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Miguel López de Legazpi, «el Adelantado»

Lunes 22 de Agosto, 2016
La expedición colonizadora que en 1564 dirigió Miguel López de Legazpi a las islas Filipinas consiguió la organización de la primera ruta comercial estable entre los continentes americano y asiático

Aunque no era marino, el 21 de noviembre de 1564, Miguel López de Legazpi partió a la conquista del archipiélago de las Islas Filipinas. La expedición española fue organizada por la Audiencia de México, donde él desempeñaba labores burocráticas y aún a sabiendas que dicho archipiélago caía en la zona de demarcación reservada a Portugal por el Tratado de Tordesillas (1494). Felipe II quería asentar la posición española en el Pacífico encontrando una ruta fiable de vuelta y contando con una base permanente en la zona.

El encargo de la misión recae en el fraile, cosmógrafo y avezado piloto Andrés de Urdaneta, pero nadie ha dicho que deba dirigirla y, por esa razón, piensa en su sobrino Legazpi, hombre de conocimientos diplomáticos, autoridad para el mando. Legazpi, que a la sazón, tenía sesenta años, acababa de enviudar y dejó a su prole bien criada. Vendió  todos sus bienes -salvo la mansión que poseía en México- y partió con una pequeña flota del puerto de Jalisco.

La Armada, en la que Legazpi invirtió –como ya hemos indicado- gran parte de su fortuna, estaba formada por dos naos y dos pataches con unos 380 hombres (150 marineros, 200 solados, 5 agustinos y varios criados).

El objetivo de la misión era traer especias y rescatar a posibles supervivientes del anterior viaje de Villalobos (1542-44).

A partir de enero de 1565, se fueron sucediendo los descubrimientos, como los de las islas de los Barbudos (Marshall), Placeres, Pájaros, Corrales y Jardines. Posteriormente arribaron a las islas de los Ladrones (Marianas) y anclaron en Guam. En febrero llegaron al archipiélago que Villalobos había bautizado como Filipinas, en honor del rey Felipe II.

Legazpi estableció relaciones amistosas con algunos reyes locales, pero en otros lugares encontró una fuerte resistencia, como reacción de los indígenas contra los abusos sufridos en el pasado a manos de exploradores portugueses.

Su incursión fue, seguramente, la menos sangrienta, porque evitó el enfrentamiento inútil, optando por la vía diplomática siempre que fuera posible. Durante siete años Legazpi consiguió rendir el archipiélago a su peculiar manera, convenciendo más que conquistando y sirviéndose de la hostilidad que los filipinos sentían hacia los portugueses.

Mientras Urdaneta regresó a México en 1565 para llevar noticias, descubriendo la ruta de navegación hacia el este por el norte del Pacífico. Esta proeza marina permitió que Felipe II enviase cuantiosos refuerzos desde Nueva España: tres galeones llenos de soldados, colonos y misioneros al mando de Juan de Isla que portaba el título de adelantado de las islas de los Ladrones para Legazpi.

Esta colonización y posterior evangelización permitió una pacificación entre centenares de tribus nativas enfrentadas a muerte entre ellas. 

Las órdenes religiosas protegieron a los nativos los cuales jamás pagaron tributos a la Monarquía española. En 1611 los dominicos fundaron en Manila la primera universidad cristiana de Asia, la Universidad de Santo Tomás.

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