más grave es que su propia esposa, Françoise Marie, que se ha dejado llevar por el hastío y el aburrimiento, literalmente deja de ocuparse de todos sus hijos tal y como lamenta su propia suegra, Isabel Carlota de Baviera: “Nunca he visto a unos niños tan miserablemente educados. Un día pregunté a su aya por qué no estaba criando a estos niños como hizo con mis propios hijos y ella me contestó: con sus hijos yo contaba con su apoyo, pero cuando empecé a ocuparme de éstos su madre se reía en mi cara, a coro con sus hijos cada vez que yo presentaba una queja”.

En este ambiente de total descuido por parte de sus padres crece la pequeña Luisa Isabel. Es tal la ignorancia a la que es sometida que apenas cumplidos unos años de vida es enviada interna a diferentes conventos de los que no tarda en ser expulsada dada la desobediencia, rebeldía y despotismo de los que la pequeña hace gala.

EL REGENTE DE FRANCIA
Para entender cómo una niña tan pésimamente educada pudo llegar a ser reina de España, hay que buscar las respuestas en la figura de su libertino padre, Felipe de Orleáns, quien vive amargado por el ninguneo por parte de su tío, Luis XIV, que apenas le da algún cargo de cierta importancia. Tan solo ha tenido ocasión de demostrar su valía ayudando a Felipe V a guerrear contra los partidarios del Archiduque Carlos. Al terminar la guerra de Sucesión y de vuelta a Francia, Felipe de Orleáns se ve de nuevo abocado al ostracismo, lo que le empuja a una vida donde el sexo, el alcohol y los excesos le labran una fama de libertino a pesar de que, en su interior, el duque de Orleáns alberga la esperanza de sentarse en un trono algún día. Pero el astuto monarca francés ha planeado un futuro para su díscolo sobrino. Pocos días antes de morir el Rey Sol, que ha sobrevivido tanto a su hijo como a su nieto y está a punto de dejar es un niño de tres años como heredero a la corona, decide nombrar a Felipe de Orleáns regente de Francia.

Pero Felipe quiere más. Sabe que es muy difícil que llegue a ser rey de Francia, pero ve en España un objetivo mucho más asequible a sus planes de hacerse con el poder y es que, según el embajador francés, el duque de Saint-Simon –que hace de espía para el regente–, el monarca español sufre desarreglos mentales que pueden a afectar a la corona española.

FELIPE V, UN REY DEMENTE
Las noticias que llegan desde España sobre la salud de su monarca no son buenas. Desde 1717, cada vez son más frecuentes sus alucinaciones y Felipe V pasa de un estado de ardor sexual, solo saciado por su mujer Isabel de Farnesio, a pensar de que su muerte se acerca y le sobrevienen ataques de pánico que provocan que exija a su confesor que esté con él mientras duerme para que rece por él.

Felipe V está exhausto y sus brotes de locura se hacen cada vez más frecuentes hasta el punto de que, cuando se suceden, deja sus obligaciones hasta que su estado recupere la normalidad.

Felipe de Orleáns ve ahí su posibilidad de ejercer su infl uencia y poder sobre España. Sin embargo, cuando mejor pintan las cosas para sus intereses, el monarca español, casi milagrosamente, recupera la normalidad dejando atrás los demonios que perturbaban su mente y retoma el mando de su nación como si nada hubiese ocurrido.

Pero de nuevo, el regente francés vuelve a fi jar sus ojos en el trono galo al saber que la salud del futuro Luis XV no es del todo buena. En esta tesitura, no quiere perder la posibilidad de hacerse con el trono francés, si es que fi nalmente el niño rey no llega a la edad adulta, ni la opción española. Decide entonces ofrecer un pacto de colaboración con España para blindar ambas coronas ante las amenazas que puedan surgir de naciones como Austria. Esta nueva situación hace que, casi por primera vez en su vida, el ambicioso regente se acuerde de que tiene una hija llamada Luisa Isabel de Orleáns y que puede serle útil en sus planes.

LAZOS DE SANGRE
Se decide un pacto de colaboración mediante la creación de una cadena vinculante entre los dos reinos. Solo falta buscar los instrumentos que permitan crear ese vínculo y, por fi n, se encuentran en 1721 cuando se acuerda un doble matrimonio entre niños de uno y otro país.

Por un lado, Francia ofrece a Luis XV, quien deberá contraer matrimonio con la infanta española María Ana Victoria, que tiene solo tres años. Por otro, el heredero al trono español, el infante Luis contraerá matrimonio con Luisa Isabel de Orleáns, que en realidad es su tía, y quien hasta ese momento vive ajena a todos los tejemanejes reales. Es tal la indiferencia que crea en su familia que solo en el momento en que se la elige para ser casada, se cae en la cuenta de que no tiene nombre de pila y ni siquiera ha sido bautizada. Se decide ofi ciar en una misma ceremonia su bautizo, comunión y confirmación.

La pareja se conoce el 19 de enero de 1722 en la aldea de Cogollos y, a pesar de que Luis queda prendado de ella, ya se comienza a vislumbrar el tipo de persona que es Luisa Isabel a tenor de la descripción que de ella hace el duque de Saint - Simon: “La princesa de Asturias no puede disimular su carencia de educación. Se muestra engreída con sus damas y abusiva de la bondad de los reyes. Descubre inclinación hacia el príncipe y complacencia hacia los infantes, desatención por casi todo el mundo, escasa memoria de sus padres y aun de Francia, exceso de mimo y obstinación en todos sus caprichos”. Al día siguiente tiene lugar la boda en Lerma y mientras el príncipe Luis hace su entrada en la iglesia con paso y elegante y grácil, su futura esposa lo hace de manera desganada. Después del banquete tiene lugar un hecho polémico puesto que la noche de bodas no se vive de la misma manera en España que en Francia, ya que en este país es costumbre el matrimonio se consume en presencia de testigos.

A pesar de que se trata de dos chiquillos y de que Felipe V no está muy convencido de ello, se da luz verde a esta costumbre y tanto los reyes de España como un nutrido séquito, en el que no faltan representantes franceses, observan cómo dos niños se acuestan juntos en la misma cama al tiempo que se corren unas cortinas de terciopelo alrededor del lecho que impiden que la escena tenga tintes más inmorales.

Un cuarto de hora después, un sofocado Luis y una sorprendentemente tranquila Luisa Isabel son separados por el mayordomo y la camarera mayor al tiempo que se dan órdenes de que hasta Francia llegue el mensaje de que el matrimonio ha sido consumado a pesar de que marido y mujer han permanecido, en realidad, tumbados boca arriba y sin ni siquiera tocarse, ya que así lo ha dispuesto Felipe V. 

Lee el artículo completo en Historia de Iberia Vieja, nº137 de noviembre de 2016

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